Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio y poder registrar el proceso de compra. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las 'cookies', puedes ver nuestra política de cookies, aquí
Política de cookies +
logorevista

Usuario
Contraseña   
Recordar contraseña
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                 

Conozca
nuestros
libros
libro

Mirador
Julio - 2011


EN ESTE NÚMERO


Suscríbase si quiere tener acceso a la descarga de los pdf de todos los artículos.
Regístrese para poder descargarse dos artículos del número actual y tres de números anteriores al mes.

Dispuesto a morir

Mari Carmen Murcia y José Manuel Vidal


Al cabo de varias semanas encerrado en casa, se decidió a salir en busca de algo que comer. Víctor Kpan hace un relato de la recientemente acabada guerra civil en Costa de Marfil.

En el número de octubre de 2009 publicamos el testimonio de Víctor Kpan. Este profesor universitario de Costa de Marfil regresaba a su país tras vivir unos años en Madrid, donde obtuvo un doctorado en Historia. Un año después estalló una guerra civil en ese país de la que aquí hemos sabido poco. Le entrevistamos en estas páginas. –¿Puede decirse que ha terminado el conflicto? –Las armas se han callado, pero lo que hemos vivido ha sido horroroso. En el mes de noviembre fuimos a votar con la ilusión de poner fin a la corrupción, la impunidad y la miseria en nuestro país. Esa ilusión se convirtió en una pesadilla que ha durado seis meses. –¿Podrías ponernos en antecedentes? –Tras perder las elecciones, el presidente saliente, Laurent Gbagbo, decidió aferrarse al poder con el apoyo de algunos generales del ejército y de la policía. Convencido de que su lucha contra Francia y contra el imperialismo nos permitiría conseguir la plena independencia política y económica, no quiso escuchar las voces que lo interpelaban a dejar el poder. Hay que decir que antes se había difundido la creencia, alimentada por una secta evangélica, de que él había sido elegido por Dios para encabezar una revolución contra Occidente. Esa revolución partiría de Costa de Marfil para luego extenderse por todo el continente africano. El que no compartiera esa tesis era enemigo del bienestar del pueblo marfileño. Esta idea estaba difundida en todo el país, sobre todo entre los jóvenes parados. Grupos de jóvenes que se hacen llamar “patriotas” difundían tal ideología en los “parlamentos” (especie de tertulias que se llevaban a cabo en una plaza pública). En esos “parlamentos” intervenían profesores para explicar cómo Francia ha explotado a nuestros antepasados y sigue robando hoy en día nuestra riqueza. Para proteger a este “profeta” marfileño, sus partidarios formaron milicias en todo el territorio a las que se les distribuyeron armas en las que el gobierno de Gbagbo gastó billones de francos CFA. Universidades, colegios, hospitales y pueblos se convirtieron en depósitos de armas. Se institucionalizó la violencia en las universidades, en los colegios, en los medios de comunicación. A diario iban “patriotas” a la televisión a insultar a los dirigentes occidentales que se atrevían a hablar mal de nuestro presidente, en especial a Sarkozy y Obama. Los alumnos “patriotas” pegaban a los profesores que criticaban la política del presidente. Todos los marfileños debían pensar como ellos, porque el presidente era el más listo, y los demás, unos tontos y cobardes al servicio de Occidente. –Y en ese contexto se llevaron a cabo las elecciones en noviembre pasado… –Sí. El resultado lo conocemos todos: Gbagbo perdió, pero se negó a dejar el poder. Tras un mes de crisis poselectoral, el Banco Central cerró y con él todos los bancos comerciales. No había forma de sacar dinero o de recibir dinero desde fuera. Todos los grifos estaban cerrados. Los marfileños se encontraron sin un duro. Muchas empresas echaron a la calle a miles de personas. Las Fuerzas Armadas favorables al presidente electo empezaron a avanzar hacia el sur, hacia Abiyán, donde Gbagbo había concentrado a sus tropas: soldados regulares, milicianos y mercenarios liberianos. –De modo que se produjo un auténtico enfrentamiento. –La batalla de Abiyán fue muy violenta. Hubo miles de muertos. Los cuerpos en descomposición olían en las calles, pues ninguna empresa funeraria podía salir a recoger los cadáveres. Tras una semana de guerra, la gente salía de noche a quemar los cuerpos. Muchos murieron por ajustes de cuentas. –Los medios de comunicación extranjeros no informaban de todo esto. –Todos los corresponsales presentes en Abiyán en este período concentraron su información sobre los combates que se verificaban en el palacio presidencial o en la residencia del presidente, olvidándose de las masacres en los barrios, sobre todo en Yopougon. Este barrio tiene la particularidad de ser uno de los más poblados de Abiyán con más de un millón de habitantes y también el que más mayoritariamente votó por el presidente saliente. El enfrentamiento entre los milicianos pro-Gbagbo y las Fuerzas Nuevas pro-Alassane fue duro. Como si de un campeonato de fútbol se tratara, según los propios milicianos, la final se jugó en Yopougon, donde hubo miles de muertos inútiles. Los dos bandos buscaban a sus victimas por las casas tanto de día como de noche. A las personas detenidas se les aplicaba la «ley 125», que consiste en quemar vivos a los enemigos, así las organizaciones internacionales que defienden los derechos humanos no tendrían pruebas para procesarlos. La llamaban «ley 125» porque 100 francos CFA de gasolina más otros 25 para un mechero son suficientes para quemar a una persona. –Y entonces empezó el éxodo de la ciudad y el saqueo de las casas cerradas. –Primero, los milicianos saquearon las tiendas y vendieron el contenido en el mercado negro. En los barrios era imposible encontrar pan, aceite o arroz. Para poder comprar algo había que ir a Yopougon con el riesgo de ser capturado y quemado vivo. Los que pudieron salir de la ciudad, a su regreso han encontrado su domicilio saqueado o incendiado. Yo decidí quedarme con mi familia, porque ya me ocurrió eso en 2002, cuando estaba en España. Me vaciaron la casa y se llevaron mis pertenencias, que me habían costado diecisiete años de trabajo. Esta vez decidí defender lo poco que tenía. Además soy un recién llegado en el barrio y no estoy metido en la política. Mi coche ha servido a veces de furgoneta a los vecinos para llevar cargas a la estación de autobuses, otras veces de ambulancia para llevar enfermos de noche al hospital. Por eso pensaba que nada me ocurriría y así ha sido. Aunque ahora son los atracos los que nos quitan el sueño. –Habrás pasado mucho miedo… –Lo que más me ha marcado durante esta guerra fue el día en que mi hija de 6 años me dijo: «Papa, tengo hambre», mientras fuera se oían disparos. Llevábamos dos semanas encerrados en casa y ya no teníamos nada que comer. Tomábamos un vaso de chocolate caliente y nada más. Una semana antes habían saqueado todas las tiendas. El dinero ya no servía para nada, porque no se podía comprar nada. Y mi hija seguía pidiendo de comer. Decidí salir a buscar comida. Fue el 9 de abril. Salí decidido a morir, porque ya no soportaba oír llorar a mi hija. Salí a la calle y levanté los brazos. Las calles estaban desiertas. El mismo ruido de mis pasos me daba miedo. Después de casi cuatro horas llegué al kilómetro 17 de la carretera de Dabou y allí compré pan, huevos y aceite. Fue todo lo que pude comprar, porque mi dinero no alcanzaba para más. Hacia las tres de la tarde estaba de regreso en casa con mi “cargamento”. Fue una alegría general en la casa. –Ciertamente fue una aventura… –Una aventura, sí, que ha establecido una nueva relación entre mi hija y yo. Creo que ahora se siente más segura a mi lado y, no sé por qué, yo la quiero más que antes y me siento más responsable de ella y de mi hijo mayor. –Decías en un mensaje que nos escribiste en esos días que dabas las gracias por las oraciones… –Doy gracias a Dios y a Chiara Lubich, que me han protegido, especialmente aquel 9 de abril. Y doy gracias también a todos los que me han llamado o enviado un correo electrónico para decirme que estaban con nosotros en la dificultad. Estas llamadas nos han animado a seguir adelante, a tener esperanza y a seguir creyendo en un mundo de paz y fraternidad. Gracias también a los que han mantenido informada a mi esposa, que está en Madrid y a veces no podía comunicarse conmigo. Tengo que decirles que son unos campeones del amor, porque han logrado franquear las barreras que levantó la guerra. Además me mandaron 860 euros, que aquí es mucho dinero. –¿Qué haces con esa ayuda que te llega? –Bueno, no me llega sólo a mí. Junto a la gente de los Focolares tratamos de ayudar a los más necesitados. Con ese dinero compramos sacos de arroz, que compartimos con ellos. Sabemos que la única fuerza capaz de cambiar a la gente es el Amor. –¿Te llegan noticias de España? –He sabido lo de lo jóvenes que habían acampado en la Puerta del Sol para exigir una vida mejor, sin políticos y banqueros egoístas. También sé que el paro crece. Y a pesar de esa situación de incertidumbre por el futuro, pensáis en nosotros; por eso doy las gracias. Lo que ha ocurrido aquí ha sido un accidente en nuestra historia y sé que somos capaces de levantarnos y seguir adelante. Sólo queremos que esta caída sea lo menos traumática posible. El conflicto armado finalizó a mediados de abril. Según el jefe de la División de Derechos Humanos de UNOCI, Guillaume N’gefa, que a finales de mayo presentó un informe elaborado por un equipo de expertos que investigó sobre el terreno, la mitad de las víctimas se produjeron en la zona de Duekoué. El informe señala como responsables de los enfrentamientos a las facciones del ejército leales a Gbagbo, a los seguidores de Ouattara, y a grupos de autodefensa. Por otra parte, las agencias humanitarias estiman que todavía hay 200.000 desplazados en el país. La asociación «Levántate y Anda» es uno de los cauces de la ayuda que recibe Víctor Kpan. Gracias a los fondos que esta asociación está recaudando se han puesto en marcha varios proyectos: un locutorio que da trabajo a once jóvenes, una cooperativa de mujeres, un dispensario médico en plena selva, y 40 becas escolares anuales. Actualmente está en proyecto la construcción de una escuela y acciones puntuales como las ocasionadas por la guerra. Con estos proyectos se pretende ayudar a las personas material y moralmente y transmitirles esperanza en el futuro. Registrada en la Consejería de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid, «Levántate y Anda» tiene su sede en Coslada (Madrid), c/ Uruguay, 21 - 1º C. Tels.: 652 348 189 (Lucia) y 676 801 045 (Jesús). E-mail: alevantateyanda@yahoo.es Más información: www.asociacionlevantateyanda.org Aportaciones económicas a: «Levántate y Anda», BANCA CIVICA, Nº c/c 2054-0329-06-9157202486.


Deja aquí tu comentario


Introduce los caracteres que ves en la imagen

Numeros aleatorios Recargar imagen





BUSCADOR
¡¡La búsqueda no ha producido resultados!!
Modos de acceso

De forma gratuita


Acceso a cinco artículos cada mes: dos de la revista del mes en curso y tres de revistas anterior, a su elección
logoIntroduzca los datos para el registro












Suscripción


Recepción de la revista en papel en su domicilio y acceso online a todos los artículos de las revistas

Solicitud de suscripción a la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados.



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población




Teléfono de contacto


E-mail



Contraseña



Repita Contraseña



Suscripción anual:
España: 47 €
Otros países: 57 €

Otras suscripciones anuales:
Colaborador: 60 €
España, 5 revistas: 180 €


Forma de pago
Domiciliación bancaria
Giro Postal
Transferencia
Paypal
Pago con tarjeta


Comentario



Acepto los siguientes términos y condiciones: En cumplimiento de lo establecido en el art. 5 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, procedemos a informarle de que sus datos serán incorporados a un fichero informatizado de datos personales con fines comerciales y promocionales, incluida la publicidad por medios electrónicos que puedan ser de su interés, cuyo responsable es Editorial Ciudad Nueva con domicilio en José Picón, 28 - 28028 Madrid y tiene derecho de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos que sobre usted figuren en el mismo.


Su solicitud de suscripción ha sido enviada.
Nos pondremos en contacto con usted
Muchas gracias

Enviaremos tres ejemplares a su dirección para que conozca la revista

Conozca la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados para que podamos enviarle tres ejemplares de la revista a su dirección .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario




Recomiende la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulariocon los datos de la persona a la que quiere que le enviemos tres ejemplares de la revista para que la conozca .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario








Editorial Ciudad Nueva
C/ José Picón, 28
28028 Madrid (España)
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2015 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
facebook