Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio y poder registrar el proceso de compra. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las 'cookies', puedes ver nuestra política de cookies, aquí
Política de cookies +
logorevista

Usuario
Contraseña   
Recordar contraseña
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                 

Conozca
nuestros
libros
libro

Palabra y vida
Marzo - 2011


EN ESTE NÚMERO


Suscríbase si quiere tener acceso a la descarga de los pdf de todos los artículos.
Regístrese para poder descargarse dos artículos del número actual y tres de números anteriores al mes.

Juan José Tomás

Ángel Bartol


Alguien escribirá el libro de su vida. Por ahora, esta semblanza leída con ocasión de su funeral. Juan José Tomás Marco, que fue director de Ciudad Nueva entre 1972 y 1981, falleció el pasado 19 de enero.

«Siempre doy gracias a Dios por lo que me ha dado y por lo que me da, porque lo que experimento es que es y ha sido todo amor de Dios…». Todos los que durante años y décadas hemos convivido con Juan José podemos dar testimonio de lo ciertas que son estas palabras suyas, que dijo pocos meses antes de morir y que sólo un puro de corazón como él podría expresar. No sólo ha sido para todos y cada uno de nosotros un hermano, un amigo fiel en el que podías confiar siempre y en cualquier situación, sino que su amor por el Movimiento de los Focolares le impulsó desde el primer momento a poner sus talentos personales y su competencia profesional a su servicio, lo que lo convirtió en uno de los primeros y más significativos protagonistas del desarrollo de los Focolares en España. Juan José Tomás nace en el año 1920 en Yecla, provincia de Murcia, en el seno de una familia profundamente cristiana. Desde su adolescencia se le advierte dotado de una rica personalidad, una inteligencia aguda, una gran sensibilidad social y, sobre todo, de una gran bondad, dotes que le acompañarán en su trayectoria profesional como abogado y como periodista afirmado, así como en su vida familiar en cuanto marido ejemplar, padre y educador de sus ocho hijos junto con su esposa Manoli, que falleció en julio de 2008. Si bien Juan José era ya un cristiano comprometido cuando conoció el Movimiento de los Focolares –tenía 48 años cuando uno de sus hijos le habló de él–, esta espiritualidad lo fulguró. Así lo describe en una reciente entrevista: «Fue un cambio trascendental en mi vida (…). Conocer el Movimiento ha significado para mí un cambio radical. Sin él, yo no sé si habría podido sobrevivir a tantos problemas, a tantas dificultades que la vida ha ido trayendo y que para mí, más que dificultades y problemas eran situaciones que Dios me ponía para poderme santificar». Estas palabras, dichas pocos meses antes de su muerte el 19 de enero pasado, a la edad de 90 años, y después de cuarenta participando intensamente en la vida del Movimiento, no sólo manifiestan su capacidad de disculpar y olvidar momentos menos felices que toda convivencia inevitablemente comporta, sino que además demuestran que Juan José percibía la vida como un regalo, independientemente de las circunstancias fueran indiferentes, dolorosas o alegres: regalo de Dios, regalo del prójimo, casi como si estuviera en permanente acción de gracias. «Siempre doy gracias a Dios por lo que me ha dado y por lo que me da», y se notaba que cuando te decía «¡gracias!» se estaba dando a sí mismo por entero. Fue el primer director de Ciudad Nueva. Fue grande su ayuda como abogado en los aspectos legales, y en especial por su contribución para la construcción de los centros Mariápolis Loreto de Castell d’Aro (Girona) y Luminosa de Las Matas (Madrid). Recordando aquella etapa comentaba: «Fue una experiencia que me quedó grabada para siempre». Pero sin duda lo más notable de la aportación de Juan José ha sido él mismo, su persona, su vida totalmente entregada a Dios y a los hermanos, sostenida por su amor a Jesús crucificado y abandonado, al que había aprendido a reconocer en todos los aspectos negativos y dolorosos de la vida. «Los años no perdonan –decía en la citada entrevista– y es verdad, pero en el sentido humano. Para mí no ha sido así. La realidad es que desde que me jubilé, tanto para mi esposa, Manoli, como para mis hijos han sido años muy positivos, una gracia de Dios, porque las operaciones que he sufrido o las veces que he sido hospitalizado o el fallecimiento de Manoli o de mi hijo Fernando, la relación con mis hijos en estas circunstancias, como también con todos los demás amigos del Movimiento que han estado a nuestro lado, ha sido también una experiencia que agradezco a Dios, porque han sido unas situaciones de dolor que he ofrecido por el Movimiento y a Dios con todo el corazón». Cuando al despedirme de él la última vez que lo vi, ya en cama, le dije «hasta pronto», él me contestó: «Si no nos vemos aquí, nos veremos allí, donde todos seremos ya uno». «La revista, difundiendo esta espiritualidad, realiza la siembra de amor y fraternidad, requisitos para la unidad que el mundo ansía. Y el instrumento seguro es el diálogo, que Ciudad Nueva pone en práctica en cada número. Mi experiencia ha sido siempre que allí donde y cuando me he expresado con afecto o he tratado de comprender a los demás por medio del diálogo, he encontrado respuesta igualmente afectuosa. No faltan los tropiezos, las caídas y los errores, que se entremezclan con las alegrías. Se superan volviendo a empezar». (extraído de una entrevista a Juan José Tomás parcialmente publicada en marzo de 2008) TESTIMONIO He tenido la suerte de conocer a Juan José más de cerca en estos años. Su estancia en Miraflores me ha permitido disfrutar de largas charlas en las que me ha desgranado diferentes episodios de su vida. Una vida rica, con mil matices, que me ha producido gran admiración en los retales de la misma a los que he tenido la fortuna de acercarme. Podría decir que lo esencial en la vida de Juan José, su modo de amar, no ha sido algo que haya quedado en él, ni sólo una seña de identidad de Manoli, su mujer. En este periodo he podido constatar que también sus hijos están en esa dinámica de amor. Lo he comprobado cuando coincidía con alguno de ellos en las visitas. Por lo tanto lo bonito de la vida de Juan José es que su encuentro con Dios y descubrirlo como amor ha permitido que el amor se extienda en la tierra a través de sus muchos actos de amor y de justicia, y de la gente que de una forma u otra se ha cruzado con él y se ha empapado de su forma de actuar. Quiero resaltar la impresión que al alma le hacía estar un rato con Juan José en éste último periodo. Uno de los efectos que me producía era la calma, la paz. Estar con él te aislaba del mundo, de las prisas, de los problemas, y te hacía partícipe de la relación que él tenía con Dios. Entrar en su habitación era como entrar en una capilla y contemplar una a persona completamente entregada a lo que Dios quisiera, conocedor de que el momento de su encuentro con él estaba próximo. Esta confianza suya en el Padre transmitía también el deseo, o la necesidad, de establecer también ese tipo de relación con Dios. De regreso a casa, después de cada visita, no me venía otra cosa que rezar en agradecimiento por el don que nos había hecho con Juan José. La relación con él me ha dado la oportunidad de relativizar las cosas, para ver lo que de verdad es importante. También me ha confirmado que Dios nos cuida, y que hacer su voluntad no es sólo una frase para cuando algo no tiene remedio, sino que es lo mejor que puedes hacer en la vida. Juan Ignacio Larrañaga EL LADO HUMANO Probablemente he sido una de las últimas personas en ver a Juan José con vida. Cuando falleció, no hacía ni veinticuatro horas que mi mujer y yo nos despedíamos de él. Son tantos recuerdos que, francamente, no sé por dónde empezar. Conocimos el Movimiento de los Focolares casi al mismo tiempo, y éste nos unió para siempre. A partir de 1970 fuimos juntos a los congresos de «voluntarios» que el Movimiento organizaba en Roma, y Juan José siempre fue un aliciente, por su vitalidad, su humanidad, su amor hacia todos, su actitud de servicio y por el optimismo que irradiaba. Su amor al prójimo se manifestaba constantemente. Por ejemplo, en su trabajo como abogado trataba siempre de llegar a un acuerdo entre las partes, con el fin de evitar el juicio. Era de una generosidad que, en términos económicos, era proverbial. Es justo destacar la dimensión humana de Juan José. En una ocasión, visitando a su mujer, Manoli, que estaba internada en una residencia para enfermos de Alzheimer, la directora del centro le preguntó por qué iba tan a menudo a visitarla, teniendo en cuenta que ella ya no le reconocía. Su respuesta fue impresionante: ella ya no me conoce, pero yo sé muy bien quién es ella. Una vez nos invitó a visitar su pueblo, Yecla. Pudimos comprobar cómo era apreciado por todos. Algunos paisanos suyos le insistían para que escribiera otro libro, porque se declaraban forofos suyos. Nos enseñó dónde había dado clases su padre, el lugar donde había vivido, y nos presentó a los pocos compañeros del colegio que aún le quedaban. Incluso asistimos a una procesión cuyo significado y sus múltiples matices nos explicó con detalle. Nunca he visto a Juan José vanagloriarse por nada. Me atrevo a decir que era una persona realmente humilde. Fue un magnifico abogado al que yo acudía para consultarle cuando tenía dudas sobre cómo encauzar un juicio o cómo resolver algún asunto jurídico de singular envergadura. Su inquietud social, por otra parte, le llevó a ser ese abogado al que consultaban todos los empleados del periódico Ya, en el que trabajó muchos años, y por supuesto tenía predilección por los más modestos. La actitud de Juan José era la de una persona que estaba siempre resuelta. Era portador de paz; siempre optimista. Era como un padre, siempre dispuesto a escuchar. En varias ocasiones hemos actuado juntos en una pequeña obra teatral que poníamos en escena con ocasión de algún evento. Él hacía de juez, lo que casaba muy bien con su característica de buscar la verdad, y actuaba consciente de que era una ocasión más de amar al prójimo. La última vez que la representamos ya contaba con más de ochenta años. Nos edificaba con su ejemplo. Un recuerdo más. Hace años, fuimos a vender la revista Ciudad Nueva y nos tocó hacerlo a las puertas de una iglesia. De pronto llegó en su coche el procurador que trabajaba para él y para mí. Al verme se quedó asombrado, pero su asombro llegó al límite cuando, unos pasos más atrás, vio a Juan José vociferando: «Ciudad Nueva, la revista católica por excelencia». Hemos perdido un padre, a un amigo entrañable, pero hemos ganado un interlocutor en el cielo. Abelardo Velasco


Deja aquí tu comentario


Introduce los caracteres que ves en la imagen

Numeros aleatorios Recargar imagen





BUSCADOR
¡¡La búsqueda no ha producido resultados!!
Modos de acceso

De forma gratuita


Acceso a cinco artículos cada mes: dos de la revista del mes en curso y tres de revistas anterior, a su elección
logoIntroduzca los datos para el registro












Suscripción


Recepción de la revista en papel en su domicilio y acceso online a todos los artículos de las revistas

Solicitud de suscripción a la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados.



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población




Teléfono de contacto


E-mail



Contraseña



Repita Contraseña



Suscripción anual:
España: 47 €
Otros países: 57 €

Otras suscripciones anuales:
Colaborador: 60 €
España, 5 revistas: 180 €


Forma de pago
Domiciliación bancaria
Giro Postal
Transferencia
Paypal
Pago con tarjeta


Comentario



Acepto los siguientes términos y condiciones: En cumplimiento de lo establecido en el art. 5 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, procedemos a informarle de que sus datos serán incorporados a un fichero informatizado de datos personales con fines comerciales y promocionales, incluida la publicidad por medios electrónicos que puedan ser de su interés, cuyo responsable es Editorial Ciudad Nueva con domicilio en José Picón, 28 - 28028 Madrid y tiene derecho de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos que sobre usted figuren en el mismo.


Su solicitud de suscripción ha sido enviada.
Nos pondremos en contacto con usted
Muchas gracias

Enviaremos tres ejemplares a su dirección para que conozca la revista

Conozca la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados para que podamos enviarle tres ejemplares de la revista a su dirección .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario




Recomiende la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulariocon los datos de la persona a la que quiere que le enviemos tres ejemplares de la revista para que la conozca .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario








Editorial Ciudad Nueva
C/ José Picón, 28
28028 Madrid (España)
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2015 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
facebook