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Noviembre - 2009


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17 de octubre: Con ánimo de defender

Javier Rubio


Si un mérito cabe atribuirle a esta manifestación, es el de haber aunado en un frente común a toda esa gente que cree en la vida. Ha sido el primer paso.

La manifestación del 17 de octubre en Madrid había sido convocada en «defensa de la vida, la mujer y la maternidad». ¿Se puede no estar de acuerdo con ello? Claro, que todo lema esconde mucha semántica, por eso se estudian detenidamente antes de formularlos. Pero éste es muy simple: el acento va en el primer sustantivo, «defensa», porque los convocantes entienden que los otros tres están amenazados. Y defender la vida es una actitud que siempre hemos apoyado desde estas páginas. Antes de toda manifestación la gran duda versa sobre su éxito, y éste generalmente se vincula a la afluencia de manifestantes, y éstos se resumen en una cifra que, según qué manifestación, queda sometida a una dialéctica sin solución. Como dice Antonio, un observador con sentido común, es curioso que sólo se cuestione la cifra de ciertas manifestaciones. En fin, esta vez dicen que acudió millón y medio o más de personas. Dado que lo cuantitativo a posteriori siempre será relativizado, al menos lo cualitativo a priori no hay por qué tocarlo. Quiero decir que detrás de las más de cuarenta entidades que firmaban la convocatoria debe de haber un buen chorro de gente que comparte alguna de las motivaciones (la semántica escondida); es decir, decirle al Gobierno que no todo el mundo está de acuerdo con despenalizar totalmente la práctica del aborto, y menos aún reconocerlo como un derecho. Y más cosas. Figuraba entre los convocantes la Asociación Nacional para la Defensa de la Objeción de Conciencia (ANDOC), formada por profesionales de la sanidad (farmacéuticos, médicos, enfermeras y enfermeros, etc.) cuya finalidad, «dentro del marco de la libertad ideológica y de conciencia», es fijar «criterios que permitan clarificar y definir la situación jurídica, derechos y obligaciones de facultativos, farmacéuticos, personal sanitario y de las propias instituciones integradas en el Sistema Nacional de Salud». Se entiende que no estén de acuerdo con que la nueva ley imponga con carácter obligatorio una forma de entender el asunto con la que no están de acuerdo. ¿Cómo van a intervenir en un aborto, cuando lo consideran un asesinato? Otra categoría de profesionales, adscritos a la Confederación Española de Centros de Enseñanza (CECE), una asociación patronal fundada en 1977 que representa a «todo tipo de empresas educativas, de titularidad religiosa y seglar, de todos los niveles educativos y de todo tipo de enseñanzas» también convocaban a manifestarse. Así como la Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos (CONCAPA), un organismo que se remonta a 1929, que participa en distintos organismos nacionales e internacionales y que procura «lograr que sus hijos reciban, en la vida escolar, una formación acorde con sus propias creencias y convicciones». Es evidente que estos padres aboguen por «una pedagogía de la Cultura de la Vida que reconozca y valore la dignidad del ser humano desde el momento de la fecundación hasta la muerte natural, y que enmarque la sexualidad humana en un ámbito de amor, respeto, responsabilidad y apertura a la vida; y como consecuencia de ello, que informe de las consecuencias reales del aborto, tanto para la mujer como para el niño» (punto 5 del manifiesto). Y por lo mismo también debía estar la Confederación de Padres de Alumnos (COFAPA), que defiende «los derechos y libertades que tienen los padres en la educación de sus hijos», en base al principio constitucional sobre el derecho a la educación en libertad. Ciertamente no pueden estar de acuerdo con que una menor decida abortar sin que sus padres lo sepan. De especial interés es el apoyo de la intelectualidad que responde a la etiqueta Firmantes del Manifiesto de Madrid. Estos profesores de universidad, investigadores, académicos e intelectuales de diferentes profesiones, mil y pico largo, defienden la vida humana en su etapa inicial y rechazan su «instrumentalización al servicio de lucrativos intereses económicos o ideológicos», pues entienden que «existe sobrada evidencia científica de que la vida empieza en el momento de la fecundación». E igualmente significativo es el apoyo del Instituto Efrat, una organización apolítica y aconfesional que promueve la investigación en el campo de la salud sexual. Por último, había muchas asociaciones de familias, unas católicas y otras no, varias asociaciones que llevan años trabajando de distinta manera en contra del aborto (Provida, Fundación Madrina, Fundación Mujer, RedMadre, Nasciturus, etc.), y otras asociaciones de distinto carácter, incluidas juveniles y universitarias. Pero quien más ruido ha hecho ha sido HazteOír.org, cuyo lema reza: «Nunca dudes que un grupo pequeño de ciudadanos reflexivos y comprometidos puede cambiar el mundo». Se trata de gente con la inquietud de que todo ciudadano pueda expresar su opinión y para ello utiliza internet, «para volver a conectar a la gente con sus políticos». Durante los días previos nos han saturado el buzón de correo electrónico. Gracias a ese foro, que no tiene muchos años de existencia, surgió la plataforma Derecho a Vivir, que en último extremo ha sido la que ha movido todo el cotarro. Ciertamente, por su capacidad de convocatoria y por la forma en que se desarrolló, esta manifestación en Madrid quedará entre las pocas donde la gente corriente ha sido protagonista. Hay que remontarse a la gran movilización tras la muerte del concejal Miguel Ángel Blanco (1997), o a la que se produjo tras el atentado de Atocha del 11-M (2004) para recordar algo de similar significado. Y es que, cuando no hay color político ni acento religioso, lo que se pone de manifiesto es una inquietud cultural, o como ha dicho el presidente del Congreso, José Bono, «algo que afecta a las conciencias». Hace años un aborto era una desgracia que podía ocurrirle a algunas embarazadas; y lo sigue siendo, pues así lo ha vivido la hija de un amigo mío, a la que hace poco se le ha malogrado su primer embarazo. Desde que se aprobó la vigente ley del aborto nos hemos ido acostumbrado a considerarlo de otra forma, posponiendo el valor absoluto de la vida a los supuestos señalados en la ley para permitir un aborto. Y ahora nos lo proponen como un derecho de la mujer. ¿Podrán nuestras neuronas asimilar tanto cambio? Si hay un mérito que cabe atribuirle a esta manifestación, se quiera o no reconocer su trascendencia, y aunque a la ministra de Igualdad, Bibiana Aído le parezca que se han coreado los mismos lemas de hace veinticinco años (¿acaso caben otros?), es el de haber aunado finalmente en un frente común a toda esa gente que cree en la vida. De hecho, ha sido sólo el primer paso.


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