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Modernos y creyentes: compatible

Imanol Aritz

Tras la JMJ, entrevistamos a Mons. Munilla, experto conocedor de la pastoral juvenil.
Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, forma parte de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar de la Conferencia Episcopal Española (CEE). A ella pertenece el Departamento de Juventud, del que es responsable junto con D. Francisco Cerro, obispo de Cáceres. Entrevistamos a Mons. Munilla en cuanto experto conocedor de la pastoral juvenil: –Sin duda la Jornada Mundial de la Juventud del pasado mes de agosto habrá marcado el trabajo de la pastoral juvenil antes y después, a corto y largo plazo. ¿Qué nos puede decir al respecto, como responsable de Pastoral Juvenil en la CEE? –Algunos han comparado la JMJ con la “meta volante†de las carreras ciclistas. La meta final la alcanzaremos si cuidamos el acompañamiento espiritual de todos los jóvenes que han participado en la JMJ para que puedan alcanzar la madurez y el grado de santidad que Dios espera de cada uno. Uno de los proyectos del Departamento de Juventud de la CEE es el de acometer en lo que resta de curso la organización de un Congreso Nacional de Pastoral Juvenil. Tras la JMJ ha llegado el momento de evaluar lo vivido, recoger los frutos, y reflexionar sobre los caminos y las prioridades para el futuro. –Su diócesis acogió a más de 5.600 peregrinos. ¿De dónde procedían? ¿Cree que se integraron con los jóvenes guipuzcoanos? –Sus lugares de procedencia eran muy variados: Europa Occidental, Norteamérica, los Balcanes, Sudamérica (tuvimos un grupo de 1.400 chilenos), africanos, asiáticos… Unos 500 de ellos (los de los países más pobres) se alojaron en familias. Nos hubiese gustado poder hacer lo mismo con todos los peregrinos, pero como esto no era posible, quisimos reservar este tipo de alojamiento para los más pobres. Los demás estuvieron en polideportivos, colegios y parroquias; y aunque estos últimos no tuvieron tanta facilidad de contactar y convivir con los jóvenes guipuzcoanos, lo cierto es que no dejaron indiferente a nadie. La presencia de estos jóvenes en nuestra diócesis ha removido muchas conciencias, y ha cuestionado los diversos estereotipos de la juventud moderna que tienden a proponerse equivocadamente como universales. –En un artículo que usted publicó tras la JMJ, afirma que la participación de jóvenes españoles se debe, en gran medida, a «la gran animación que los peregrinos venidos de todas las partes del mundo, y de camino hacia Madrid, realizaron entre los españoles». ¿Significa que nuestros jóvenes están dormidos? –Significa, en primer lugar, que nuestros jóvenes católicos necesitaban de la JMJ como los campos suelen necesitar de la lluvia de mayo. Una de las grandes aportaciones de la JMJ ha sido la ayuda a los jóvenes de países secularizados para poder manifestar su condición creyente, venciendo multitud de complejos. La JMJ es una visualización muy práctica de la compatibilidad de la condición de joven moderno y joven creyente. Fue muy significativo el artículo escrito por Vargas Llosa en el diario El País con motivo de la JMJ de Madrid («La fiesta y la cruzada» 28-8-11). La tesis fundamental de Vargas Llosa era dejar patente la falsedad de la suposición de que el avance cultural tenga que pasar por que las nuevas generaciones sientan la religiosidad como algo superado. –¿Qué características destacaría de la juventud guipuzcoana? Sin duda, en su época de párroco se entendió con ella y será algo que crece con los años. –Lo primero que destacaría de la juventud guipuzcoana es que, en contra de lo que muchos puedan suponer por los resultados electorales, no es tan distinta de la juventud de otros lugares. Es cierto que cuando la política es vivida de forma visceral y cuasi “mesiánicaâ€, fácilmente llega a ocurrir que la religiosidad deriva en una falsa idolatría… Pero si nos quedásemos en esta primera lectura, pienso que nos faltaría por entender lo principal. Tarde o temprano, todas las idolatrías terminan por decepcionar el corazón de los jóvenes. Por ello es tan importante acompañar a una juventud que está sedienta de autenticidad y de plenitud (en definitiva, de AMOR), incluso aunque pueda caminar en algunos momentos por caminos equivocados –Una pregunta propia de nuestra revista, que es expresión de un nuevo carisma, tal y como reconoce la Iglesia. Como obispo, ¿qué puede decir de la aportación de los nuevos carismas a su vida personal? –Creo que la gran mayoría de los obispos percibimos los nuevos movimientos como la “caballería ligera†al servicio de Cristo, dado que se han caracterizado por su agilidad y rapidez a la hora de responder al requerimiento de sus pastores, y muy especialmente del Papa. De forma similar a como la Compañía de Jesús llevó el peso principal de la Contrarreforma, gracias, en buena medida, al cuarto voto de «obediencia directa al Papa», así también los nuevos carismas se han caracterizado por su especial sintonía con las directrices del sucesor de Pedro, en medio de la crisis postconciliar. Pienso que los nuevos movimientos nos han dado también otro gran testimonio a lo largo de los últimos años. Me refiero a la capacidad de superar los particularismos y unirse en lo fundamental. Creo que se ha avanzado mucho en este terreno, especialmente en la medida en que el reto de la secularización lo ha requerido. D. José Ignacio Munilla Aguirre nació en San Sebastián en 1961. Hizo sus estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Toledo y luego en el de San Sebastián. Ordenado sacerdote en 1986, fue nombrado obispo de Palencia en 2006, y en 2009 de San Sebastián. En la conferencia episcopal es responsable, junto con el obispo de Cáceres, del Departamento de Pastoral Juvenil. Una de sus cartas pastorales está dirigida precisamente a los jóvenes y lleva el original título de «Manda el porro a la porra».



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