Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio y poder registrar el proceso de compra. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las 'cookies', puedes ver nuestra política de cookies, aquí
Política de cookies +
logorevista

Usuario
Contraseña   
Recordar contraseña
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                 

Conozca
nuestros
libros
libro

Mirador
Enero - 2008


EN ESTE NÚMERO


Suscríbase si quiere tener acceso a la descarga de los pdf de todos los artículos.
Regístrese para poder descargarse dos artículos del número actual y tres de números anteriores al mes.

Al César lo que es del César, ni un gramo más

Dolores García


Católicos y vida pública A mediados de noviembre tuvo lugar en la sede madrileña de la Universidad San Pablo CEU la novena edición del Congreso Católicos y Vida Pública. Bajo el título “Dios en la vida pública. La propuesta cristiana”, su objetivo era reconocer la influencia de Dios en el orden público, proponiendo la presencia cristiana como elemento vitalizador de la sociedad del siglo XXI.

Alo largo de todo el año se habían realizado numerosas jornadas en distintas ciudades con el fin de acercar el Congreso a todos los rincones. Entre los númerosos ponente, hemos abordado al profesor Alberto Lo Presti, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Pontificia Santo Tomás de Aquino – Angelicum de Roma. Actualmente enseña en la Universidad de Estudios de Molise, región del sur de Italia, y es autor de numerosas publicaciones, como Ética y globalización. Le hemos preguntado sobre algunos aspectos de su ponencia: “El desafío de la fraternidad para el laico cristiano”, presentada en la mesa redonda “Cristianismo y Laicidad: Lo de Dios y lo del César”. –¿Cómo entiende usted la afirmación de Jesús “dar al César lo que es del César…”? –Normalmente se considera este pasaje como una exhortación de Jesús para estar en regla con los compromisos civiles. Hay que dar al César lo que es del César; por lo tanto, pagar los impuestos, dentro de un marco civil en el que la fiscalidad del Estado pueda garantizar un mínimo nivel de equidad para todos. Pero las palabras de Jesús ponen de relieve otro significado: «dar al César lo que es del César» implica no darle ni un gramo más de lo que le corresponde. Por ejemplo, nuestra conciencia no puede ser objeto de negociación política, como tampoco nuestra libertad de realizarnos como personas amando al prójimo y buscando el bien común, o nuestra visión de que es posible una sociedad mejor, más justa y más virtuosa en la que el amor recíproco regule las relaciones entre los ciudadanos. A menudo los cristianos son los ciudadanos más respetuosos del orden político. La fe les pide que traduzcan las inspiraciones evangélicas en valores sociales, en bien común, en relaciones de respeto y solidaridad. Y no porque amen su nación, pues, como fenómeno histórico que es, la nación puede cambiar o pasar por momentos de debilidad patriótica; ni siquiera porque adoren a sus líderes (sus césares), dado que también éstos cambian y el afecto por ellos podría mutar en desprecio, sino porque los cristianos, sobre todo los laicos, edifican su conciencia sobre el “amor recíproco”, sobre la capacidad de entrever en el otro el rostro de Dios, dado que el hombre y la mujer están hechos a imagen y semejanza de Dios, y amando a los hermanos se ama a Dios mismo. Por lo tanto, los cristianos dan al César convencidos de que con ello sostienen la obra creadora de Dios. Dan al César tratando de construir el bien común y entretejer redes en una humanidad que cada vez es más familia. Éste es el gran proyecto de la fraternidad universal que irrumpe en la historia con el grito de Jesús en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». –Según están las complejas sociedades contemporáneas, hablar de fraternidad parece una utopía o un deseo piadoso. En el ambiente hay una idea bastante pesimista sobre la sociedad actual... –Ciertamente se puede objetar eso... Terrorismo, competitividad, racismo, juego sucio, intereses ocultos y todos los males de la sociedad contemporánea parecen confirmar la idea pesimista de la sociedad política. Este pesimismo le está negando a la fraternidad su posibilidad de ser una categoría útil para describir las condiciones de la vida asociada. Y lo hace porque se basa en concepciones teóricas, clásicas o modernas, bastante sólidas. Esas teorías ponen el acento en el poder como fuerza vital que genera el orden social y construye las relaciones políticas, y afirma sencillamente que el poder es la capacidad de imponerle a otro mi voluntad. El paso necesario es demostrar que el poder no es un esquema posible para la relación entre las personas, entre los sujetos individuales o colectivos. En realidad, el poder es sólo el «síntoma de la voluntad de la potencia» (Nietzsche) y por ello está fundado sobre la «legítima coerción física» (Weber). Su postulado de base podría resumirse en la dimensión diabólica (como decía G. Ritter, autor de El rostro demoníaco del poder) que posee el poder político: el poder es una mercancía escasa, no distribuida de forma equitativa. Por eso se generan tensiones y conflictos que pueden llegar a ser cruentos. Todo está dominado por una energía negativa: el derecho obedece a las exigencias del más fuerte, la historia está escrita por los vencedores, el control de los recursos económicos está en manos de quienes detentan el poder, etc. Al final es un proceso que añade pesimismo al pesimismo: los valores políticos no son sino armas para que uno saque adelante sus propios fines, para vencer la competición electoral convenciendo a los electores, para dar un aspecto digno a una política que en realidad sólo quiere conquistar el poder. –Y entonces, ¿qué le hace pensar que la fraternidad es algo vivo en la historia del hombre de hoy? –Sin duda, y a pesar de mil contradicciones, a pesar de múltiples e intensas laceraciones que afligen a pueblos y culturas, el mundo tiende a la reciprocidad, a la relación y a la unidad. Desde comienzos del siglo XX, las organizaciones internacionales gubernamentales han aumentado en una proporción de 1 a 200, y las no gubernamentales en una proporción de 1 a 270. También ha aumentado extraordinariamente el número de tratados internacionales. Pero, sobre todo, se debe mencionar los proyectos de unión (o relación) económica, política o civil por todo el planeta. El mundo está entretejiendo tramas cada vez más tupidas de relación, cooperación, participación o solidaridad. Estos procesos históricos son a menudo vulnerables y también producen injusticias y desigualdades. Pero si uno se fija bien, quienes contestan los efectos injustos de estos procesos son ciudadanos que gozan de los privilegios de tales desigualdades. El ejemplo más claro es la movilización en contra de los efectos negativos de la mundialización de los mercados económicos: los que más protestan son los jóvenes del mundo occidental. Y esto no lo puede explicar un paradigma pesimista, porque aquel que goza de las ventajas de una situación determinada debería legítimamente protegerse contra la intención de los perdedores por recuperarlas. En cambio, no: jóvenes que pertenecen al “primer mundo” luchan contra la influencia de las multinacionales… Podría mencionar también la campaña para reducir la deuda durante el Jubileo de 2000, la campaña contra el acuerdo multilateral sobre las inversiones, la Convención de Ottawa sobre la prohibición de minas antipersona, las iniciativas a favor del entorno, las grandes acciones pacifistas, etc. En resumen, el mundo parece impregnado de un proyecto político especial: la unidad. –A lo largo de la historia, distintas ideologías han propugnado solidaridad, igualdad, fraternidad, pero han desembocado en proyectos políticos parciales, excluyentes, cuando no perversos. ¿De qué fraternidad estamos hablando aquí? –La fraternidad que el pensamiento social cristiano pone en marcha no es excluyente, no está reservada a unos pocos, sino que es universal, porque está inspirada en el Evangelio, que abate todas las barreras y diferencias. Y quien vive la política siguiendo las enseñanzas de Jesús descubre que la dimensión del compartir es fundamental. El Evangelio genera amor, y el amor está para ser donado. Quien sigue a Jesús hace suya la ley de la fraternidad. En política esto se traduce en buscar ámbitos de participación cada vez más amplios para el proceso de tomar decisiones, en animar iniciativas de coalición, en salvaguardar a las minorías e introducirlas en el circuito de la política. La política de fraternidad parte de la enseñanza cristiana, y la historia recoge ejemplos memorables de su actuación. Cómo no recordar, entre los primerísimos grandes testigos de la fraternidad cristiana en política, a Bartolomé de Las Casas, defensor de los pueblos indígenas en el siglo XVI. Y no sólo él; pienso en Rosmini, Montalembert, Ozanam, Gioberti, Ketteler, Balmes, Vogelsang y muchos otros. –¿Hasta qué punto la historia se ha visto influida por la fraternidad? –Quizás tengamos en la mente a políticos que ejercen el poder de forma muy poco fraterna, o que incluso sólo atienden a sus intereses egoístas. Estos políticos existen, pero no mueven la historia ni un milímetro, pues no contribuyen a un cambio positivo. Y luego nadie se vuelve a acordar de ellos, justamente porque han vivido la política de forma equivocada. Los que cambian la historia son esos testigos que creen tanto en la fraternidad política, que donan su vida por la comunidad. Europa, a la que le cuesta reconocer sus raíces cristianas, cuenta entre sus padres fundadores con figuras como Schumann y De Gasperi, cuyo proceso de beatificación ha iniciado la Iglesia Católica. Su santidad se ha expresado en un proyecto de fraternidad para todo un continente en un periodo increíble, después de la sobrecogedora guerra mundial. Son testigos que sufrieron el exilio, la incomprensión, la persecución de los totalitarismos del siglo XX. Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Martin Luther King, Vaclav Havel, Rabin, etc. La fraternidad en política es un instrumento potentísimo de cambio. Hay guerras, violencia, abusos, despotismo, pero me atrevo a decir que forman parte de la dimensión contingente de la historia. Lo universal, lo que permanece en la historia de la humanidad, son los pasos extraordinarios que el hombre da hacia la paz, la unidad y la reciprocidad. Y no es un acto de fe, pues los ejemplos mencionados ilustran su validez. –Para concluir, según su currículo, forma parte del centro “Igino Giordani” , ¿Qué lectura hacía este escritor y político italiano de los acontecimientos de la historia? –Igino Giordani, cuya causa de beatificación también se ha iniciado, decía que la historia es el 5º Evangelio, pues entendía que en la historia se realiza lenta y continuamente el designio de Dios sobre la humanidad. Y ante un horizonte así, pienso que no hay ningún programa político, ideológico o filosófico que tenga un objetivo más hermoso que éste.


Deja aquí tu comentario


Introduce los caracteres que ves en la imagen

Numeros aleatorios Recargar imagen





BUSCADOR
¡¡La búsqueda no ha producido resultados!!
Modos de acceso

De forma gratuita


Acceso a cinco artículos cada mes: dos de la revista del mes en curso y tres de revistas anterior, a su elección
logoIntroduzca los datos para el registro












Suscripción


Recepción de la revista en papel en su domicilio y acceso online a todos los artículos de las revistas

Solicitud de suscripción a la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados.



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población




Teléfono de contacto


E-mail



Contraseña



Repita Contraseña



Suscripción anual:
España: 47 €
Otros países: 57 €

Otras suscripciones anuales:
Colaborador: 60 €
España, 5 revistas: 180 €


Forma de pago
Domiciliación bancaria
Giro Postal
Transferencia
Paypal
Pago con tarjeta


Comentario



Acepto los siguientes términos y condiciones: En cumplimiento de lo establecido en el art. 5 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, procedemos a informarle de que sus datos serán incorporados a un fichero informatizado de datos personales con fines comerciales y promocionales, incluida la publicidad por medios electrónicos que puedan ser de su interés, cuyo responsable es Editorial Ciudad Nueva con domicilio en José Picón, 28 - 28028 Madrid y tiene derecho de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos que sobre usted figuren en el mismo.


Su solicitud de suscripción ha sido enviada.
Nos pondremos en contacto con usted
Muchas gracias

Enviaremos tres ejemplares a su dirección para que conozca la revista

Conozca la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados para que podamos enviarle tres ejemplares de la revista a su dirección .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario




Recomiende la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulariocon los datos de la persona a la que quiere que le enviemos tres ejemplares de la revista para que la conozca .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario








Editorial Ciudad Nueva
C/ José Picón, 28
28028 Madrid (España)
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2015 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
facebook