Revista Ciudad Nueva · Nº 501, Octubre de 2012

¿Podemos cambiar la realidad?

Vivimos momentos difíciles. Las noticias no dejan de hablar de crisis, paro, recortes, dificultades económicas…

Vicente Villatoro 01/10/2012

Vivimos momentos difíciles. Las noticias no dejan de hablar de crisis, paro, recortes, dificultades económicas… y a menudo nos preocupa el futuro cuanto menos incierto. Millones de personas ya sufren las consecuencias de la situación actual. Muchas no llegan a fin de mes; otras se sienten angustiadas y sobrepasadas por lo que pueda sobrevenir. Algunos padecen enfermedades graves con un futuro también incierto; otros hemos pasado por situaciones dolorosas, como puede ser la muerte de un familiar querido.

El hecho es que, independientemente de la causa, estas situaciones generan malestar y angustia, nos quitan el sueño, hacen que no disfrutemos o incluso nos entristezcamos ante las situaciones actuales o venideras, lo que nos provoca en ocasiones malestar físico e incapacidad para valorar el presente. Ante esto nos planteamos si la Medicina puede dar alguna respuesta. No me estoy refiriendo a las situaciones límite, puesto que es imposible pretender que una persona se encuentre bien cuando acaba de vivir un hecho catastrófico. Nos referimos a ese cúmulo de situaciones que se dan con mucha frecuencia y que hacen que la realidad sea “difícil”.

Antes de continuar, permítanme dejar claro que la realidad es la que es. Ésta se manifiesta por unos datos objetivos de que todos disponemos. Pero todos hemos experimentado también que ante los mismos datos cada uno ve una realidad distinta. Vemos lo que queremos ver. Esto depende de los propios pensamientos, de las impresiones mentales, del uso del lenguaje, de las actitudes, de la propia interpretación, en el fondo, de nuestra forma de pensar. Por tanto, influir en la realidad a veces no está en nuestras manos, pero la interpretación de la misma depende de cada sujeto. Cambiar la percepción de la realidad está en manos de cada persona. ¿Cómo se puede hacer?

Pienso que, sin duda, creer en Dios-Amor ayuda mucho. A mi modo de ver, eso se traduce en distintas técnicas concretas que hemos de aplicar. Comentemos algunas.

Ayuda el reframing, es decir, cambiar de marco o dar otro enfoque a los acontecimientos. Se trata de tomar esa experiencia e interpretarla de una forma nueva, desde el Amor. Esto nos va a ayudar a ver los acontecimientos como aprendizajes y experiencias que nos pueden servir para avanzar. Pensar así nos ayuda a pensar en positivo, lo que a su vez nos hará potenciar nuestras posibilidades de sentirnos bien y de superar en las mejores condiciones las situaciones de adversidad.

Creo que también ayuda a salir del círculo vicioso de pesimismo vigente. Esto se hace convenciéndonos de que podemos lograrlo, y para ello hemos de efectuar cambios en nuestra forma de pensar e interpretar la realidad. Y sólo se consigue intentándolo, empezando por realizar cambios pequeños, que estén a nuestro alcance.

Son de gran ayuda las autoinstrucciones. Éstas son un diálogo que mantenemos con nosotros mismos para guiar lo que queremos hacer, decir o pensar: «puedo manejar la situación», «lo estoy haciendo bien», «cada vez lo hago mejor», etc. También nos ayuda la visualización en positivo, es decir, cerrar los ojos e imaginar que pese a todo, hemos llegado a nuestra meta y hemos resuelto nuestros problemas.

Otro elemento de gran ayuda es pasar de la queja, que sólo nos lleva a la desolación, a pedir ayuda a los demás. Los demás nos van a dar otros puntos de vista sobre la realidad y los confrontaremos con nuestra interpretación. Recordemos que «nadie puede ver su propia espalda». Entre esas personas a quienes pedir ayuda están amigos, familiares o incluso el profesional sanitario. Sin duda, vivir bien el momento presente ayuda, pues nos centra en lo único importante en ese instante.

Para finalizar, no olvidemos que nos creemos lo que pensamos, obedecemos las órdenes que nos damos y alcanzamos los objetivos que nos proponemos cuando nuestros pensamientos actúan desde la coherencia y la racionalidad.


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