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Diciembre - 2007


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“No todos pueden entenderlo”

Pascual Foresi


Celibato y virginidad/2 Seguimos profundizando sobre el significado de la donación a Dios según el Nuevo Testamento: la indisolubilidad del matrimonio y la opción radical.

Pongo como premisa que la condición de eunuco, o sea el celibato, según Mateo, ha sido motivo de estudio en el transcurso de la historia de la Iglesia. Existe una interpretación ya clásica, patrística y moderna, pero es interesante examinar el texto teniendo en cuenta también los abundantes estudios que la crítica moderna ha motivado1. Volvamos a leer el pasaje de Mt 19, desde el versículo 3 al 12, y también el correspondiente de Mc 10, desde el 2 al 12. Mateo dice así: «(3) Y se le acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, le dijeron: “¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?”. (4) Él respondió: “¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, los hizo varón y mujer, (5) y que dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? (6) De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”. (7) Dícenle: “Pues ¿por qué Moisés prescribió dar acta de divorcio y repudiarla?”. (8) Díceles: “Moisés, teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón, os permitió repudiar a vuestras mujeres; pero al principio no fue así. (9) Ahora bien, os digo que quien repudie a su mujer –no por fornicación– y se case con otra, comete adulterio”. (10) Dícenle sus discípulos: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse”. (11) Pero él les dijo: “No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. (12) Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda”.» Y esto es lo que dice Marcos: «(2) Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: “¿Puede el marido repudiar a la mujer?”. (3) Él les respondió: “¿Qué os prescribió Moisés?”. (4) Ellos le dijeron: “Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla”. (5) Jesús les dijo: “Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. (6) Pero desde el comienzo de la creación, Él los hizo varón y hembra. (7) Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, (8) y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. (9) Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre”. (10) Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. (11) Él les dijo: “Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; (12) y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio”.» No es mi intención hacer una comparación completa entre los dos fragmentos, pero subrayaré que existe un contexto general idéntico entre Mateo, Marcos y Lucas; sólo que Lucas pasa por alto la enseñanza sobre el matrimonio; pero los tres evangelistas hablan a continuación de los niños, del joven rico, de la recompensa para aquellos que lo dejan todo. Es natural que los exegetas piensen que la fuente de todo el contexto sea común a los tres. Con respeto a un análisis comparativo más concreto entre el texto del matrimonio en Mateo y en Marcos, me parece interesante lo que escribe Schmid en su Comentario al Evangelio según Mateo: «Por una parte, los dos textos coinciden en las palabras con la misma exactitud que en todos los demás textos en los que Mateo depende de Marcos; por lo que el texto de Mateo se presenta en muchos detalles lingüísticos como una corrección del texto de Marcos. Por otra parte, no se puede negar que el texto de Mateo parece mucho más exacto desde el punto de vista del contenido, y por lo tanto “más originario”»2. Si quisiéramos hacer un análisis más cuidadoso notaríamos, por ejemplo, que en el versículo 3 de Mateo la pregunta de los fariseos suena así: «¿Puede uno repudiar a su mujer por un motivo cualquiera?», mientras que el versículo 2 de Marcos dice solamente: «¿Puede el marido repudiar a su mujer?». Las palabras «por un motivo cualquiera» que añade Mateo no carecen de importancia, sino que hacen referencia a la interpretación más amplia sugerida por el rabino Hillel, conocida sólo por los lectores cristianos de Mateo que habían sido judíos. De hecho, para Hillel cualquier motivo era bueno para repudiar a la mujer, incluso una mala comida, y ésa era la interpretación usual en la época de Jesús. Marcos no refiere esas tres palabras, pues sus destinatarios no eran principalmente de origen judío y no habrían entendido esa sutileza. Hay otra diferencia de notable importancia. Mateo añade una excepción a la afirmación de la indisolubilidad del matrimonio, y escribe en el versículo 9: «Quien repudie a su mujer –no por fornicación– y se case con otra, comete adulterio». Marcos ignora la excepción de la fornicación. Este inciso, que como veremos será importante para determinar el sentido de la frase sobre los eunucos, dio origen a varias interpretaciones y a una premisa. De hecho se dice que Marcos, Lucas y Pablo en su Primera Carta a los Corintios, ignoran dicha cláusula, y es poco verosímil que hayan suprimido palabras de Jesús. La Biblia de Jerusalén, comentando este pasaje, afirma: «Es más probable, en cambio, que uno de los últimos redactores del primer Evangelio la haya añadido para responder a una determinada problemática rabínica... que podía preocupar al ambiente judeocristiano para el que se escribía. Tenemos aquí por lo tanto una decisión eclesiástica de alcance local y temporal». Esto significa que, en este caso, el Evangelio reflejaría ciertas exigencias de una comunidad concreta. Nosotros, sin embargo, ya que el inciso forma parte del Evangelio, hemos de entender su significado. Algunos preferirían no traducir «no por fornicación», sino «incluso en caso de fornicación». Otros interpretan que se trata de los casos de incesto legal, es decir, un matrimonio entre parientes que está prohibido por la ley; éstos defienden que el pasaje debería traducirse: «quien repudie a su mujer –excepto en caso de incesto legal– y se case con otra, comete adulterio». Hay también quienes opinan que tal cláusula no da el consentimiento para deshacer verdaderamente el matrimonio, sino que sería sólo un permiso para la separación, sin que haya segundas nupcias. La separación era una institución conocida en el judaísmo, y según los intérpretes a los que hago referencia, es Jesús quien la instituye aquí. Por último, es conocida la posición de las Iglesias protestantes, para las cuales el caso de fornicación supone adulterio y daría derecho tanto al divorcio como a las segundas nupcias. Éste ha sido un primer examen en paralelo de los pasajes sobre el matrimonio en Mateo y en Marcos. Tenemos además todo el pasaje sobre los eunucos sólo en Mateo, que exige un examen aparte un poco más detallado y preciso. Citemos el pasaje completo: «(10) Dícenle sus discípulos: “Si tal es la condición del hombre respecto de su mujer, no trae cuenta casarse”. (11) Pero él les dijo: “No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. (12) Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda”». Podemos hacer una primera constatación respecto al versículo 10. Los discípulos hacen esta observación:”‘Si ésta es la condición del hombre con respecto a la mujer, no conviene casarse”. Yo pienso que esta frase va unida con todo lo dicho anteriormente acerca de las rígidas normas sobre el matrimonio enunciadas por Jesús, y se puede considerar como una introducción a los versículos sobre el celibato. Tenemos después el versículo 11, que está compuesto por dos partes: la primera es «no todos entienden este lenguaje», que en griego es «no todos pueden acoger esta palabra». La otra parte, «sino aquellos a quienes se les ha concedido», afirma otro concepto: la intervención de Dios. Recordemos que los judíos no pronunciaban nunca el nombre de Dios, sino que usaban lo que se llama el «pasivo divino», es decir, una frase que sobreentendiera la intervención de Dios sin nombrarlo. El versículo 12 también puede ser dividido en dos partes. La primera, en la que se enumeran los tres tipos de eunucos, revela claramente el origen judaico del autor de la frase; de hecho, se trata de un proverbio numérico, muy usado en las escuelas rabínicas, aunque desconocido en el mundo helénico y latino que lo rodeaba. La segunda parte del versículo 12, “quien pueda entender, que entienda”, nos abre un concepto nuevo, además de ser la conclusión de todo, como si de una plegaria se tratase. Hagamos un análisis más detenido del significado de estos versículos durante el resto de la exposición. a) Pregunta provocativa. La primera pregunta que nos hacemos es cuál es la fuente de Mateo, es decir, de dónde ha recibido Mateo tal información. De hecho, hemos visto que tiene todo el contexto en común con Marcos (exceptuando el inciso del divorcio); es decir, toda la enseñanza sobre el matrimonio, sobre los niños, sobre el joven rico, sobre la recompensa a quienes lo dejen todo. En la hipótesis de una fuente común a los dos, nos podríamos preguntar si Marcos es quien omite las palabras sobre los eunucos, que hubiesen sonado muy fuerte a los oídos no judíos (sabemos que el Evangelio de Marcos estaba dirigido principalmente a personas no judías); o si en cambio es Mateo quien añade aquí, después de las frases sobre el matrimonio, un texto que podríamos definir “errante”, y que habría recibido de una tradición particular, desconocida para la fuente común de ambos evangelistas. Por razones que explicaremos a continuación, la mayoría de los exegetas prefiere esta segunda hipótesis. Conviene recordar que, puesto que se trata de hipótesis, éstas se basan en argumentos sutiles; y aunque no llegan a darnos una certeza absoluta, el hecho de que sea verosímil en una materia tan importante como es el estudio del Nuevo Testamento, es ya de gran ayuda, de mucha luz y de mucho alivio. b) El origen de la frase. El Evangelio de Mateo pone en boca de Jesús las palabras que hemos citado más arriba. Pero ¿son palabras pronunciadas por él realmente? Los exegetas, entre los que se encuentra Bultmann y Jeremías3, sostienen que sí por varios motivos: a) el carácter violento de la imagen es propio del lenguaje de Jesús: el mismo que dijo que habría que estar dispuestos a cortarse una mano antes de hacer el mal, podía usar el ejemplo de la castración para hablar de nuevos eunucos por el Reino; b) la estructura semítica de la declaración: ya hemos aclarado que se trata de un proverbio numérico; c) y sobre todo por la novedad de la enseñanza, propuesta en un ambiente judío, en el que el celibato era tan ignorado que incluso faltaba la palabra en el vocabulario hebreo. (Continuará) 1) Después de leer varias obras, tendré sobre todo en cuenta los trabajos de Giuseppe Segall: Il più antico testo sul celibato (Studia Patavina, 1970, pp 121-137), Bruno Proietti: La scelta celibataria alla luce della Sacra Scrittura (Milán 1977), y especialmente, pues es muy útil, el esquema de Taddeo Matura, del Instituto Ecuménico de Investigación Teológica de Jerusalén, el cual resume todos los estudios habidos sobre el tema en las últimas décadas, en dos artículos exahustivos publicados por la Nouvelle Revue Théologique, 6-7 (1975) 2) J. Schmid, L’Evangelo secondo Matteo, edición italiana, Brescia 1957, p. 342. 3) R. Bultmann, The History of Synoptic Tradition, edición inglesa, Oxford 1963, pp. 26, 27, 81. J. Jeremias, Théologie du Nouveau Testament, primera edición francesa, París, 1973, p. 1642.


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