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Noviembre - 2009


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El tifón Ketsana: Como el diluvio, pero real

José Aranas (New City, Filipinas)


Los eventos trágicos y el peligro de morir suscitan una oleada de solidaridad entre amigos y desconocidos, una corriente de afecto que se expresa por todos los medios.

El temor y el nerviosismo que muchos filipinos sintieron ante lo que se acercaba dieron paso a la angustia y al pánico cuando el tifón Ketsana alcanzó la costa este de la isla de Luzón el 26 de septiembre pasado. Dos horas después, la práctica totalidad del área metropolitana de Manila quedaba inundada, así como parte de las provincias vecinas. Las escenas de destrucción que el tifón dejó nada tenían que envidiar al relato bíblico del diluvio universal o a las apocalípticas imágenes de películas como “Armageddon” o “Deep Impact”. Sólo que éstas eran reales, muy reales, y estaban aderezadas de heroísmo igualmente real, como ese soldado que, después de rescatar a veinte personas que residían cerca de un lago, pereció arrastrado por la corriente; o ese obrero de 18 años que salvó a treinta personas, incluidas una madre y su bebé, y acabó aplastado por un árbol cuando trataba de salvar a una persona más. Las imágenes de devastación, desolación y muerte abundaban en esos días: árboles, coches y casas arrastrados por las aguas, gente atrapada en puentes y pasos elevados… El tifón Ketsana pilló a todos desprevenidos. Las autoridades se vieron impotentes y poco preparadas para afrontar las tareas de rescate. Se culpa al cambio climático de esta tragedia y a la falta de planificación ante este tipo de situaciones, aunque ya en los años 70 muchos expertos las habían previsto. Quizás la furia de la naturaleza habría podido contenerse si los responsables de urbanismo hubieran tenido en cuenta las recomendaciones de los expertos a la hora de planificar correctamente los diques y los cauces de agua. Pero como postulaba Isaac Newton, toda acción suscita siempre una reacción igual y contraria. En este caso, la tragedia ha provocado reacciones nobles. Habría sido como para desesperarse de no haber sido por los mensajes de esperanza que lanzaban muchas personas que ofrecían tiempo, comida y dinero para ayudar a los más afectados por esta catástrofe. En las primeras semanas después del desastre, por ejemplo, Lito Bulan, coordinador del proyecto “Glimpse of Hope” (Atisbo de esperanza) del Movimiento de los Focolares, que construye casas para familias necesitadas, y sus amigos proporcionaron alimentos a unas dos mil personas afectadas por las inundaciones en las inmediaciones del solar del proyecto en Quezon City (Manila). Lito fue uno de los primeros en acudir al lugar: «La primera persona con la que hablé fue una anciana con la ropa cubierta de barro. Mientras nos contaba que las aguas se habían llevado su casa, rompió a llorar». «¿Dónde están sus familiares?», le pregunta Lito. «Están todos aquí», responde la anciana mientras sigue llorando. Lito la abraza y trata de animarla: «No perdamos la esperanza»; y le entrega un bidón de agua y una bolsa de comida. «Había un niño de cuatro años señalando un espacio libre –continúa Lito– y diciendo que su casa estaba allí antes de que la arrastraran las aguas. Cuando le dimos un bote de leche, se agarró a él y ya no lo quería soltar. Le pregunté dónde estaba su padre y señaló a un hombre que estaba cogiendo agua de una cisterna». «¿Y tu madre?». «Se la llevó el agua». El gobierno ha limitado el incremento de precios de los artículos de primera necesidad y facilitará la obtención de créditos; empresas como Toyota y Kia ofrecen descuentos en la reparación de coches; las compañías de telefonía móvil han rebajado los precios... Pero se requiere mucho más para rehabilitar las zonas afectadas. «Tenemos que reanudar nuestra vida –dice Lito–, tenemos que ayudar a esta gente con ladrillos, tejados y madera para reconstruir sus casas. Una madre decía: “¿Qué vamos a hacer cuando vuelvan a empezar las clases? No tenemos libros, cuadernos, material escolar…”». Hay tres millones de personas afectadas y más de un millón ha perdido su casa. A veces necesitamos estos batacazos para abatir el muro de nuestros prejuicios y abrirnos a la fraternidad. Los momentos trágicos realmente sacan lo mejor de la gente, como narran muchos damnificados que han sido acogidos por completos extraños en sus casas. Estos trágicos eventos y el peligro real de morir provocaron una oleada de solidaridad entre amigos y desconocidos, así como una corriente de afecto renovado entre parientes que se expresaban su apoyo y cariño. Al final, te das cuenta de que lo que realmente vale en la vida son las relaciones profundas y verdaderas. Un amigo mío, que estuvo ayudando a las víctimas, me comentaba: «Creía que tenía muchas preocupaciones, muchas “necesidades” (un iPod, una play station…) hasta que hablé con un hombre que había estado nadando en las aguas sucias buscando a su familia y todo lo que le pedía a Dios era fuerza, fuerza para seguir buscando. ¡Sólo fuerza y él haría el resto!». Tras la tormenta vuelve la calma y el sol vuelve a brillar. Mientras reconstruimos nuestras vidas, debemos aprender la lección que esta catástrofe ha impartido, de manera que nos encontremos mejor preparados para afrontar futuros tifones que inevitablemente llegarán a esta zona propensa a ellos, y ahora acentuados por el cambio climático. Tal vez la principal lección es que, ya que no sabemos «ni el día ni la hora», debemos aumentar la calidad de nuestro trato con los demás y valorar nuestras relaciones. Estoy convencido de que esto es lo que todos anhelamos, más que una casa bonita, un buen coche o los últimos adelantos tecnológicos. En la tragedia, que no hace distinciones entre ricos y pobres, todos necesitamos ayuda, y la salvación del género humano está en el amor genuino que nos tengamos. No podemos dejar de dar gracias a Dios porque todavía estamos vivos y podemos trabajar juntos en la reconstrucción. En verdad, la promesa de Dios a Noé de un arco iris de esperanza sigue en pie también después de este tifón. Puede ayudar a los damnificados ingresando su donativo en la cuenta bancaria de la edición filipina de nuestra revista: Banco: Metrobank - V. Mapa Branch / Manila Nº Cuenta: 306-2-30600096-3 Titular: Work of Mary / New City Press Código Swift: MBTCPHMM O puede canalizar su aportación a través de la asociación Acciones de Familias Nuevas, indicando en el ingreso: “Damnificados de Filipinas” Banco: La Caixa Nº Cuenta: 2100-1748-94-0200131988 Titular: Acciones de Familias Nuevas Las donaciones a la asociación AFN son deducibles en la declaración de la renta. Si desea obtener la certificación correspondiente, debe suministrar sus datos fiscales (nombre, domicilio y NIF) para poder emitir el certificado. Acciones de Familias Nuevas - c/ Espino 2 – 28250 Torrelodones (Madrid) Tel/Fax.: 916303892 - e-mail: secretaria@familiasnuevas.org


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