Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio y poder registrar el proceso de compra. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las 'cookies', puedes ver nuestra política de cookies, aquí
Política de cookies +
logorevista

Usuario
Contraseña   
Recordar contraseña
logoIntroduzca su email y recibirá un mensaje de recuperación de su contraseña






                 

Conozca
nuestros
libros
libro

Mirador
Diciembre - 2009


EN ESTE NÚMERO


Suscríbase si quiere tener acceso a la descarga de los pdf de todos los artículos.
Regístrese para poder descargarse dos artículos del número actual y tres de números anteriores al mes.

Con las alas ligadas

Julio Márquez


Hombre y mujer, creados para “volar” juntos. Pequeña guía de nuestros condicionamientos biológicos.

¿Quién no conoce a una niña guapa, ordenada, educada, parlanchina pero sin exagerar, de aspecto juicioso como «una verdadera mujercita», atenta, amable y dulce? Desde pequeñas, las niñas son capaces de tomar decisiones colectivas, resuelven los conflictos mediante el consenso, buscan la relación y la aprobación social, saben interpretar al vuelo las emociones y el estado de ánimo de las personas... En cambio, los niños están constantemente compitiendo y luchando, quieren explorar su entorno y tocar los objetos, sobre todo los prohibidos. Las niñas estudian los rostros, son más sensibles que los niños al sufrimiento ajeno y en los primeros años de vida desarrollan un carácter influido por la tranquilidad o por el estrés de su madre. Con sus capacidades verbales, afectivas y sociales, buscan sobre todo relaciones recíprocas estrechas, mientras que los niños, con su fuerza física, su capacidad de orientarse y de jugar con monstruos o superhéroes, buscan el poder, delimitar su territorio y un rol social. La agresividad de las niñas, que emplean sobre todo el arma del lenguaje, sólo asoma para proteger su mundo de relaciones sociales. Iguales y distintos desde pequeños. Adolescentes Sin embargo, todo cambia en poco tiempo y de improviso. Para las chicas se vuelve estimulante ser atractivas y captar la atención de los chicos, así como compartir secretos de amoríos. Algunos días están seguras de sí mismas, hablan deprisa y coquetean sin calcular las consecuencias; en otros momentos se debaten en la incertidumbre o están muy irritables por el temor a que las puedan rechazar y quedarse solas. Por el contrario, los chicos hablan poco y no quieren salir con sus padres; su único objetivo es que los dejen en paz en su habitación, solos con sus pensamientos, tal vez turbados por sus fantasías sexuales. Buscan sobre todo ser independientes de los demás y un grupo reducido de amigos. La medicina y la biología explican que las características psicofísicas de las personas son el resultado de milenios de historia evolutiva de la raza humana, además de las experiencias individuales en los primeros años de vida. El resultado es que desde la adolescencia en adelante, las hormonas “regulan” la vida diaria, al menos en parte. La regla influye en el humor de las chicas, más tranquilo y relajado en las primeras semanas, más irritable y estresado en los últimos días, en los que los cambios son frecuentes e imprevisibles. Ellos también se vuelven más agresivos, sobre todo con su padre. Hasta los 21 años seguirán aumentando los andrógenos, que regulan el impulso sexual, mucho más fuerte que en las chicas. Tanto el cerebro de ellos como el de ellas está en plena evolución. En este período, las hormonas cuentan en el proceso de formación de la personalidad, pero también el ambiente familiar, la relación con los padres, las experiencias positivas (de voluntariado, por ejemplo) y las negativas, y sobre todo, el grupo de amigos. Con todo, no obstante los condicionamientos sociales y el impetuoso desarrollo psicofísico, la característica de los jóvenes es la generosidad, la alegría, la amistad y la confianza en el futuro. Amor y afectividad En las relaciones con el sexo opuesto, los varones son cazadores, mientras que las mujeres son las que eligen. Según algunos (¿fríos?) estudios, parece que en todas las culturas ellas buscan varones más altos y algo más mayores que ellas, que tengan una buena posición social y recursos adecuados. Por su parte, ellos buscan señales de fertilidad y prefieren a las mujeres atractivas físicamente, con ojos y pelo bonitos, piel tersa y figura con curvas. El enamoramiento, el verdadero, es un momento decisivo para la vida afectiva de la pareja que se recuerda en los momentos difíciles. Normalmente las mujeres son más prudentes que los varones, porque buscan a alguien de quien puedan fiarse. Y si para ellas cuentan mucho los mimos y que las escuchen, ellos necesitan sobre todo contacto físico frecuente. En caso de ruptura traumática, a veces los hombres pueden volverse violentos, mientras que las mujeres caen más a menudo en la depresión. En cambio, si la relación va adelante y se hace “de por vida”, tanto ellos como ellas experimentan juntos placer, consuelo y serenidad. El interés por el sexo en la mujer parece discontinuo y va unido sobre todo a sentirse amada y deseada por su pareja, de la cual debe fiarse completamente para poder “abandonarse”. De hecho, las distracciones y las preocupaciones pueden estropear el ambiente adecuado, pero también ¡las pocas atenciones de ellos durante las veinticuatro horas antes! En cambio, para ellos el deseo sexual es casi una necesidad física de fondo, siempre presente. E igual que para la mujer la falta de comunicación significa la muerte de la relación, para el hombre puede serlo la falta de contacto físico. Estamos condicionados, es verdad, y sin embargo podemos ser fieles toda la vida. Estamos limitados, es cierto, pero podemos perdonar. Maternidad y paternidad La maternidad cambia de manera irreversible el cuerpo y la mente de la mujer; ya nunca será la misma. Su estrecho vínculo físico con el recién nacido hace que varíen sus prioridades y su manera de pensar y de sentir, y al mismo tiempo desarrollan el instinto de protección y su consiguiente agresividad maternal. Al padre le cuesta entender la situación y con el tiempo se puede volver celoso, porque percibe que ya no es el primero para ella. A la hora de volver al trabajo, se pueden dar en la mujer profundos conflictos provocados por la ansiedad que le produce separarse del bebé y sus expectativas profesionales anteriores. La falta de concentración, la ansiedad y el desasosiego pueden ser grandes e influyen en la manera en que las hijas vivirán a su vez la maternidad. Las abuelas pueden ser clave para superar este momento sin traumas. De hecho, la experiencia enseña que las madres dan lo mejor de sí mismas cuando se encuentran en condiciones ambientales previsibles, serenas y sobre todo estables, y si pueden contar con la ayuda de la comunidad. Otros condicionamientos; a pesar de todo, seguimos sabiendo amar y superar los obstáculos. Vida de familia Para darse cuenta de que a ella le pasa algo, el hombre tiene que ver sus lágrimas. Ella, en cambio, es supersensible y sabe interpretar las mínimas expresiones faciales de él, en especial las señales de infelicidad. Ella es una especialista de las emociones, mientras que él trata de evitarlas porque se siente impotente; ya que no sabe compartir sus problemas, los resuelve por sí mismo. Ella recuerda claramente los detalles de sus experiencias sentimentales; él, en cambio, sólo los casos de violencia o amenazas. También hay diferencias en el uso de la tecnología. Los hombres usan el móvil para ampliar su vida social, mientras que las mujeres lo usan sobre todo para ocuparse de la familia y coordinar las actividades de todos. Cuando algo no funciona en la familia, las mujeres lo viven con mayor ansiedad que los hombres. En caso de pelea, ellas emplean frases furibundas, mientras que los hombres, al sentirse en desventaja en el área verbal, a veces reaccionan violentamente. Por suerte, con la edad ellos se enfadan menos a menudo y ellas aprenden a “morderse la lengua”. En caso de desdicha el culpable es el marido, que a lo mejor se acaba de jubilar y está siempre en casa. Sin embargo, incluso si estamos cansados y desanimados, siempre podemos volver a empezar, a reconstruir juntos la relación con tenacidad y fuerza de voluntad. Los “taitantos” Después de los cuarenta, tanto ellos como ellas empiezan a perder fuerza muscular, elasticidad en la piel, agudeza visual y auditiva, tonicidad en las arterias, en las articulaciones, etc. Al acercarse a los cincuenta, pueden empezar para ella los sofocos, el dolor de articulaciones, la ansiedad, la irritabilidad y la pérdida de interés por el sexo. También puede aumentar la importancia que le da a la vida profesional, por lo que los hijos y la unidad de la familia pasan a un segundo plano. A veces, el cambio de personalidad puede ser tan repentino que el marido saldrá con la famosa frase: «¡Ésta no es la mujer con la que me casé!» En cualquier caso, a pesar de que la edad avanza, normalmente las mujeres se mantienen activas, lúcidas y capaces de llevar situaciones complejas, como por ejemplo los abuelos que no se valen por sí mismos y/o los hijos mayores que no se van de casa o que vuelven después de que su matrimonio ha naufragado. Los hombres, en cambio, acostumbrados como estaban por lo general a concentrarse en su trabajo, corren el riesgo de volverse abúlicos y “vagos” en casa o se sienten tentados de lanzarse en (¿patéticas?) aventuras extraconyugales. Entre los cincuenta y los sesenta, tanto a los hombres como a las mujeres pueden manifestárseles enfermedades graves, como el cáncer o enfermedades de corazón. Y entre los sesenta y los setenta pueden aparecer problemas neurodegenerativos. Sin embargo, a pesar de las tentaciones, de las desilusiones, de los dolores y de las enfermedades, podemos sonreír, compartir y “volar” alto en nuestra relación personal con lo Absoluto. Esperanza ¿Por qué hemos hecho este recorrido por las distintas edades de la vida? ¿Para constatar que los condicionamientos biológicos son irremediables y así no considerarnos responsables de nuestras acciones? No, nuestra responsabilidad sigue ahí. Pero quisiéramos que se entendiera que determinadas acciones, infelicidad y “errores” son resultado, al menos en parte, de nuestras limitaciones físicas y psicológicas, de las que tal vez ni siquiera seamos conscientes. Todos tenemos en común una gran fragilidad, por lo que no “juzgar” a los demás es sin duda la actitud más sabia. En cambio, conocerse a sí mismo y a la persona que tenemos al lado puede ayudarnos a entender y por consiguiente a amar de la forma adecuada, viéndonos el uno al otro con simpatía y con una mirada llena de esperanza. Con el paso de los años, en la pareja crece la intimidad, pero paradójicamente afloran cada vez más diferencias. Ella tiene una inteligencia intuitiva, capta las situaciones a la primera, tiene una visión global de la realidad y percibe los detalles. En cambio, él es analítico, abstracto y actúa en función de un objetivo. Para ella es importante intercambiar sensaciones, emociones y sentimientos utilizando un lenguaje rico, mientras que él comunica hechos y con un lenguaje sintético. Para él la casa es su morada, el lugar donde poder descansar. Para ella, los objetos de la casa, como las cortinas y las sábanas, forman parte de ella y el hecho de cuidarlos es una expresión de amor por la familia. Somos distintos, pero tenemos la capacidad de dialogar, de comprendernos e ir de la mano, de ser acogedores y así descubrir, día tras día, el misterio que el otro nos va desvelando poco a poco.


Deja aquí tu comentario


Introduce los caracteres que ves en la imagen

Numeros aleatorios Recargar imagen





BUSCADOR
¡¡La búsqueda no ha producido resultados!!
Modos de acceso

De forma gratuita


Acceso a cinco artículos cada mes: dos de la revista del mes en curso y tres de revistas anterior, a su elección
logoIntroduzca los datos para el registro












Suscripción


Recepción de la revista en papel en su domicilio y acceso online a todos los artículos de las revistas

Solicitud de suscripción a la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados.



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población




Teléfono de contacto


E-mail



Contraseña



Repita Contraseña



Suscripción anual:
España: 47 €
Otros países: 57 €

Otras suscripciones anuales:
Colaborador: 60 €
España, 5 revistas: 180 €


Forma de pago
Domiciliación bancaria
Giro Postal
Transferencia
Paypal
Pago con tarjeta


Comentario



Acepto los siguientes términos y condiciones: En cumplimiento de lo establecido en el art. 5 de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, procedemos a informarle de que sus datos serán incorporados a un fichero informatizado de datos personales con fines comerciales y promocionales, incluida la publicidad por medios electrónicos que puedan ser de su interés, cuyo responsable es Editorial Ciudad Nueva con domicilio en José Picón, 28 - 28028 Madrid y tiene derecho de acceso, rectificación, cancelación y oposición de los datos que sobre usted figuren en el mismo.


Su solicitud de suscripción ha sido enviada.
Nos pondremos en contacto con usted
Muchas gracias

Enviaremos tres ejemplares a su dirección para que conozca la revista

Conozca la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulario cumplimentando todos los datos solicitados para que podamos enviarle tres ejemplares de la revista a su dirección .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario




Recomiende la revista Ciudad Nueva


Rellene el siguiente formulariocon los datos de la persona a la que quiere que le enviemos tres ejemplares de la revista para que la conozca .



Nombre


Apellidos


Dirección


Código Postal


Población


Provincia


País


Teléfono de contacto


E-mail



Comentario








Editorial Ciudad Nueva
C/ José Picón, 28
28028 Madrid (España)
Aviso legal
Mapa de la Web
Política de cookies
@2015 Editorial Ciudad Nueva. Todos los derechos reservados
facebook