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Febrero - 2010


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¿Debemos hacer eso?

Daniel Barcala Gil y Luis Velasco


Continúa el debate sobre la manera de salir de la actual crisis económica.

El artículo de Luis Velasco publicado en diciembre de 2009, acerca de lo que habría que hacer para salir de la crisis económica, es susceptible de algunas puntualizaciones y en cierto modo me suscita un desacuerdo fundamental. Comenzaré por éste. Sus afirmaciones no se presentan como una propuesta discutible, como lo es todo en economía, sino como una exigencia imprescindible. Esto, que me parece algo pretencioso, se basa en la enunciación de unas tesis más cercanas a la política económica que a la economía objetiva, sin llegar a argumentarlas de modo convincente. Habría sido más adecuado iniciar un debate, interesante y necesario, sobre “qué hacer” ante las consecuencias del fracaso económico que, según vaticinan, serán más serias debido a la insistencia del neoliberalismo en “sostenella” y no “enmendalla”. Pero el artículo se presenta como una serie de afirmaciones no demostradas con esa característica que las encíclicas sociales definen como ideología: una visión parcial que se presenta como absoluta y que se autoatribuye, sin fundamentación alguna, la característica de verdad irrefutable. Las tesis del artículo son notablemente cercanas a la formulación de la alternativa que desea la derecha española y que habitualmente se expresa en tertulias periodísticas de los medios de comunicación cercanos a ella. De modo que se podría decir que no sólo estamos ante cierta inclinación hacia la ideología, sino también hacia la propaganda política, cuyo mensaje subyacente sería: «la derecha tiene razón, la izquierda no»; mensaje poco creíble cuando ambos, tanto populares como socialistas, han fomentado la misma deriva económica. Entrando en las respuestas, creo que en la historia económica española de los últimos decenios el núcleo de esas medidas las han puesto en practica cuantos han pasado por el gobierno, tanto del PP como del PSOE: reducción de prestaciones sociales; tendencia a reducir la indemnización por despido improcedente; minoración de aportaciones empresariales a la Seguridad Social; oferta de un amplio catálogo de subvenciones a los empresarios; reducción progresiva del gasto público en protección social… Los resultados llevan a la conclusión de que tales medidas son incapaces de conjurar la actual crisis económica, porque han sido precisamente ellas las que han contribuido a la desafortunada situación actual. Luis Velasco centra su propuesta en la necesidad de no incrementar el gasto público, que lo financia el Estado a través de la captación de capital privado mediante la emisión de deuda. Ésta es una reivindicación querida desde siempre por el sector empresarial, que busca así disponer de un crédito más abundante y barato al no competir con el Estado en la captación de capital. Pero esa formulación se convierte en una cuadratura del círculo imposible de conseguir: a) si la inversión de las empresas en I+D debe subvencionarla el Estado, tal subvención es un gasto público; b) si se facilita el despido improcedente (el único que se indemniza), los despedidos percibirán subsidio de paro y otras prestaciones sociales al no poder mantenerse a sí mismos; c) si se reducen las aportaciones empresariales a la Seguridad Social, entonces el Estado deberá aportar sus recursos para cubrir el déficit incrementado a causa de la exención de los empresarios. No habrá pues reducción del gasto público, sino incremento, si se siguen estas propuestas, salvo que desaparezcan el subsidio de paro, las prestaciones sociales, las indemnizaciones en el despido improcedente y hasta la propia Seguridad Social. Insiste en reducir las prestaciones sociales, lo cual es injusto ya que buena parte de ellas requieren por parte del beneficiario periodos previos de cotización, mientras que otras se cubren con impuestos que en su momento el beneficiario también pagó, siendo en realidad un seguro social y no un regalo de “papá Estado”. Reducir las indemnizaciones por despido improcedente atenta contra una correcta estructuración de esa institución civil que es el contrato, uno de los fundamentos del derecho y la sociedad civil. Lo aceptable es que, si el empresario rompe el contrato sin que sea procedente, deba indemnizar de modo suficiente. Además, y en un contexto donde se tarda mucho en encontrar empleo, la indemnización no puede ser escasa; lo demás es regresar al abuso en las relaciones sociales. Si se implantan las tesis neoliberales, entonces tendremos un incremento de la injusticia social que ya campa en nuestra sociedad, así como de la precariedad en situaciones personales, disparando el índice de pobreza ya existente. Tendremos la consagración de la sociedad de los 3/5 hacia la que vamos a paso acelerado: 2/5 de la sociedad viviría en la pobreza-miseria y el resto a cuerpo de rey. Será inevitable que progrese la desconfianza por la democracia, debido al tipo de sociedad que genera, y el distanciamiento de la ciudadanía respecto a unos dirigentes que aprueban medidas económicas que les dejan en la estacada, mientras que en el nivel de los líderes se multiplica el gasto. ¿Es aceptable tal “proyecto” social? Recordemos, como insiste la doctrina social de la Iglesia, que las opciones económicas no son independientes de las opciones axiológicas. Daniel Barcala Gil (Titulado en Cooperativismo por la Facultad León XIII) Gracias por su crítica. Ésta era una de las intenciones al publicar el artículo. Sin pretender ser exhaustivo, expuse siete puntos que entiendo facilitarían una salida mejor y más rápida de la crisis, concluyendo con una invitación a los lectores a debatir sobre el tema. Trataré ahora de responder a algunos de sus comentarios. Creo que cualquier análisis económico serio dirá que no se están tomando las medidas adecuadas. Como prueba, los resultados. Según el último boletín económico del Banco de España, «la actividad económica siguió contrayéndose en el tercer trimestre de 2009, el PIB real sigue registrando tasas negativas (el -0,3%) y el empleo sigue disminuyendo a un fuerte ritmo interanual». Mientras tanto, los países de nuestro entorno inician la senda de la recuperación. No veo en esto un análisis político, aunque política y economía están íntimamente ligadas, ni creo que ningún economista opine que se esté haciendo lo mejor para combatir la crisis. El paro en España no está en relación con el paro de los países de su entorno, que también sufren la crisis, sino que duplica el nivel de los peores índices de la Unión Europea. Luego hay que dar un giro social, y una medida que fomente la contratación y la creación de empleo, que es el objetivo final, puede ser disminuir las indemnizaciones por despido o el gasto empresarial en la Seguridad Social, aunque sólo sea temporalmente. La financiación del Estado a través de capital privado es normal, sin embargo se está dando el “efecto expulsión”, que se produce cuando la Deuda Pública se emite en masa y con tipos de interés elevados, lo que provoca la expulsión del mercado financiero de los emisores privados, que no pueden competir con el Estado por garantía, seguridad y remuneración. Los inversores entonces prefieren los fondos públicos a los valores privados. La emisión de deuda en España se ha multiplicado por seis con respecto a la de hace un par de años. Finalmente, la intención de estas medidas no es reducir las prestaciones sociales, disparar el índice de pobreza o incrementar las diferencias sociales, sino todo lo contrario. El equilibrio social no se alcanza cuando el Estado se ocupa de pagar a todos, sino cuando todos tienen la oportunidad de trabajar y el Estado se ocupa de solventar la situación precaria de los que no pueden acceder al mercado de trabajo. La solución, pues, no pasa por pagar más a los desempleados durante más tiempo, sino por facilitar la generación de puestos de trabajo y de una economía competitiva. Luis Velasco


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