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Enero - 2010


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LEYES

José Fernández del Moral


Bancos: casi todo está inventado

No lo duden. Desde los antiguos cambistas de la edad media hasta las modernas transacciones financieras por internet se ha recorrido un larguísimo trecho, pero también se ha conformado la actuación bancaria con unos principios esenciales que, en lo básico, hacen acertada la afirmación del Eclesiastés: «Nada nuevo hay bajo el sol». En esta ocasión pretendo exponerles unas ideas tan simples que parecen verdades de Perogrullo, pero que considero son los pilares que nos ayudan a comprender las relaciones entre nosotros, como clientes, y las entidades bancarias. Originalmente el beneficio de la figura que hoy llamamos “banco” se obtenía de forma muy simple: la gente le dejaba su dinero al banquero a cambio de que les diera un interés por el mismo. El banquero prestaba ese dinero a otras personas por un interés más alto del anterior y de esa forma se beneficiaba de la diferencia. Con el paso del tiempo, su negocio se fue orientando a otro campo más: el banco presta un servicio a sus clientes que éstos lógicamente pagan; por ejemplo, retirar dinero en otras ciudades, utilizar medios para pagar que no sean efectivo, domiciliar deudas, garantizar operaciones, etc. En estas funciones tan básicas como necesarias y positivas para nuestra sociedad encontramos el germen de unos principios generales innatos al funcionamiento bancario que tiene las siguientes consecuencias para nosotros, clientes. En primer lugar, cuanto más beneficio, más riesgo. De ahí que cuando alguien le ofrezca por su dinero un rendimiento que supera con creces lo que normalmente se da, debería estudiar con prudencia esa operación porque, en principio, hay algo que no cuadra. La competencia entre entidades puede hacer que el interés que unas u otras le ofrezcan varíe un poco, pero no habrá grandes diferencias entre bancos que le aseguren con fiabilidad esos rendimientos, porque si las hay, significa que su dinero se está invirtiendo en negocios arriesgados. Negocios muy seguros y que den mucho beneficio, no se preocupe, ni un banco ni nadie nos los ofrecerá. En segundo lugar, cuanto más tiempo nos comprometamos y más servicios solicitemos del banco más ventajas tendremos. Evidentemente fidelizar a los clientes es un anhelo de toda entidad. Y tercero, tenga en cuenta que cuando un banco le presta un servicio, usted sin duda lo paga. Las comisiones y gastos son una parte fundamental de los beneficios de las entidades de crédito. Por todo ello, cuando últimamente he visto en los medios de comunicación ofertas espectaculares por nuestros ahorros (12, 13 o 14%), reconozco que las miro con lupa porque, o bien en la letra pequeña observo que son imposiciones a plazo de más de un año de duración y el interés anunciado no es anual sino por todo el periodo en que se deposita el dinero, o bien porque son inversiones en productos arriesgados en las que la entidad me ofrece muchas posibilidades de beneficio pero, por supuesto, no me garantiza casi nada. También es usual que, al suscribir Planes de Pensiones y otros productos financieros, nos ofrezcan regalos u otras ventajas (cuyo valor ya forma parte del rendimiento del producto). A menudo serán propuestas que merecerán la pena, pero analicemos con tranquilidad no sólo la garantía que ofrece la entidad, sino también las comisiones que nos aplicarán, el tiempo por el que nos comprometemos y el resto de servicios de ese banco que debemos contratar obligatoriamente. No tengo empacho en reconocer que agradezco que los bancos y cajas de ahorro me presten un servicio que, como tal, tengo que pagar. Cierto es que comparo las condiciones de unos y otros y, como hay diferencias, me comprometo con el más conveniente. Pero las diferencias son relativamente escasas, más bien cuestiones de detalle. Por lo tanto les recomiendo que, además de resultados, busquen garantía, seriedad, honradez y que sean cuidadosos con la publicidad que nos llega. fdelmoral@eresmas.com


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