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Noviembre - 2009


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¿Un político y periodista santo?

Aurora Nicosia


Entrevista imaginaria a Igino Giordani. Acaba de cerrarse la fase diocesana de su proceso de beatificación.

Pues sí, lo confesamos, nos lo hemos preguntado más de una vez: «¿Qué escribiría Giordani sobre este tema?». Su estilo ingenioso y su pensamiento agudo de político, periodista, hombre de Iglesia y padre de familia en tiempos no menos atormentados que los actuales, nos hacen pensar que hoy también tendría muchas cosas que decir. Y me agrada pensar que esa “santidad laica” suya, que poco a poco se está verificando, está embebida de amor por el hombre, por una sociedad renovada por el Evangelio, por el bien común. Nos parece casi que el milagro más grande que le podemos pedir es que interceda por este mundo nuestro, tan atormentado. Basándonos en textos y documentos que expresan fielmente su pensamiento, le hemos hecho una entrevista imaginaria que nos muestre la actualidad de este siervo de Dios, cuya fase diocesana del proceso de beatificación se cerró en Rocca di Papa (Roma) el pasado 27 de septiembre. –Querido Giordani, nos dirigimos a usted antes que nada como a nuestro amado –y nunca olvidado– primer director de “Città Nuova”. Éstos son tiempos difíciles para el periodismo… –El periodismo lo hacen los periodistas. Hay periodistas que buscan la verdad haciendo uso de su libertad de conciencia y ejerciendo su profesión como una misión. Hay otros que ofrecen sus servicios al mejor postor, que están dispuestos a cambiar de chaqueta en base a la mejor oferta, que viven su profesión al servicio del poderoso de turno. Los periodistas de este tipo son como moluscos. ¡Dios nos guarde de sus ventosas! –Nos gustaría saber qué piensa del entramado entre los poderes fácticos y los medios de comunicación. –Cuando los poderes se alejan de su misión natural propia, que es la de afianzar la unidad del cuerpo social, son siempre prepotentes. Yo entiendo un poco de eso, ya que me hice periodista cuando se propagaba la ideología fascista. Recuerdo también que como director de periódico, en alguna ocasión tuve que mantenerme firme para no ser un “director dirigido”. Por ese motivo, por ejemplo, dimití de la dirección del diario “Il Popolo”. No podía soportar las llamadas de las personas influyentes que querían convencerme para que escribiera en favor de alguien. Mire, el periodista cristiano sabe que comparte la suerte de Cristo y, por lo tanto, sabe que más que aplausos y recompensas le llegarán sufrimientos y abandonos. Se trata de revivir la pasión de Cristo de una manera heroica apropiada a la Iglesia militante. –Poderes y exceso de poder: ¿le parece que son todo componendas en las situaciones políticas difíciles? –¡Los políticos de mi generación no hemos tenido épocas tranquilas! (…) La censura nunca dejaba intactos los artículos que yo escribía en los periódicos ni los libros que publicaba. También pude ver la corrupción en política cuando llegué al Parlamento y me encontré con que algunos compañeros de mi partido no estaban de acuerdo en que llevara mis convicciones cristianas entre los diputados. Por no hablar de las insolencias que tuve que soportar cuando propuse la ley sobre la objeción de conciencia… Pero la política debe servir al pueblo y no el pueblo a la política. Primero está la moral, primero la persona… La política no debe convertirse en dueña y señora, no debe convertirse en abuso. Ésta es su función y dignidad: servir a la sociedad, ser caridad en acto. Dese cuenta que yo ya decía estas cosas en 1945 sobre las cenizas de una civilización devastada por un conflicto mundial. –Entre los problemas políticos más debatidos en este principio del siglo XXI está el de la inmigración… –Los cristianos no son de esos que para amar a gente de otras tierras necesitan denigrar y odiar su propio país, ni somos de los que para exaltar a nuestra patria necesitamos humillar la de otros. Para amar a la familia de los demás no hace falta vilipendiar a la de uno, ni viceversa. Con este sentimiento, elevamos y ensanchamos el amor por nuestro país al amor por la humanidad. Ésta es la identidad del cristiano. Él sabe que no es aceptable que uno tenga exceso de ropa y de casas mientras que otro está desnudo y duerme en una cueva. Una sociedad que tolera semejantes desigualdades, que reparte tan injustamente sus bienes, es una sociedad en pecado mortal. SE CIERRA EL PROCESO DIOCESANO Unas preguntas al abogado Carlo Fusco, postulador en la causa de beatificación de Igino Giordani. –¿Qué quiere decir que se cierra la fase diocesana de una beatificación? –Significa que el tribunal competente, instituido por el obispo de la diócesis en la que muere el siervo de Dios, ha verificado mediante los datos que ha recogido los hechos relativos a la vida y las virtudes heroicas del siervo de Dios. En nuestro caso, el proceso, que se abrió en 2004, se ha valido de testigos directos, ya que la causa se inició antes de que pasaran 30 años de la muerte de Giordani; si no, se habría llevado a cabo una causa histórica, es decir, basada sobre todo en la investigación de documentos y bibliografía. –¿Cuánto dura normalmente la primera etapa, la diocesana? –En algunas causas llega a durar treinta, cuarenta años o más. La nuestra ha sido relativamente rápida, entre otras cosas porque los peritos históricos se han valido de la colaboración del Centro Igino Giordani, que estudia y cataloga desde hace más de veinte años el copiosísimo material existente. –¿Qué pasará ahora? –Empieza la fase apostólica que llevará a cabo la Congregación para la Causa de los Santos del Vaticano, donde se nombrará un relator que dirigirá la investigación y los estudios para hacer una valoración ulterior, como requiere la ley. –¿Y el milagro? –Por otro lado se inicia el proceso “super miro”, es decir, “sobre el milagro”, para verificar si ha habido un hecho prodigioso, normalmente una curación, debido a la intercesión del siervo de Dios. El milagro es necesario para la beatificación, es decir, para que se pueda venerar al siervo de Dios en una iglesia particular. Luego se procederá con la canonización y el beato podrá ser proclamado santo. –¿Hay ya algún milagro de Giordani? –Podemos decir que hay muchísimas gracias atribuibles a Giordani, como curaciones en mi opinión inexplicables. Evidentemente esperamos el juicio de la Iglesia. Sé además que muchos matrimonios atribuyen a la intercesión de Giordani embarazos hasta entonces imposibles o intervenciones con respecto a los hijos, como buen padre que era.


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