Lleva a la página principal de Ciudad Nueva
E-Mail | Inicio | Revista | Pedido | Distribución | Catálogo | Novedades
Lleva a la página principal de Ciudad Nueva


 

Canales
temáticos



Arte

Ciencia

Cultura

Ecología

Economía

Espiritualidad de la Unidad

Ética

Familia

Focolares

Iglesia

Índices

Niños

Palabra de Vida

Política

Salud

Testimonio
 

[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Abril, 2005]

El amor es la vida

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10)

Jesús hablaba a menudo por medio de imágenes y parábolas, un modo sencillo y eficaz de enseñar las verdades más profundas de las que era portador. El símil del pastor con su rebaño, donde está incluida esta Palabra de vida, recuerda a sus oyentes escenas familiares de la vida diaria. Jesús rememora los ladrones y maleantes que, como lobos feroces, hacen estragos en el rebaño. En cambio, Él se compara con un pastor bueno al que le interesan sus ovejas, las guía y las defiende, hasta el extremo de hacer frente a la muerte si fuera necesario.

Y en Jesús, más allá de la parábola, esto es realidad. Él verdaderamente murió en la cruz “para que nosotros tuviésemos la vida”[1].:

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»

Vino porque el Padre lo envió a traernos su vida divina. De hecho, Dios amó tanto al mundo que le dio a su Hijo para que el que crea en Él no muera, sino que tenga la vida eterna[2].

La vida que Jesús vino a traernos no es la simple vida terrenal que recibimos de nuestros padres. La vida que Él nos da es “vida eterna”, es decir, participación en su vida de Hijo de Dios, acceso a la comunión íntima con Dios. Es la misma vida de Dios, y Jesús puede comunicárnosla porque Él mismo es la Vida. Él dijo: “Yo soy la Vida”[3], y “de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.”[4].

Y sabemos que la vida de Dios es el amor.

Jesús, Hijo de Dios, que es Amor, al venir a esta tierra vivió por amor y nos trajo el mismo amor que arde en Él. Nos da la misma llama de ese infinito incendio y quiere que estemos “vivos” de su vida.

«... y la tengan en abundancia»

Ya que Jesús no sólo posee la vida sino que “es” la Vida, la puede dar en abundancia, así como nos da la plenitud de la alegría[5].

El don de Dios es siempre inconmensurable, infinito y generoso como lo es Dios. De este modo Él colma las aspiraciones más profundas del corazón humano, colma su hambre de una vida plena y sin fin. Sólo Él puede saciar el anhelo de lo infinito. De hecho, su vida es “vida eterna”, un don no solamente para el futuro sino para el presente. La vida de Dios en nosotros empieza ya desde ahora y no muere nunca.

¿Cómo no pensar en esos cristianos realizados que son los santos? Se nos presentan tan llenos de vida que se desborda alrededor de ellos.

¿De dónde venía el abrazo universal de Francisco de Asís, capaz de acoger a los pobres, de ir al encuentro del Sultán, de reconocer hermanos y hermanas en cada criatura? ¿De dónde el amor práctico de Madre Teresa de Calcuta, que se hizo madre de cada niño abandonado y hermana de toda persona sola? Ellos poseían una vida extraordinaria, la que Jesús les había dado.

«Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»

¿Cómo vivir esta Palabra?

Acojamos la Vida que Jesús nos da y que vive ya en nosotros por el bautismo que hemos recibido y por nuestra fe, Vida que siempre puede crecer en la medida en que amemos. El amor hace vivir. El que ama, escribe S. Juan, permanece en Dios[6], participa de su misma vida. Sí, porque si el amor es la vida y el ser de Dios, el amor es también la vida y el ser del hombre. Y del mismo modo también es verdad que todas las veces que no amamos, no vivimos.

Un testimonio elocuente de esto es la partida para el cielo de Renata Borlone, una focolarina cuyo proceso de beatificación se ha abierto en estos meses. Habiendo aceptado con todo el corazón, como voluntad de Dios, la noticia de su inminente muerte, decía que quería dar testimonio de que “la muerte es vida”, es resurrección, y se propuso demostrarlo hasta el final con la ayuda de Dios. Y lo consiguió, transformando así un acontecimiento de luto en un tiempo de Pascua.

[1] 1 Jn 4, 9.
[2] Cf Jn 3, 16.
[3] Cf Jn 14, 6.
[4] Jn 1, 16.
[5] Cf Jn 17, 13.
[6] 1 Jn 4, 16.

Chiara Lubich

Puntos relevantes

• Jesús es el buen pastor que da la vida por sus ovejas hasta el extremo de afrontar la muerte por ellas.
• Enviado por el Padre, Jesús nos trae la vida misma de Dios: la vida eterna.
• La vida de Dios es el amor. Este amor es el que nos hace vivir, es el mismo amor que arde en Jesús y que Él nos quiere transmitir.

Lecturas aconsejadas

-Libros de Chiara Lubich:
La doctrina espiritual: Dios es poderoso, es el Omnipotente, p. 104 (Escritos Espirituales/1, p. 54). Nadie ha valorado tanto al hombre, p. 104 (EE/2, p. 125). Si en una ciudad se prendiese fuego, p. 153 (EE/1, p. 70).

Juntos en camino: Escuchar la voz del Espíritu, p. 123. Experiencia de Dios, p. 130. Seguir a Jesús, p. 155.

La vida, un viaje: Aprovechar la ocasión, p. 81.

Lo esencial de hoy. Escritos Espirituales/2: Por mí, p. 9. Estar vivos y creernos medio muertos, p. 42. Él es el camino, p. 85 (cf. El tiempo queda, p.25-26).

-Otros libros:
Marisa Cerini, Dios Amor en la experiencia y en el pensamiento de Chiara Lubich: «El Redentor», p. 83.

Gérard Rossé, Cuadernos Abbá/1: «La espiritualidad de comunión y el testamento de Jesús», en particular «Revelación acerca de Dios» p. 81.