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Julio - 2010


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Sacerdotes hoy

Francisco T. Tomás


15.000 sacerdotes acudieron a Roma para los actos de clausura del Año Sacerdotal.

En la Ciudad Eterna no es infrecuente encontrarse con sacerdotes, pero del 9 al 11 de junio eran mucho más numerosos de lo habitual, tanto que turistas y ciudadanos paraban a alguno y le preguntaban con admiración: «¿¡Qué pasa!? ¿Hay algún evento?». En cualquier terraza o heladería había un grupito de sacerdotes, en algunos casos con su obispo que los invitaba, en un clima de armonía y alegría. O se cruzaba un grupo con otro y, como quien pasea por su pueblo, se paraban amigablemente, sobre todo si alguno se conocía. Era la clausura del Año Sacerdotal, que Benedicto XVI convocó en marzo de 2009 para que iniciara en junio de ese mismo año, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, y finalizara en la misma fiesta de 2010. También proclamó a san Juan Bautista María Vianney, el Cura de Ars (150 aniversario de su muerte), patrón de todos los sacerdotes del mundo, que ya lo era de los párrocos. Las previsiones quedaron desbordadas: 15.000 sacerdotes de los cinco continentes, decenas de obispos incluidos, participaron en diversos actos, cuyo culmen fue una gran concelebración en la Plaza de San Pedro la mañana del 11 de junio. En 1982 L’Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, calificó un encuentro de sacerdotes y religiosos promovido por los Focolares en el Aula Pablo VI del Vaticano como «la mayor concelebración desde la institución de la Eucaristía». Eran más de 7.000. Ahora quedaba superado. La noche anterior hubo una vigilia de testimonios y oración. Un seminarista habló de su vocación, una familia alemana con seis hijos (un sacerdote, un seminarista, una religiosa, una consagrada y dos casados)... y una conexión en vídeo con Ars y con Jerusalén. Emocionante la llegada del Papa en el vehículo con techo panorámico. Cinco preguntas al Papa, planteadas por un sacerdote de cada continente: el exceso de trabajo de los sacerdotes, el estudio y la formación, la crisis de vocaciones, el clericalismo y el celibato. La sabiduría del Papa teólogo (¡y místico!) hecha sencillez respondía con calma a cada una, dejando a un lado los papeles y hablando con el corazón de padre y hermano mayor, arrancando aplausos. Particularmente impresionante la adoración al Santísimo: el Papa de rodillas en profundo recogimiento ante Jesús Eucaristía en la custodia, y como gigantesca custodia de fondo la fachada iluminada de la Basílica de San Pedro. Detrás de él, los 15.000 sacerdotes de rodillas en el adoquinado pavimento de la plaza, mientras una coral de 600 componentes entonaba el «Adoro te devote» de Santo Tomás, al que se unía el inmenso coro de voces masculinas en las estrofas gregorianas. Luego, silencio de adoración. ¡Hasta se oía el tintinear del agua de las dos fuentes de la plaza! Y como un trasfondo lejano y apagado, muy a lo lejos, en “otro mundo”, el tráfico nocturno de la noche romana. Estos actos habían tenido su preparación los días 9 y 10 por la mañana. Congregados en las basílicas de San Juan de Letrán y San Pablo Extramuros (según las lenguas, por la traducción) hubo sendas conferencias, seguidas de un momento de adoración (y a la vez, oportunidad de confesarse) y la concelebración de la misa. El miércoles, el Card. Meisner de Colonia, hablando de «Conversión y misión», afirmó entre otras cosas que tenemos que permitirle a Dios que ejerza su derecho a amarnos a través del sacramento de la reconciliación. Antes había hecho una interesante comparación: «Igual que cuando alguien toca un objeto radiactivo queda él mismo radiactivo, todos nosotros, de modo positivo, debemos ser “cristoactivos”». Y el jueves, el Card. Ouellet de Quebec, «invocando al Espíritu Santo con María en fraterna comunión», subrayó que Pedro y María cumplen la función de mantener la unidad de la Iglesia, cada uno según su modo. Hubo otro acto que no formaba parte del programa oficial, pero que había sido muy impulsado por la Congregación para el Clero. El miércoles por la tarde se reunieron en el Aula Pablo VI casi 5.000 sacerdotes además de otras 1.000 personas entre seglares y religiosos para el encuentro «Sacerdotes hoy». El Movimiento de los Focolares y el de Schoenstat promovían el evento: dinámico, sencillo, vital, profundo, bello. Los “esquemas” se rompían empezando con un hip hop interpretado por el grupo internacional femenino Gen Verde, que coordinó preciosa y calladamente todos los momentos artísticos, y bailado por seminaristas y jóvenes de la ciudadela de Loppiano. Acto seguido, la experiencia de tres jóvenes sacerdotes burundeses, supervivientes de la masacre de los 40 seminaristas de Buta en 1997, hizo subir el nivel de emoción, escucha y deseo de entrega hasta dar la vida. Los problemas y crisis de algunos sacerdotes resueltos positivamente gracias a la caridad de la comunidad o al amor a Jesús crucificado y abandonado, pusieron a todos con los pies en el suelo y animaban a no ser ingenuos, sino a vivir plenamente la comunión. «Hombres de Dios - Iconos de Cristo», «Hermanos entre hermanos en un único Pueblo» y «Profetas de un mundo nuevo» eran los tres bloques temáticos del acto y así la sucesión vida y arte dejaba vislumbrar una Iglesia bella, con pastores y laicos en comunión, haciendo intuir un “sacerdocio mariano” que brilla gracias al servicio por amor. Dios es Verdad y Bondad, pero también es Belleza. Por eso quizá, el cardenal Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, al transmitir el saludo y la bendición del Papa a los participantes, afirmó que, hablando con el Santo Padre dos días antes sobre este acto, lo veían como «la joya del rico programa de estos días». Detrás de cada palabra, de cada paso, de cada foco y rayo de luz, se intuía un amor grande y concreto de decenas de personas, y mucha comunión tejida ya desde mayo del año pasado, cuando se empezó a pergeñar el evento. Los frutos de tanto sacrificio quedan grabados a fuego en cada uno de los que participaron. Como preparación Un congreso de sacerdotes y seminaristas había tenido lugar en el Centro Mariápolis de Las Matas (Madrid) en abril, en la semana de Pascua, como cita previa a la clausura del Año Sacerdotal. Tres días intensos y disfrutados por unos cincuenta participantes. “La comunión, clave de una pastoral nueva”, que era su título, caracterizó esos días en familia animados por temas de actualidad elaborados por cuatro sacerdotes y el arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz. “Perfil mariano de la Iglesia en la sociedad posmoderna”; “El sacerdote, hombre del diálogo, ministro de comunión”; “Jesús presente en medio de la comunidad clave de una nueva pastoral”; “Iglesia particular y carismas” y “Jesús crucificado y abandonado en el mundo sacerdotal”. Algunas interesantes experiencias de vida sellaban lo expuesto y servían de referencia. Y alternándose en armonía la convivencia, la oración de las Horas, la celebración de la Eucaristía, los ratos de descanso y las reuniones de grupo, en las que todos comentaban el tema. Todo contribuía a hacer palpable la presencia de Jesús Resucitado según su promesa: “donde dos o más están unidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18, 20). La impresiones son muy expresivas, valorando los temas e insistiendo en el clima de familia: «Magnífica la acogida y trato por parte de todos; aprendí muchas cosas que me van a ayudar en mi vida, ahora como seminarista y luego como sacerdote»; «Creo que ha sido uno de los congresos más logrados por la profundidad»; «Ha funcionado el Espíritu Santo como fruto de Jesús en medio»; «He palpado la madurez de los sacerdotes del Movimiento»; «Se me ha puesto de relieve Quién es el Amor primero: Dios nos amó primero, y mi amor quiere ser correspondencia agradecida al Amor»; «El clima ha sido verdaderamente Pascual, de vida nueva. Los temas han transmitido la “luz nueva” del carisma y para este Año Sacerdotal se ha percibido con nitidez el sacerdocio mariano que nos caracteriza». José Varas Palabras de... Card. Tarcisio Bertone: Os traigo «el saludo, el afecto y la bendición del Santo Padre Benedicto XVI». «Días atrás hablábamos de este encuentro, que se injerta como una joya en las iniciativas para la conclusión del Año Sacerdotal, y me manifestó su aprecio por los movimientos eclesiales, que han querido realizar este encuentro bajo el signo de la unidad y la fraternidad. Vengo, pues, a deciros que el Papa os está especialmente cercano». «Leyendo el programa de vuestro congreso he podido captar (…) el trayecto de una vida sacerdotal robusta y generosa, marcada por “una radical forma comunitaria” (…) y quiero subrayar que el aliento de la comunión es un elemento fundamental para la salud del cuerpo de la Iglesia». Card. Claudio Hummes, Prefecto de la Congregación para el Clero: «Durante la preparación nos hemos reunido muchas veces para pensar en toda estas iniciativas de clausura del Año Sacerdotal. Los tres movimientos han venido a hablarnos sobre este acto. Yo estaba muy satisfecho porque estaba seguro de que iba a ser algo muy bueno para nuestros sacerdotes, algo que de verdad nos rejuvenece, nos renueva, nos da la alegría de ser sacerdotes, de ser sacerdotes en estos tiempos, en este mundo de hoy, en esta cultura de hoy». Detrás del escenario «Una divina aventura», eso han sido los dos meses que he pasado en el centro internacional de los sacerdotes de los Focolares ayudando a preparar el encuentro «Sacerdotes hoy». Cuando llegué, me dije: «Aquí estoy, Señor, para hacer tu Voluntad». Desde el principio me impresionó la forma de trabajo: todo se programaba y se realizaba en unidad y para la unidad. A ello contribuía el rezar cada mañana en común al Eterno Padre y de acuerdo en qué pedir, porque «si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos» (Mt 18,19-20). Eso nos ayudaba a realizar el trabajo con Jesús en medio de nosotros por el amor recíproco, y esto marca la diferencia. Un segundo aspecto fue el contacto con todas las vocaciones y ramas de los Focolares, y más desde que María Emmaus Voce, su presidenta, invitó a vivir el evento no como algo sólo sacerdotal, sino como una acción de todos, para que “resplandezca la belleza de la Iglesia”. Y así fue. Muchos, distintos, pero un solo pueblo. Las relaciones fraternas con unos y otros, las manifestaciones de ayuda, el cariño, la oración... también marcaban la diferencia. Preciosa fue la colaboración con otros movimientos eclesiales, Schoenstat sobre todo. Y sentir cercano todo el planeta: recibíamos y hacíamos llamadas a todos los países, también a los sacerdotes que no podrían venir a la clausura del Año Sacerdotal. A éstos, sobre todo a los mayores y enfermos, les pedíamos su oración y ofrecimiento por el buen andar del evento, y esto también marcaba toda la diferencia, pues se creaba un aprecio y una unidad tal que sólo Dios sabe los frutos que dará. Una experiencia, consecuencia de toda esta vida evangélica: Pocos días antes del evento, durante la preparación, al final de la jornada fuimos a las Hermanas de la Caridad para darles la comida que no habíamos consumido para sus pobres (trabajábamos casi 150 personas entre técnicos, artistas, sacerdotes, etc...), entonces un guardia del Aula Pablo VI se acerca y me dice: «Queremos darte las gracias por la forma de trabajar, el testimonio de vuestra serenidad, el empeño de cada uno en hacer bien lo que le toca, vuestra sonrisa continua y la acogida concreta para con nosotros... He quedado encantado. En el fondo de mi corazón ¡me apetecería dejarlo todo y seguiros!» Sergio dos Santos


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