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Agosto - 2009


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Arte, entre crisis y expectativas para el futuro

Pascual Foresi


Pensamiento de la unidad/11: El arte actual es destrucción del anterior, pero sin llegar a alcanzar una nueva síntesis. Se necesitan artistas capaces de escuchar, de entrar en comunión.

Los artistas no pueden mantenerse al margen de la humanidad de hoy con todo lo que la caracteriza, incluidos los nuevos tipos de relaciones que van surgiendo. Es más, no deben, ya que si en cierto modo no son capaces de ser expresión de la humanidad en la que viven inmersos, si no lo contienen todo, no son artistas. De hecho, algunos se mantienen al margen de los afanes de la sociedad actual, pero son excepciones que no dejan una huella profunda y aunque expresen cosas bellas y positivas, la gente se identifica cada vez menos con ese tipo de obras porque ya no expresan el mundo en el que vivimos. Muchas veces los artistas expresan este mundo en el que vivimos, más que a través de composiciones, mediante las descomposiciones que encontramos en algunas obras. Por un lado se podría pensar que nos estamos volviendo locos o que nos encontramos ante sagaces ideas publicitarias y comerciales para adquirir fama y dinero. Pero si lo consideramos con mayor profundidad, tenemos que reconocer que realmente somos así. El arte actual expresa exactamente el estado de ánimo que experimentamos al vivir en contacto con todos los demás. Es decir, querríamos ser un poco de esto y un poco de eso, tenerlo todo y ser un poco de todo. El arte actual es capaz de expresar de alguna manera lo que somos los hombres y las mujeres de hoy. Lo hace todavía de una manera no armónica, es verdad, pero precisamente porque el hombre mismo no es armónico en sí mismo y en sus relaciones. El artista de hoy está inmerso en una humanidad que ha vivido experiencias tan ricas y tan profundas que siente que las formas anteriores del arte ya no le bastan para expresar lo que es el hombre actual. Y por eso se desespera. El arte, pues, está en crisis, pero sólo en la medida en que expresa la crisis de transición del hombre que está avanzando hacia una nueva síntesis. Está en crisis un esquema, una serie de valores, algunos de los cuales se retomarán después, porque el hombre vuelve siempre a lo que es válido. Podríamos preguntarnos en qué va a acabar todo esto. Creo que la humanidad está yendo hacia un nuevo equilibrio social producido por un sentido nuevo de la unidad y de la distinción. Es necesario que el hombre se dé cuenta de que es más social que antes, aunque siga siendo completamente él mismo, y de que en cierto modo está más solo, aunque esté más integrado con los demás. Estamos yendo hacia nuevos puntos de contacto, de diálogo, de coexistencia, de relaciones, tanto entre las personas como entre los grupos sociales y los pueblos. Se está abriendo paso una nueva vida, una nueva visión de la vida. La humanidad está buscando algo nuevo, una fraternidad, una nueva síntesis que es divina y humana. Y el arte, que actualmente se encuentra a caballo entre dos mundos, también llegará a expresarse de una forma nueva. Cada estación tiene sus flores; por lo tanto, el arte no puede expresarse hoy con las fórmulas del siglo XIV o de hace un siglo, aunque sean maravillosas. Por eso, cuando hoy los artistas se reúnen para buscar una nueva unidad espiritual entre ellos –espiritual no en sentido devocional, sino en el sentido más personal y profundo que se pueda imaginar– están poniendo las bases más sólidas para resolver el problema del arte, para encontrar nuevas expresiones artísticas que expresen y sacien el conocimiento y la vida de la humanidad que está naciendo. Se requerirán artistas que posean un nuevo tipo de arte y de conocimiento que no sea sólo el individual, sino que les permita expresar también algo del conocimiento de los demás, aun siendo ellos mismos y descubriéndose cada vez más plenamente a sí mismos. Se dice que el amor es unitivo y por eso es fundamental para el conocimiento. En un grupo en el que haya una verdadera relación de amor, de unidad, los miembros pueden transmitirse más fácilmente su visión distinta de las cosas. De esta manera, cada uno puede ver las cosas desde su punto de vista, pero también desde el punto de vista de los demás. Cuando no estamos unidos por el amor, en cierto modo también nos influimos, al menos por las reacciones que nos provocamos mutuamente. En ese sentido, los demás siempre nos comunican algo. Pero si nos insertamos en el ser del hombre y en el ser metafísico que tiende a la unidad, facilitamos enormemente este modo de conocer nuestro y asimilamos esos elementos que luego seremos capaces de expresar en formas que los demás podrán entender, porque son precisamente las formas que inconscientemente todos sienten y viven. Las manifestaciones actuales del arte que nos parecen tan raras, en realidad expresan una humanidad que se ve forzada a vivir unida cuando todavía está desunida; expresan miles de cosas que todavía no se han armonizado. Si consiguiéramos armonizarnos nosotros como personas, entonces nos armonizaríamos también en el arte y en sus expresiones, porque el arte es la expresión del ser y los verdaderos artistas son los que consiguen dar forma a la “realidad” que contienen, más allá de las técnicas que han aprendido. Si no somos capaces de armonizarnos, nunca llegaremos a crear un arte nuevo que satisfaga a todos. Por consiguiente, por un lado es bueno que afloren las expresiones artísticas actuales, porque nos hacen ver la crisis de las formas del pasado y nos hacen comprender mejor cómo somos ahora. Pero por otro lado, son también un síntoma de la urgente necesidad de que avancemos, son una señal de que el ser ya está más allá de la forma artística actual. Si el arte se expresa en formas descompuestas, quiere decir que hemos alcanzado un ser que está más allá y que todavía no ha encontrado una perfección formal. El arte actual es la destrucción del viejo modelo, pero todavía no es el nuevo. Este nuevo modelo sólo serán capaces de crearlo personas que estén en sintonía con el nivel de desarrollo actual del ser y de la humanidad; personas cuyo grado de comunión entre ellas sea tal que puedan expresar a la vez lo que sienten personalmente y lo que siente el cuerpo social en el que están inmersas; personas que sepan escucharse recíprocamente y no sólo mediante las palabras, porque a veces se puede escuchar a los demás incluso antes de que digan una palabra, basta con que los escuchemos en el ser que nos dan, en el ser que son. Creo que de este tipo de personas nacerá algo nuevo, que contendrá lo viejo sin destruirlo –porque todas las grandes épocas artísticas contienen las semillas de todas las épocas– pero que se expresará desde otro punto de vista, desde otra perspectiva. No se puede esperar a que nazcan espontáneamente estas formas nuevas. Nacerán de personas que hayan descubierto la socialidad, la comunión en su sentido más profundo.


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