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Reconocidas las virtudes heroicas de Clara Badano

10/07/2008

El heroísmo es posible a los 18 años. Lo ha reconocido el Papa aprobando un decreto de la Congregación para la Causa de los Santos, en el cual se afirma que Clara Badano practicó las virtudes cristianas en grado heroico. De acuerdo con el procedimiento típico de los procesos de beatificación, la joven de 18 años se declara “venerable”. Es la etapa inmediatamente anterior a la beatificación, en el caso de que se reconozca la autenticidad de un milagro.
“Chiara Luce” concluyó su ‘viaje terreno’ el 7 de octubre de 1990, después de dos años de una larga enfermedad, un tumor óseo, que le fue quitando progresivamente las fuerzas, mas no la alegría de vivir. Una alegría conquistada con heroísmo.
“La heroicidad se logra cuando el comportamiento virtuoso se prolonga en el tiempo y se vuelve especialmente difícil, tanto que supera el modo normal de actuar, manifestando así, la constante determinación de moldearse en todo a la Voluntad de Dios.” De este modo lo explica Mons. Livio Maritano, obispo emérito de Acqui, quien encaminó en 1999 la investigación diocesana para el proceso de beatificación.
Lo que la sostuvo en los momentos más duros de la prueba fue el Evangelio, y el encuentro con un Dios cercano, sufriente también Él, descubierto en la figura de Jesús que sobre la cruz llega a gritar el abandono del Padre. Una fe viva, joven, que se nutría a manos llenas del encuentro, a la edad de 11 años, con Chiara Lubich y la espiritualidad de la unidad.
Chiara Lubich le escribía: “No tengas miedo, Clara, de decirle a Él tu sí, momento por momento. Él te dará la fuerza, ¡tenlo por seguro! Yo también rezo por esto y estoy siempre allí contigo. Dios te ama inmensamente y quiere penetrar en lo íntimo de tu alma y hacerte experimentar gotas de cielo. “Chiara Luce” es el nombre que he pensado para ti; ¿te gusta? Es la luz del Ideal que vence al mundo. Te lo mando con todo mi afecto…”
Durante un momento de sufrimiento físico particular, le confiesa a su madre que en su corazón está cantando: “Aquí estoy, Jesús, hoy también delante de Ti…”
Para ella está claro que dentro de poco podrá encontrarse con Él y se prepara.
Una mañana, después de una difícil madrugada, le viene espontáneo repetir a intervalos breves: “Ven, Señor, Jesús”. Son las 11 cuando inesperadamente viene a visitarla un sacerdote amigo. Chiara Luce está contentísima: desde que se había despertado deseaba, de hecho, recibir a Jesús Eucaristía. Se vuelve su viático.
Chiara Luce parte para el Cielo el 7 de octubre de 1990. Había pensado en todo: los cantos para su funeral, las flores, el peinado, el vestido, que había deseado de color blanco, de novia… Con una recomendación: “Mamá, mientras me preparas deberás repetir siempre: ahora Chiara Luce ve a Jesús…. Sed felices, porque yo lo soy”. El papá le había preguntado si estaba dispuesta a donar las córneas: había respondido con una sonrisa muy luminosa. Enseguida después de la partida de Chiara Luce para el Cielo llega un telegrama de Chiara Lubich para sus padres: “Agradecemos a Dios por esta luminosa obra maestra suya”. Su fama se difunde: Chiara Luce llega a ser muy pronto punto de referencia de muchos jóvenes, que encuentran en los acontecimientos de su existencia el sentido de la vida, un ideal que no tiene ocaso. Muchos, cada 7 de octubre, aniversario de su muerte, se reúnen en el cementerio de su pueblo,Sassello, para recordarla.

“La proclamación de la venerabilidad de Clara Badano – declara Mons. Maritano – nos estimula a imitar su ejemplo que nos presenta un modo concreto de vivir el Evangelio: ulterior confirmación de que el cristianismo, verdaderamente, hoy como ayer, puede ponerse en práctica, también por parte de los jóvenes, en las situaciones ordinarias de la vida”. “Es bueno dar a conocer su testimonio – continua – por la ayuda que su ejemplo puede ofrecer a personas de toda edad y condición”.

Su biografía esta recogida en el libro Realizarse a los 18 – Vida y huella de Clara Badano de la Colección “Testimonios” de Editorial Ciudad Nueva. (ampliar)

El Patriarca Bartolomé I espera que se complete pronto el camino de la unidad

02/07/2008

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 30 de junio de 2008 (ZENIT.org) El Patriarca Ecuménico de Costantinopla Bartolomé I, expresó su “verdadero deseo” de se superen cuanto antes los obstáculos para alcanzar la unidad de la Iglesia, durante la homilía pronunciada en la Misa presidida por el Papa en la Basílica de San Pedro, ayer por la mañana, con ocasión de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo. “El Diálogo teológico entre nuestras Iglesias, 'en fe, verdad y amor', gracias a la ayuda divina, sigue adelante, más allá de las notables dificultades que subsisten y a las importantes problemáticas”, afirmó el Patriarca. “Deseamos verdaderamente y rezamos mucho por esto; que estas dificultades sean superadas y que los problemas se desvanezcan, lo más rápidamente posible, para alcanzar el objeto de deseo final, para gloria de Dios”. El Patriarca, que pronunció la homilía junto con el Papa Benedicto XVI, puso de manifiesto la importancia que la Solemnidad de San Pedro y San Pablo tiene también para la Iglesia de Oriente, que la celebra con un ayuno los días precedentes. A ambos santos, “el Oriente los honra habitualmente también a través de un icono común, en la que o tienen en sus santas manos un pequeño velero , que simboliza la Iglesia, o se abrazan el uno al otro y se intercambian el beso en Cristo”. Este gesto de comunión, el beso santo de la paz, es el que “precisamente hemos ve nido a intercambiar con Vos, Santidad, subrayando el ardiente deseo en Cristo y el amor, cosas estas que nos tocan vivir de cerca unos de otros”, añadió. Como gesto de comunión, aludió también al Año Paulino convocado por la Iglesia Ortodoxa, la cual ha organizado una peregrinación por los lugares de Oriente vinculados al ministerio de san Pablo. “Estad seguro, Santidad, de que en este sagrado trayecto estáis presente también Vos, caminando con nosotros en espíritu, y que en cada lugar elevaremos una ardiente oración por Vos y por nuestros hermanos de la venerable Iglesia Romano-Católica, dirigiendo una fuerte súplica e intercesión del divino Pablo al Señor por Vos”. El Patriarca concluyó con una oración para que, por intercesión de los Apóstoles Pedro y Pablo, Dios “nos conceda a nosotros y a todos los h ijos de todas partes del mundo de la Iglesia Ortodoxa y Romano-Católica, aquí abajo la 'unión de la fe y la comunión del Espíritu Santo' en el 'vínculo de la paz' y allá arriba, en cambio, la vida eterna y la gran misericordia. (ampliar)

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