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Revista febrero - 2008
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Eso que llaman vocación
Ana Moreno MarÃn
Una historia que contar
El futuro para un joven siempre es una incógnita, una caja de sorpresas llena de ilusión e inquietud a la vez. Se trata de esa famosa pregunta sobre qué voy a hacer con mi vida, con la que muchos jóvenes se agobian. Otros, sin embargo, lo ven tan lejano que no se lo cuestionan. Alca, estudiante de Matemáticas y FÃsica, de 25 años, lo tiene claro. – ¿Qué has elegido para tu vida? –He decidido donarme totalmente, como focolarino. –Dicen que Dios llama cuando menos te lo esperas... ¿Te veÃas asà hace cuatro años? –¡Por supuesto que no! SentÃa inquietud. El corazón y la intuición siempre van por delante de lo que la mente es capaz de comprender. Pero tenÃa una mezcla de anhelos: formar una familia, tener una casa, un empleo prometedor y “triunfar†dentro de los cánones que te presenta la sociedad. –Supongo que ahora adquiere otro significado eso de “dar la vida por un Idealâ€, aunque imagino que la inquietud de dejarlo todo, familia, amigos..., no te la quita nadie. ¿Es parte sine qua non de la elección? –A medida que fui comprendiendo lo que Dios me pedÃa, me fui dando cuenta de que estaba más apegado de lo que creÃa a muchas personas y cosas, y todo ello supuso una prueba y varias noches de llantos. Un dÃa, leyendo el evangelio me encontré con la siguiente frase: «Nadie hablará de su descendencia, porque ha sido arrancado de la tierra» (Hch 8, 32-34), y por dura que pueda parecer, me atrajo muchÃsimo y sentà que me daba alas, que rompÃa mis limitaciones humanas y me hacÃa un hombre para los demás. Unos dÃas después pedà iniciar el camino para llegar a donarme completamente a Dios entrando en el focolar. –Un camino con momentos buenos y no tan buenos. En el mes de abril falleció tu padre en un accidente de tráfico. ¿Cómo se afronta la muerte de un ser tan querido? –Unos dÃas antes habÃa pasado el fin de semana en casa. Les habÃa comuncado a mis padres que estaba totalmente decidido a consagrarme, y como mi hermano es sacerdote, suponÃa que se quedaban sin la posibilidad de tener nietos. La mañana antes del accidente, mi madre sacó el tema de la descendencia, y mi padre dijo que se sentÃa el hombre más feliz del mundo, que no le preocupaba. De hecho, llevaba un tiempo muy ilusionado preparando la ordenación de mi hermano. Esta felicidad y esa “despreocupación†me hacen intuir que su esperanza estaba puesta en algo que no es de este mundo. Estaba preparado. Eso me da mucha paz, e incluso recurro a él en momentos en los que estoy alterado; aunque no evita el dolor por la pérdida, y más al unirme al dolor de mi madre. Pero es un dolor que te robustece, te edifica y siempre acaba en una sensación de calma. –Hace poco también murió tu abuelo. Es un contraste fuerte, como el amanecer y el ocaso. Siempre me impresiona cuando hablo con personas ancianas: cómo asimilan la muerte, el hecho de que la vida tiene su fin, quizás porque lo veo desde la juventud. ¿Qué ha significado para ti? –Tuve la oportunidad de ayudarle la noche y mañana anterior a su muerte, y me impresionó ver su cuerpo reducido a la mÃnima expresión. Pero tenÃa la certeza de que no habÃa perdido su dignidad; es más, me parecÃa que la docilidad ante los cuidados y la muerte lo hacÃan más digno y más humano que nunca, quizás porque amaba más en ese momento. Lo mejor de Alca es su sonrisa y ese brillo en los ojos que proclama la felicidad de la vida que ha elegido, aunque todavÃa le queda acabar la carrera doble que está haciendo. Eso me recuerda que muchos estaréis de exámenes o ya los habréis pasado. ¡Mucha suerte en los resultados!
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