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Abril - 2011


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Viajando Jerusalén

Michele Zanzucchi


Aún en punto muerto, se nota la necesidad de unidad a varios niveles. Un viaje entre cristianos, judíos y musulmanes.

Normalmente se dice «viajando a Roma, a Washington...». También se usan expresiones como «viajando con, viajando por». Se usa menos la expresión sin preposición «viajando Palma, o Moscú». Y sin embargo, la fórmula sugiere que el viaje no es turístico ni cultural, sino existencial, sin filtros. En este caso, «viajando Jerusalén» quiere decir que uno se queda en la ciudad santa, la respira, vive de ella, trata de penetrar en sus más íntimas vísceras. Pues así ha sido el viaje de la presidenta de los Focolares, María Voce, y el copresidente, Giancarlo Faletti. La ciudad católica Viajando Jerusalén descubres una ciudad dentro de otra, una sobre otra: la católica, la cristiana, la judía, la musulmana y la civil. Ésta es la entidad plural que María Voce ha encontrado durante su reciente viaje, del 11 al 20 de febrero. Empezó por el variado mundo de la Iglesia unida a Roma, con sus distintos ritos, desde el latino al maronita, representado éste por el arzobispo Nabil Sayah. Caluroso encuentro luego con el nuncio apostólico, Antonio Franco, todo un amigo. Quien marcó el ritmo en realidad fue el patriarca latino, mons. Fouad Twal: «Las preocupaciones de la gente son las nuestras. Parece que la subida al Calvario aquí, en Tierra Santa, no termina nunca». Pero ojo con desanimarse: «Veo que se han formado más de cien asociaciones que agrupan a judíos, cristianos y musulmanes; gente que dialoga. Noto que poco a poco, debido quizás a tanto dolor padecido, se empieza a hablar de “vecinos” y no tanto de “enemigos”». María Voce añade: «Si en el instinto humano de defenderse entra un poco de amor, entonces se avanza, sin ceder a la desesperación». Y concluye el patriarca: «Esta es nuestra especialidad, la de los cristianos». Todo grupo cristiano en el curso de su historia siente la necesidad de pisar Jerusalén y morar en ella. Aquí la Historia con mayúscula tuvo un nuevo inicio, y también la historia de cada grupo busca su camino. María Voce se ha encontrado con carismas antiguos, empezando por los franciscanos, “custodios” de la Tierra Santa, y luego los asuncionistas de la iglesia del Gallicantus, junto a la escalera donde se dice que Jesús pronunció su testamento de la unidad, y también las monjas clarisas, un oasis de oración y serenidad. Después María Voce se reunió con los carismas más recientes, como Comunión y Liberación y Chemin Neuf, y con sencillez se intercambiaron sus aventuras en Jerusalén, todas originales y al mismo tiempo muy parecidas. Son caminos que los peregrinos recorren y que favorecen el conocimiento de los tesoros de Tierra Santa, ya que ciertamente no desdeñan hacer turismo en los lugares santos. La ciudad cristiana Jerusalén es también una ciudad ecuménica, en el sentido de que las distintas Iglesias cristianas tienen alguna sede más o menos importante. Entre todas ellas, la greco-ortodoxa ostenta una prioridad histórica y numérica. El patriarca Theophilos III recibió a María Voce en el histórico palacio patriarcal, cerca del Santo Sepulcro. Quien conozca la historia sabrá que a lo largo de los siglos muchos conflictos han enfrentado a la Iglesias en Tierra Santa. Hoy el clima ha mejorado, aunque hablar de un verdadero ecumenismo aún es difícil. Pero en el coloquio que mantienen el patriarca y la presidenta se percibe el deseo de «elevar el tono del diálogo», apoyándose «en la unidad de los cristianos “en Cristo”, en su amor», según precisa Theophilos III. Y María Voce explica lo que quiere decir «unidad» para los focolarinos: «la unidad que Jesús le pidió a su Iglesia». Con este espíritu el patriarca le encomienda que se ocupe especialmente de los jóvenes. Un trasfondo de sufrimiento y al tiempo de confianza se notaba también en el coloquio con el obispo luterano Munib Younan, presidente de la Federación luterana mundial: «Percibo en la gente –decía– la fuerte tentación de ocuparse sólo de cosas materiales, mientras que aquí hay necesidad de Dios». Y especifica: «Nos hace falta una espiritualidad profundamente evangélica para nuestros hijos y para nosotros mismos». María Voce le señala que ha de ser naturalmente ecuménica. «Los musulmanes y los judíos –añade Younan– no reparan en si somos católicos o luteranos. Para ellos somos cristianos». «Y la unidad es nuestra fuerza», concluye la presidenta de los Focolares. Y ahora en el patriarcado armenio-apostólico, María Voce conversa con el obispo Aris Shirvanian, colaborador del anciano patriarca Torkom I Manughian. Es una Iglesia en retroceso, con 1.500 fieles en Jerusalén, pero es indómita y ha visto cosas peores en su historia: «Hemos de estar unidos para defender a la Iglesia –dice–, si bien no hay problemas particulares para nosotros, los armenios, porque seguimos viviendo para mantener nuestra herencia». María Voce subraya la grandeza de esta vocación. Y añade el obispo: «Sí, hay que tratar de ser “puentes” entre las Iglesias, puentes entre las religiones, puentes entre los pueblos». La ciudad judía La parte judía de Jerusalén es sin duda hoy la más dinámica, en el sentido de que los edificios y las reestructuraciones se multiplican en el barrio judío, aunque también en otras partes de la ciudad, a veces con unos métodos comerciales agresivos que te dejan perplejo. En la Universidad Hebrea de Jerusalén, donde tiene sede el prestigioso Instituto Truman por la Paz, María Voce habla por iniciativa de éste y del Centro de Estudios del Cristianismo del «papel del diálogo en la promoción de la paz». Unos ochenta oyentes selectos, entre los que destacan el nuncio, el obispo auxiliar de Israel, mons. Giacinto-Boulos Marcuzzo, el rabino David Rosen, la señora Debbie Weissmann, presidenta del ICCJ (International Council of Christians and Jews), rabinos y académicos judíos, representantes palestinos, responsables de comunidades y congregaciones cristianas, ponen de manifiesto con su presencia el interés por el Movimiento de los Focolares, después de algunas décadas presente en Tierra Santa. Una presencia tejida de numerosos y duraderos contactos con personas e instituciones o asociaciones comprometidas con el diálogo, especialmente el interreligioso. «El mensaje de María Voce, que es el de Chiara Lubich, pone de relieve la presencia de Dios en el otro», comenta al final el rabino David Rosen. Y el rabino Emile Moatti: «El diálogo debe penetrar en las llagas de la historia, de los conflictos, para hacerse historia». Notable también el encuentro en el ICCI (Interreligious Coordinating Council in Israel) del rabino Ron Kronish, cuya «asociación de asociaciones» están comprometida en reunir a judíos, musulmanes y cristianos para experimentar algo que se parezca al perdón y la reconciliación. La ciudad musulmana La parte árabe de la ciudad de Jerusalén está habitada mayormente por musulmanes, si bien los cristianos siguen teniendo su peso en el equilibrio de la ciudad. Los numerosos encuentros que mantuvo María Voce con el mundo musulmán culminaron con una visita a la Esplanada de las Mezquitas, antiguo Templo de Jerusalén. Fue una jornada espléndida: los mármoles destellaban por la luz, los azulejos se confundían con el cielo y la cúpula dorada invitaba a la reconciliación en el signo de Abraham. Mujeres, hombres, ancianos y niños están unidos en oración. Sin embargo sus miradas reflejan otra cosa: nostalgia de paz, frustración y puede que odio. Dios sabrá. Un viejo lee el Corán sentado en los tapetes rojos y blancos de la mezquita al-Aqsa. Es de Ramallah, pero vive en Jerusalén porque su hijo ha encontrado allí trabajo de fontanero. Las pocas palabras en inglés que maneja hablan de todo un pueblo: «Alá me hizo nacer, Alá me ha traído a la ciudad santa, Alá me hace experimentar la impotencia, Alá me llevará consigo cuanto antes». La ciudad civil No obstante el entramado político, Jerusalén sigue buscando una vía para compartir o al menos sobrevivir. En el nuevo edificio del Ayuntamiento de Jerusalén, muy luminoso, María Voce visita a la teniente de alcalde, una amable y decidida mujer, Naomi Tsur, que quiere crear una red de ciudades que se hermanen como «ciudades de peregrinación». Y ha pedido colaboración para este “sueño” suyo, para que «se vea cuántas cosas buenas hay en Jerusalén, y no sólo problemas». María Voce visita a otros administradores públicos al otro lado del muro, en Belén. Los peregrinos, único y verdadero recurso de esta ciudad, hacen que atraviese un período de bonanza: «Es la mejor entrada económica de Palestina –le dice la ministra de turismo, Khouloud Daibes, cristiana ella–. Son unos 2.300.000 personas las que pasan por la Natividad y los demás lugares santos de los Territorios Palestinos. Lamentablemente, la mayor parte del beneficio que produce el turismo, un 90%, se queda en Israel. Tenemos poco dinero y los recursos no alcanzan para mejorar las infraestructuras». Y añade la ministra: «En términos económicos, no puede haber proyectos duraderos con un 20% de parados y unos sueldos bajos, a no ser que hallemos con decisión soluciones políticas. Ya es hora de que Israel reconstruya relaciones correctas con la población, por su propio interés». La reunión con los políticos palestinos, cristianos y musulmanes se ha llevado a cabo por iniciativa de la Fundación Juan Pablo II, que desde 2007 está dirigida por el padre Ibrahim Faltas y se ocupa de proporcionar conocimientos, recursos e infraestructuras para el desarrollo de Palestina. María Voce quiso «compartir nuestros ideales de fraternidad con quien tiene en sus manos la suerte de este mundo». Una fraternidad que en política pretende que la gente se sienta apreciada y apoyada por quienes administran la cosa pública. El alcalde de Belén señaló que «los ideales de los Focolares son también los nuestros. Son estímulos que pueden llevarnos a abatir los muros que dividen estas tierras. Y no sólo los muros materiales, sino sobre todo esos que no se ven».


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