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Judería de Córdoba

Clara Arahuetes

Visitar Córdoba es siempre una oportunidad para adentrarnos en su historia a través de la belleza del patrimonio artístico.
Deambulando por sus calles, podemos imaginar cómo sería la ciudad en su época de mayor esplendor, durante la dominación árabe. En la capital del califato omeya vivían hispanomusulmanes, judíos y cristianos mozárabes: tres culturas que hablaban y escribían en árabe. En esta ocasión nos centraremos en el barrio de la judería. En su origen fue un asentamiento romano hasta la llegada de los visigodos en el siglo VII. Hoy es la zona de la ciudad que mejor conserva el urbanismo laberíntico de trazado árabe. De las vías más importantes arrancaban estrechas travesías que se perdían en callejones angostos y sin salida, los adarves, con puertas que se cerraban por la noche. A ellos se abrían las viviendas y sus muros con escasas ventanas no permitían intuir lo que escondía su interior. Al traspasar el umbral sorprendía el frescor de sus jardines y el esplendor de sus interiores, y aún hoy nos impresionan sus patios llenos de flores. Son calles alejadas del ruido de las vías comerciales, silenciosas y estrechas y, a veces, llegan a unirse por un arco en la parte superior. En ocasiones se abren a una pequeña plaza donde hay una fuente, que en época califal eran utilizadas como zocos comerciales y de intercambio cultural. Los nombres de las calles y plazas recuerdan a personajes de las tres culturas de distintas épocas, como los árabes Averroes, Almanzor o Albucasis, los cristianos Tomás Conde o Romero, y los judíos Maimónides, Judá Leví y Hasday ben Shaprut. Según algunos autores, los judíos vivieron aquí no sólo a partir de la Reconquista de Fernando III el Santo (1236), sino desde la época árabe y hasta 1492, antes de su expulsión por los Reyes Católicos. La judería estaba separada del resto de la medina por un recinto amurallado. La segregación se mantuvo hasta 1391, momento en el que muchos judíos tuvieron que convertirse a la fe cristiana y pasaron a vivir en otros barrios. En el siglo X el califa Abderramán III les favoreció gracias a Hasday ben Shaprut, su ministro judío, que era también jefe de las comunidades judías de al-Andalus. Éste impulsó la cultura hebrea en el califato cordobés. Bajo su mecenazgo se desarrollaron los estudios de gramática y lengua hebrea y, en especial, la poesía. También promovió los estudios rabínicos, por lo que surgieron academias que emulaban las famosas academias rabínicas de Babilonia. Como consecuencia, entre los siglos X al XII se produjo la edad de oro del judaísmo español, con representantes tan importantes como Maimónides, además de un grupo de poetas, literatos, filósofos, gramáticos, talmudistas y teólogos.

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