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Una compra distinta

Cristina Larrañaga

Testimonio
Desde pequeños hemos observado a nuestras familias acudir a la iglesia, hacer obras de caridad, pertenecer a un movimiento y vivir el espíritu cristiano en comunidad. ¡Había llegado el momento de comenzar a tomar parte de todo esto! Hace unos años me integré en la parroquia Santísima Trinidad de Collado Villalba (Madrid) para recibir la confirmación, y después me quedé participando también del coro de misa de jóvenes, un coro que llama la atención por la cantidad de chicos y chicas que hay y ¡la calidad musical que posee! En mi parroquia conocí a mi novio, Miguel, y decidimos hacernos catequistas de confirmación para transmitir el Evangelio y compartir nuestras vidas con los adolescentes de nuestro pueblo. Ese año, el sacerdote que llevaba confirmación me encargó establecer el contacto con Cáritas, para que los grupos de catequesis de confirmación pudieran participar en las campañas que organizan y trabajar codo con codo junto a toda la parroquia para ayudar a los más necesitados. Miguel se incorporó rápidamente al proyecto. La primera campaña a la que Cáritas nos llamó a colaborar fue la operación kilo de Navidad. Ya estaban establecidos los comercios donde se situarían las mesas de recogida de alimentos, pero la participación total de los jóvenes de la parroquia nos permitió colocar nuestra “propia” mesa. Fue una sorpresa muy agradable y una experiencia para los chicos increíble. Todos nos sentimos útiles para la sociedad y fuimos recibidos amistosamente por las personas del comercio, que aparte de permitirnos situarnos en su supermercado también donaron alimentos para la campaña. La recaudación fue muy alentadora así como la implicación de los chavales, decididos a tomar parte en otras campañas y a contribuir con su presencia en Cáritas. Y su oportunidad no se hizo esperar, pues llegaron las campañas del Paro y de la Caridad, y también se prestaron a ayudar en todo lo que se les solicitara. Mi experiencia de colaboradora y catequista ha sido muy gratificante. Ver a los chicos colaborando con ilusión y alegría y ver lo que se le transmitía a la gente, me llena de orgullo y esperanza. Por ejemplo, Itchi, una chica a la que le encanta bailar, formaba grupos de baile en el aparcamiento y ensayaban un flashmob que luego se llevaba a cabo en la Plaza de España. Yo bromeaba con la gente que intentaba pasar desapercibida diciendo: «¡Te vi!» o «¡Me he quedado con tu cara!». También impactaba ver a los chicos no hacer discriminación alguna para pedir a cualquier persona que pasase por el supermercado: hasta el hombre que pedía en la puerta nos dio algunas de las monedillas que le habían dado aquel día. ¡Por supuesto no faltaron globos y caramelos para los niños y los no tan niños! La invocación al Espíritu que Cristina Chacón, una de nuestras coordinadoras, nos enseñó para que Dios guíe todas nuestras obras nos ha servido para localizar la semilla y dar frutos inesperados para mucha gente de aquí.


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