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Palabra y vida
Enero - 2011


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Palabra de vida

Chiara Lubich


«El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común» (Hch 4, 32).

Como en años pasados, del 18 al 25 de enero se celebra en muchos lugares del mundo la “Semana de oración por la unidad de los cristianos”, mientras que en otros sitios tiene lugar en Pentecostés. Chiara Lubich solía comentar el versículo bíblico elegido cada año con tal motivo. Este año la frase bíblica para la semana de oración es la que aparece citada. Proponemos para reflexionarlo y vivirlo un texto de Chiara de 1994 que comenta esta frase. «El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común». Esta Palabra de vida nos presenta uno de esos cuadros literarios (véase también Hch 2, 42; 5, 12-16) en los que el autor de los Hechos de los Apóstoles nos da a conocer a grandes rasgos la primera comunidad cristiana de Jerusalén. Ésta se caracterizaba por su lozanía, su dinamismo espiritual., por la oración, por el testimonio y, sobre todo, por su gran unidad, rasgo que Jesús quería que fuese signo inconfundible y fuente de fecundidad de su Iglesia. El Espíritu Santo, que en el bautismo se les da a todos los que acogen la Palabra de Jesús, al ser espíritu de amor y de unidad, hacía de todos los creyentes uno, con el Resucitado y entre ellos, y los llevaba a superar todas las diferencias de raza, cultura y clase social. «El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común». Pero veamos con más detalle los aspectos de esa unidad. Ante todo, el Espíritu Santo obraba entre los creyentes la unidad de sus corazones y de sus mentes y, en la dinámica de la comunión fraterna, los ayudaba a superar los sentimientos que la hacían difícil. En realidad, el mayor obstáculo para la unidad es nuestro individualismo, es el apego a nuestras ideas, puntos de vista y gustos personales. Las barreras con las que nos aislamos y excluimos al que es distinto de nosotros se construyen con el egoísmo. «El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común». Y la unidad obrada por el Espíritu Santo se reflejaba necesariamente en la vida de los creyentes. Su unidad de pensamiento y de corazón se encarnaba y se manifestaba en una solidaridad concreta, en el compartir sus bienes con los hermanos y hermanas necesitados. Y precisamente porque su unidad era auténtica, no toleraba que en la comunidad unos viviesen en la abundancia mientras que a otros les faltaba lo necesario. «El grupo de los creyentes estaba totalmente compenetrado en un mismo sentir y pensar y ninguno consideraba de su exclusiva propiedad los bienes que poseía, sino que todos los disfrutaban en común». La Palabra de vida de este mes subraya la comunión y la unidad, tan encarecida por Jesús. Para realizarla, Él nos dio su Espíritu. ¿Cómo viviremos, pues, esta Palabra de vida? Escuchando la voz del Espíritu Santo, trataremos de crecer en esa comunión en todos los ámbitos. Ante todo, en el espiritual, superando los brotes de división que llevamos dentro de nosotros. Por ejemplo, sería un contrasentido querer estar unidos a Jesús y al mismo tiempo estar divididos entre nosotros comportándonos de un modo individualista, yendo cada uno por su cuenta, juzgándonos e incluso excluyéndonos. Por lo tanto, es necesario que nos convirtamos de nuevo a Dios, que nos quiere unidos. Además, esta Palabra nos ayudará a comprender cada vez mejor la contradicción que existe entre la fe cristiana y el uso egoísta de los bienes materiales. Nos ayudará a solidarizarnos realmente con los que están necesitados, aun dentro de nuestras posibilidades. Como nos encontramos en el mes en que se celebra la semana de oración por la unidad de los cristianos, esta Palabra nos impulsará a rezar y a reforzar nuestros vínculos de unidad y de comunión con nuestros hermanos y hermanas que pertenecen a otras Iglesias, con los que tenemos en común una única fe y un único espíritu de Cristo que recibimos en el bautismo. 1) Palabra de Vida, enero 1994; publicada en Ciudad Nueva, nº 295. Puntos relevantes: –El amor y la unidad, signo patente de las primeras comunidades cristianas, nos llevan a superar cualquier diferencia entre nosotros, sea étnica, social o cultural. –La unidad no tolera el individualismo, el apego a nuestras ideas, puntos de vista y gustos personales: éstos crean aislamiento y exclusión. –El uso egoísta de los bienes materiales también es incompatible con la unidad, que no sólo se expresa en lo espiritual, sino que se traduce en solidaridad y en comunión de bienes. –Escuchando la voz de la conciencia (el Espíritu Santo), tratemos de superar toda división y exclusión entre nosotros, reforcemos los lazos entre hermanos de distintas Iglesias, religiones y convicciones. Libro recomendado este mes: Chiara Lubich, La doctrina espiritual, en particular: «El sueño de un Dios», pp. 147-160; «La pasión por la Iglesia», p. 164; «Santificarnos como Iglesia», pp. 169-170; «Para la vida de la ciudad», pp. 330-335; «Cristianos subdesarrollados», pp. 336-341; «Líneas inspiradoras de la Economía de Comunión», pp. 359-367; Discurso en la Asamblea Ecuménica de Graz, 23-6-1997, pp. 401-410 (en particular pp. 408-410). (selección: Ana Hidalgo)


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