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Octubre - 2010


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Como las fiestas del pueblo

Javier Rubio


Cada año la mariápolis propone a sus participantes el reto de encontrar el punto de equilibrio para que su amor al prójimo no lo avasalle, ni lo desborde, ni lo suplante.

De camino a Huesca el 1 de agosto, me viene a la mente que lo habitual en la celebración de eventos cíclicos es numerarlos: congresos, muestras, ferias, olimpiadas… ¿Por qué las mariápolis no? De ser así deberíamos estar por la cuadragésimo quinta o cuadragésimo sexta, no lo sé bien. Pero también hay citas cíclicas que no requieren numeración, como las fiestas patronales: son todos los años en determinada fecha. Ya en Huesca, un ángel (en realidad María Ángeles, una zamorana intuitiva) me comenta que suele venir a la mariápolis porque, si no, sería como faltar a las fiestas del pueblo. ¡Vaya! Por cierto, el 10 de agosto Huesca celebra sus fiestas patronales en honor a san Lorenzo. Ya saben, aquel del que se cuenta que fue martirizado asándolo en una parrilla. Así lo explica san Ambrosio de Milán en De officiis, y el poeta Prudencio en su obra Peristephanon. Gonzalo de Berceo, poeta castellano del siglo XIII, recogería esa tradición en un largo poema que acaba con estos versos: “Pensaz”, dice Laurencio, “tornar del otro cabo, / buscat buena pebrada ca asaz so asado, / pensat de almorzar ca habedes lazdrado; / fijos, Dios vos perdone, ca feches grand pecado. / Diéstesme yantar buena, ficiésteme buen lecho, / gradézcovoslo mucho e fago grand derecho, / non vos querrié peor por esti vuestro fecho, / nin terrié otra saña, nin vos habrié despecho». De aquí debe venir, supongo, el atribuirle al mártir la legendaria frase: “dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho”. La mariápolis, que se viene realizando en España desde 1964 (en todo el mundo este año han sido más de cien –http://www.focolare.org/mariapolis–), ha experimentado en los últimos años cambios de formato para adaptarse al público que asiste. Pero ¿de qué gente estamos hablando? Según el estudio de uno de los organizadores habituales sobre los datos de los últimos seis años, casi el 34% de los participantes tiene menos de 30 años, y más del 24% son menores de edad, que necesariamente van acompañados por sus padres. Los padres probablemente se sitúan en la franja entre los 31 y los 50 años, que son algo más del 30% de los participantes. Es decir, estamos ante un muestreo típicamente familiar en el que no faltan los abuelos, ya que los mayores de 60 años son casi el 20%. O sea, como en las fiestas patronales. Años atrás la mariápolis solía tener sede fija, o casi. Ahora, por un afán dialogante de exagerada configuración (si Mahoma no va a la montaña...) se organiza cada año en un lugar distinto (Valladolid, Potes, Teruel, Cazorla, Loyola, Cuenca), hecho que provoca no pocas incidencias, digamos técnicas. No hablemos de ellas, que no está bien denigrar a los organizadores. Para muestra un botón: si eres alto y pesas cien kilos, puede que te asignen una cama de 80 para dormir, y que en la ducha no te pongan toalla de baño, sino de manos. No es que te falte tela, es que te sobra cuerpo... En Huesca se han congregado este año algo más de 900 “mariapolitas” de toda España y les han dado la bienvenida el teniente de alcalde, Fernando Lafuente, y el vicario general, Nicolás López. Lo heterogéneo del censo requiere una programación que satisfaga a tiros y troyanos. Un día, por ejemplo, mientras unos juegan en los parques y calles oscenses, otros asisten a sesudas conferencias en distintos foros de la ciudad que les clarifiquen el turbio panorama de temáticas como la política, la educación, la economía o las relaciones personales y sociales. Otro día, el conjunto entero de participantes se reparte en grupos de 30 o 40 personas con la intención de poner a prueba los mecanismos de la comunicación en ámbitos tan variados como el arte, la literatura, el ecumenismo, la vida monástica y muchos más. ¡Todo un reto! «Comunicando-nos», en gerundio “apañao”, era el lema de esta mariápolis, y como subtítulo: «diálogos para la fraternidad», que no pueden faltar estos sustantivos en las propuestas de los Focolares. Comunicar es más que informar, más que dialogar, más que transmitir, más que más cosas. Es una osadía querer definirlo, pero es como un ensamblaje (¡benditas sean las metáforas!) que ajusta a la perfección los dos extremos de un hecho social en el que con frecuencia sobran las palabras (según algunos expertos, sólo suponen el 10% de la comunicación). En uno y otro extremo, claro está, hay personas, y entre ellas se dará un mayor o menor entendimiento según la calidad de su comunicación. Un ejemplo pude disfrutarlo con entusiasmo durante la excursión al monasterio románico de San Juan de la Peña. El enclave es espectacular, pero más espectacular aún fue el proceso comunicativo entre los excursionistas y la guía que iba desentrañando los misterios escondidos en la piedra. ¡La piedra hablaba por su boca!, mientras cincuenta pares de orejas absorbían como esponjas una información que se iba depositando en sus mentes y en sus corazones. Cristina, la guía, estaba feliz ante ese agradecido público que estalló en un aplauso cuando terminó sus explicaciones. Forma y contenido es un binomio que requiere armonía. Me huelo que éste es el reto de cada mariápolis: proporcionar a cada participante el punto de equilibrio para que su amor al prójimo no lo avasalle, ni lo desborde, ni lo suplante. Una dinámica, que algunos llaman trinitaria, gracias a la cual, a partir de dos voluntades amorosas, surge una tercera distinta de ellas que las trasciende. Se han comunicado, ¡y están de fiesta! HAN DICHO... «Me llevo el propósito de comunicarme mejor, no sólo con la intención de ser entendida y atendida, sino ser Amor para el otro. El centro no tengo que ser yo, sino él (...). Qué bonita la forma que Jesús escogió para comunicarse con nosotros: él mismo, su cuerpo, su sangre». «Muy, muy, muy interesante el modo tan laico y juvenil con el que dais a Dios». «Al llegar a casa nos encontramos con el Comunicado (...). Nos ha encantado y nos comprometemos a vivirlo en nuestra ciudad (...). Comunicación: donación y aceptación para com–partir, con–vivir, con–fraternizar, ser familia». «Participación, muchos jóvenes, mucha cordialidad, clima sano, comunión y experiencias trascendentes (...). Feliz de haber podido participar un año más y aprender a comunicar para ser para los demás». «Me ha transmitido una manera de “ser”, una manera de “vivir”. No hay que dar “catálogo de actividades” o de “acciones”. Hay que dar vida, vida para todos. La Vida es Él». «Valoro especialmente los espacios “Comunicándo-te” por la variedad de temas. Participé en el de “Educación afectivo-sexual en la adolescencia”. Me gustó mucho lo que se dijo, pero sobre todo el “cómo” se dijo. Un modo fantástico de comunicar la Verdad y la Belleza». COMUNICADO PÚBLICO - DIÁLOGOS PARA LA FRATERNINDAD Mariápolis Huesca 2010 Somos más de 900 personas de dieciséis comunidades autónomas: niños, chicos, jóvenes y adultos; cristianos y de otras convicciones. Vivimos en una época en la que los medios de comunicación social nos ayudan a relacionarnos pero, a su vez, pueden dificultar el poder liberarse de tópicos y prejuicios con respecto a otras culturas. Por otra parte, nos preocupa el deterioro de las relaciones interpersonales y el aumento de la fragmentación social. Creemos que las personas e instituciones se pueden renovar a través del diálogo, que facilita el encuentro y la fraternidad. Nuestra diversidad representa una riqueza y no un motivo de temor o enfrentamiento. Nuestra propuesta consiste en vivir una nueva comunicación mediante la llamada “regla de oro”: «No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti» (cf. Tb 4, 15), o en su versión positiva: «Haz a los demás lo que querrías que te hiciesen a ti» (cf. Lc 6, 31); expresada en el Evangelio y en casi cuarenta libros de grandes religiones. Se trata de un cambio radical, ya que si hiero al otro me hiero a mí mismo, porque el que pasa a mi lado es mi hermano. No es un planteamiento para ilusos. Hemos experimentado en estos días que se trata de una vía práctica y eficaz para que la sociedad no se destruya y se pueda construir un mundo más humano y unido. ¿Cómo? Siendo cada uno el motor del cambio que queremos para el mundo, empezando en nuestro entorno más cercano, mediante acciones y actitudes concretas: - aprendiendo a escuchar desde el respeto y la comprensión, - eliminando y superando los prejuicios, - descubriendo y subrayando lo positivo, - promoviendo espacios de diálogo sinceros y abiertos, - fomentando, ya en la familia, el respeto a la diversidad, - siendo constructores de unidad, - amando, poniéndose en el lugar del otro. Invitamos a todas las personas que reciban este comunicado a que adhieran a él y nos comprometemos a seguir viviendo así en nuestras ciudades y pueblos. Los participantes de la mariápolis Huesca 2010 Organizada por el Movimiento de los Focolares del 2 al 6 de agosto (propuestas y comentarios a: mariapolishuesca@focolares.es) Más fotos en: http://picasaweb.google.es/104458476711828470463/COMUNICANDONOSENHUESCA


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