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Enero - 2008


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Energía a tu medida

Alberto Ferrucci


Con visión de futuro ¿De dónde sacar nuevas fuentes de energía? La provocadora propuesta de Jeremy Rifkin.

El planeta se está calentando de verdad. Una prueba irrefutable de ello, entre otras, es que el famoso paso que hay al noroeste de Canadá y que permite ahorrarse unas seis mil millas en el tráfico marítimo que conecta Tokio con Nueva York, hasta hace poco era practicable sólo en algunas épocas del año, y con la ayuda de rompehielos, pero ahora ya es navegable. Éste es el motivo por el que los ecologistas canadienses están empezando a preocuparse, pues piensan que si una parte considerable del tráfico mercantil, que hasta ahora venía usando el Canal de Panamá, se orienta hacia esa zona, los efectos nocivos sobre el entorno del Ártico, hasta ahora inmaculado, se empezarán a notar muy pronto. Por otra parte, los últimos congresos científicos han revelado que, mientras que hasta hace pocos años el calentamiento del planeta se debía en un sesenta por ciento a la actividad humana, actualmente su incidencia ha alcanzado el noventa por ciento; o lo que es lo mismo: sólo el diez por ciento del calentamiento parece que está causado por otros motivos no humanos, como pueden ser una mayor actividad solar u otras causas naturales. Para hacer aún más preocupante la situación, el premio Nobel Paul Crutzen, del Instituto Maz Plank de Alemania, asegura que son demasiado optimistas las previsiones sobre el aumento de las temperaturas que da el Informe 2007 del IPCC (Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático), recientemente premiado con el Nobel de la paz. Según la opinión de Crutzen, en dicho informe no se ha tenido en cuenta el hecho de que el ritmo del calentamiento puede acelerarse aún más debido a los efectos que el calentamiento mismo produce. Y es que, además de que los hielos de los polos y los glaciares se estén derritiendo, también estamos asistiendo al descongelamiento de las grandes extensiones de terreno siberiano, que hasta ahora estaban heladas (el permafrost). ¿Cuáles son las consecuencias? Una vez que se descongele el permafrost, se despertarán los microorganismos anaeróbicos que se encuentran aletargados dentro de él desde hace millones de años, reanudarán su actividad de descomposición de los vegetales y animales sepultados allí, y entonces se emitirían a la atmósfera grandes cantidades de gas metano, que se genera en el proceso de descomposición. Y desgraciadamente, en cuanto gas de efecto invernadero, el metano es veinte veces más potente que el anhídrido carbónico que se produce cuando usamos combustibles de origen mineral, y hacia los cuales hoy dirigimos principalmente nuestra atención. Además hay que recordar que lo primero que se calienta son los océanos, y la consecuencia que ya estamos constantando es la violencia creciente de los huracanes en la zona ecuatorial. Y no sólo eso. Hasta ahora el agua de los océanos ha sido capaz de absorber la mayor parte del exceso de anhídrido carbónico que produce el hombre, pero si aumenta la temperatura podrían perder esa capacidad, e incluso se podría invertir el equilibrio físico y los océanos empezarían a devolver a la atmósfera la cantidad de anhídrido que hasta ahora han absorbido. A estas alturas, y gracias a Dios, la cuestión ambiental se percibe como algo primario, aunque el presidente Bush, a pesar de celebrar congresos sobre el problema, sigue demostrando con los hechos que no quiere tomar medidas resolutivas. No sólo eso, sino que su decisión de incentivar la producción norteamericana de alcohol de maíz para sustituir la gasolina que importaban de Europa ha tenido como resultado que muchos campos de cultivo de trigo, que estaban destinados al extranjero gracias a los subsidios que recibían, ahora son de maíz. De esta forma se ha generado una escasez de trigo, difícilmente sustituible a corto plazo con nuevos cultivos en otros lugares. Y esto ha provocado el aumento del precio de todos los productos ligados al trigo, desde el pan a la pasta, pasando por la leche y las carnes bovina y porcina. ¿Hacia dónde nos está llevando el problema de la energía? A este respeto es muy interesante una entrevista publicada por RTD info, una revista sobre la investigación europea, en la que el conocidísimo economista y futurólogo americano Jeremy Rifkin, con su acostumbrada forma de dejarnos boquiabiertos, se opone a todas las fuentes de energía convencionales que hoy usamos, no sólo porque quiere proteger el entorno, sino porque en el lapso de treinta años éstas se habrán agotado. No sólo el petróleo y el gas natural, sino también el uranio. Rifkin admite que podríamos seguir produciendo energía a partir del carbón, aunque esto ocasionaría un enorme efecto invernadero. La solución para obtener energía limpia en el caso de seguir quemando carbón pasaría por segregar bajo tierra el anhídrido carbónico que produce la combustión, pero sería algo carísimo y además se requieren décadas para experimentarlo a nivel industrial. Pero aquí es donde Rifkin hace una propuesta provocativa, aunque tal vez sea posible. Igual que hasta hace treinta años no existían los ordenadores personales y del mismo modo que hasta hace veinte no existían los teléfonos móviles pero ahora hay miles de millones de unos y otros, también de la misma forma durante los próximos años se podrían distribuir “pilas de combustible que funcionen con hidrógeno” y que se conviertan en fuentes de energía al alcance de todos. Lo interesante es que estas pilas no habrá que ir a recargarlas a ninguna parte, sino que cada cual las podría recargar por sí solo por medio del sol, del viento o de las olas del mar. El hecho de que las cosas aún no sean así depende en parte de la tecnología, que no está lo suficientemente adelantada, pero también de que no estamos preparados para utilizar esta fuente de energía. La idea de Rifkin es que la energía del sol, del viento y de las olas es intermitente, y por lo tanto no siempre está disponible. Luego lo que nos falta es encontrar la forma de almacenarla, y para ello, según el economista, tenemos a nuestra disposición el elemento más difundido en la naturaleza: el hidrógeno. Si tenemos hidrógeno a nuestra disposición, entonces será posible obtener energía sin contaminación en cualquier momento. De hecho, cuando se quema produce sólo agua. Lo importante no es tanto producirlo, ya que se puede transformar en hidrógeno la energía del viento o del sol descomponiendo (hidrolizando) el agua mediante la energía eléctrica producida por el sol o el viento. Lo importante en realidad es encontrar la forma de almacenarlo, ya que llegar a producir más energía de la que nos haga falta podría convertirse en un mecanismo de ahorro. Concretamente, el problema que aún está por resolver es cómo almacenar el hidrógeno sin necesidad de bombonas de alta presión. Pero se piensa que estará resuelto dentro de pocos años, sobre todo gracias a la tecnología de las membranas porosas y a las nanotecnologías, sin necesidad de utilizar materiales costosos como ocurre actualmente. Cuando el problema tecnológico esté resuelto, estallará una nueva industria de dimensiones aún mayores que la actual. Es más, Rifkin intuye que será precisamente la actual red de comunicaciones la que nos permitirá encontrar el modo de compartir la energía de más que cada uno acumule para usarla en común. Sin duda se trata de una visión de la forma de relacionarse de la sociedad muy distinta de la que hoy tenemos. Actualmente las regiones subdesarrolladas y más descuidadas son precisamente las que más disfrutan del sol. Así como hoy en día las regiones que tienen petróleo y gas en su subsuelo lo aprovechan como recurso para desarrollarse, quién sabe si providencialmente la tecnología logre que lo que hoy parece no tener valor se convierta en algo precioso.


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