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Humildad y perdón

Chiara Biagioni y J. Rubio

Del 7 al 10 de febrero, un simposio internacional abordó en Roma el drama de los abusos sexuales. Obispos y superiores de órdenes religiosas de todo el mundo «hacia la curación y la renovación».
Nunca antes en la historia de la Iglesia un asunto semejante había sido tema principal de una reunión episcopal, y menos que los periodistas tuvieran la posibilidad de seguir el evento mediante entrevistas y conferencias de prensa. Si bien las sesiones del simposio se desarrollaron obviamente a puerta cerrada, era innegable el interés de los medios de comunicación. Por eso mismo, ya el primer día, consciente de que lo escuchaban periodistas de todo el mundo, el cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, tuvo palabras contundentes en defensa del papa. Y es que en los años 2001 y 2002, cuando aún era cardenal, Joseph Ratzinger afrontó el escándalo de los abusos sexuales en Estados Unidos, y su actuación fue determinante al implantar «nuevas normas para el bien de la Iglesia». Aún así, el papa «ha tenido que sufrir ataques por parte de los medios durante los últimos años en distintas partes del mundo, cuando en realidad tendría que haber recibido agradecimiento desde dentro y fuera de la Iglesia», señaló el Card. Levada. La finalidad del simposio era proponer iniciativas concretas que apoyen el compromiso de los obispos en este frente. Al concluir se anunció la creación de un centro plurinstitucional de formación a distancia para la protección de los niños. Lo dirigirá Hubert Liebhardt, líder del grupo de investigación del Departamento de Niños y Adolescentes de Psiquiatría-Psicoterapia del Hospital Universitario de Ulm (Alemania), y promoverá la difusión de buenas prácticas para que las estructuras locales sigan procedimientos rigurosos que permitan intervenir con rapidez y eficacia en todos los casos de denuncias de abusos. A partir de ahora, la línea a seguir será priorizar a las víctimas y evitar a toda costa que semejantes abusos se vuelvan a producir. En este simposio, los obispos delegados de 110 conferencias episcopales y superiores de 30 órdenes religiosas han querido dar una respuesta global, coordinada y eficaz al drama de los abusos sexuales en la Iglesia. En su mensaje de apertura, Benedicto XVI decía entre otras cosas: «la curación de las víctimas debe ser la preocupación prioritaria» y debe «ir a la par de una profunda renovación de la Iglesia a todos los niveles». Los datos oficiales hablan de un «dramático aumento» del número de denuncias, que en parte se debe a la cobertura mediática que han tenido los escándalos en todo el mundo. Irlanda, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Holanda y Estados Unidos son algunos de los países donde la pederastia ha adquirido proporciones gigantescas en la opinión pública. A lo largo de la última década han sido presentados al Vaticano más de 4.000 casos. Según el Card. Levada, esos casos «han revelado, por una parte, lo inadecuada que es una respuesta exclusivamente canónica (de derecho canónico) a esta tragedia, y por otra, la necesidad de una respuesta más compleja».

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