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Agosto - 2009


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El seno materno, un lugar peligroso para vivir

María Alonso Ovies*


Algunos conceptos están siendo manipulados y confunden las conciencias. Sobre ellos no podemos permitirnos dudas, si no, llegaremos a pensar que el aborto es un mal menor que hemos de aceptar.

Esta afirmación es una evidencia, porque hoy millones de vidas son eliminadas silenciosamente en aras de la libertad de la mujer y de la salud reproductiva. Es un exterminio fácil, porque el ser humano en el útero no puede defenderse, solo confía en el amor de quien lo lleva en su seno. Se ha escrito mucho sobre este tema, y los argumentos a favor de la vida son tantos y de tanto peso, que es imposible detallarlos aquí. Al menos aclaremos algunos conceptos que se están manipulando, gracias a la perversión del lenguaje, y confunden las conciencias. Sobre ellos no podemos permitirnos dudas, si no, llegaremos a pensar que el aborto es un mal menor que hemos de aceptar. Juan Pablo II, en la encíclica “Evangelium vitae” dice: “Si es muy grave y preocupante el fenómeno de la eliminación de tantas vidas humanas incipientes o próximas a su ocaso, no menos grave e inquietante es el hecho de que a la conciencia misma, casi oscurecida por condicionamientos tan grandes, le cueste cada vez más percibir la distinción entre el bien y el mal en lo referente al valor fundamental mismo de la vida humana”. Y también: “Todo hombre abierto sinceramente a la verdad y al bien, aún entre dificultades e incertidumbres, con la luz de la razón y no sin el influjo de la gracia, puede llegar a descubrir en la ley natural escrita en su corazón, el valor sagrado de la vida humana desde su inicio hasta su término”. Hoy se habla de la “interrupción voluntaria del embarazo” (aborto) como de un derecho de la mujer, cuando el derecho que se antepone a cualquier otro y el más fundamental es el derecho a la vida. Se argumenta que la mujer es “soberana” sobre las decisiones que se refieran a su cuerpo, pero el ser humano en desarrollo en el útero materno no forma parte de la sustantividad ni de ningún órgano de la madre, aunque dependa de ésta para su desarrollo. Manipulando el lenguaje y llamando al aborto “interrupción voluntaria del embarazo” se quiere conseguir rebajar la crueldad de una muerte provocada y violenta. Esto entra en conflicto con los logros de nuestro derecho penal en lo referente a la protección de un bien jurídico, como es la vida humana, que se considera básico, fundamental, irrenunciable e indisponible, y por eso no sólo reprime con penas severas toda forma de homicidio, sino que retira el poder de disposición sobre la vida humana a los particulares y también al Estado (por ejemplo, derogación de la pena de muerte). El artículo tercero de la Declaración de los Derechos Humanos afirma que todo ser humano tiene derecho a la vida. Michel Schooyans, miembro de las academias pontificias para la Vida y para las Ciencias Sociales, dice que “éste es un derecho innato, natural, del hombre, que hoy está cuestionado debido a la influencia de la teoría positivista del Derecho. Bajo esta teoría, las normas jurídicas, libres de consideraciones morales e ideológicas, son las únicas que merecen respeto, y vemos que éstas cambian según el parecer de quienes tienen el poder para definirlas, que decidirán quién es admitido a la existencia y quién no”. El reconocimiento de este derecho se complica cuando nos quieren hacer creer que “lo eliminado” no es un ser humano, no es una persona, sino un simple conjunto de tejidos con una cierta “apariencia” humana. Científicamente existe la certeza de una nueva vida, perteneciente a la especie humana, desde el momento de la fecundación. Desde ese momento no se requiere nueva información genética para el desarrollo de un ser humano individual, se tiene capacidad para alcanzar plena madurez y se es igualmente valioso como ser humano, aun careciendo de ciertas propiedades o funciones. Desde un punto de vista biológico no hay ruptura decisiva o cambio sustancial desde la concepción hasta la muerte. Con la fecundación se inaugura una nueva vida que no llegará a ser humana si no lo es desde entonces. Cuando una sociedad es incapaz de utilizar todos los recursos a su alcance en favor de los más indefensos y necesitados, todo es posible. Al ponerse en peligro el fundamento de la misma sociedad (el derecho a la vida), es posible eliminar a los “inútiles”, comerciar con hombres y mujeres, desoír las injusticias, olvidar a los que pasan hambre y calamidades, favorecer y alimentar las guerras… Si no se defiende la vida desde su origen, su valor a lo largo de la existencia será siempre relativo, dependerá de las circunstancias y de los intereses de los grupos de poder. El individuo mismo minusvalorará su vida, ¡la vida!, el don más precioso que tenemos, sin el cual nada sería posible. Hoy vale más la vida de una ballena que llega a una playa por error, o el embrión de una especie protegida. ¿Podemos hacer algo por unos seres humanos indefensos? ¿Seríamos capaces, por un momento, de sentir la angustia de una condena a una muerte violenta? Para entender y actuar, hay que ponerse en el lugar del otro; también en el lugar de la mujer que va a abortar, no juzgarla y buscar un resquicio por el que pueda penetrar la fuerza del amor. Los motivos pueden ser múltiples, los condicionantes y las presiones intensos, la oscuridad densa, pero siempre hay una salida, siempre. Hay que evitar que se encuentre sola y lograr que se sienta amada y apoyada en el mayor milagro al que puede contribuir: generar vida. ¿Y el padre, el gran ausente? Se le olvida con facilidad, se le aparta del problema, que en ocasiones desconoce, pero en muchos casos su presencia podría ser decisiva para salvar la vida del que también es su hijo. Hay muchas organizaciones que trabajan con tesón por defender la vida, no sólo de los hombres y mujeres en desarrollo en el útero materno, sino también de las madres, pues no olvidemos que el aborto para una mujer es una tragedia que, antes o después, abre una profunda herida psicológica y moral. Podemos estar informados sobre estas organizaciones, pues cuando menos lo pensemos alguien que necesite ayuda pasará a nuestro lado. No dejemos solas a las madres con sus hijos, que en un principio fueron no deseados, porque las dificultades para los dos continuarán. No pensemos que no se puede hacer nada, dejando que el mal gane terreno porque nuestra conciencia se ha relajado. Tendremos ocasiones para manifestar nuestro amor a la vida y defenderla; y aunque nos califiquen de “políticamente incorrectos”, no traicionemos nuestras convicciones por miedo a levantar la polémica. Unámonos a las manifestaciones públicas en favor de la vida, escribamos y hablemos en los medios de comunicación. Apoyemos con nuestro voto los programas electorales que defienden la vida, verdadera base del respeto al ser humano, sin la cual no es posible la igualdad, la libertad ni la fraternidad. En definitiva, demos testimonio de que es posible una cultura de la vida. Julián Marías, en un artículo decía que “la aceptación social del aborto es, sin excepción, lo más grave que ha acontecido en el siglo XX”. Y Martin Luther King afirmó algo que nos hace pensar: “Nuestra generación tendrá que arrepentirse no tanto de las perversidades de las malas personas, sino del estremecedor silencio de los hombres buenos”. Podríamos seguir hablando durante páginas y páginas, pero mi intención no es abordar todos los aspectos de la defensa del no nacido, ni tampoco valorar el “Anteproyecto de Ley Orgánica de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”. Sí que me gustaría abrir un espacio en esta revista para compartir nuestras experiencias y proyectos. En mi experiencia profesional he podido contribuir a salvar a algún inocente de una muerte segura, y a alguna madre de un camino sin retorno. El gozo íntimo que se siente es inmenso, la vida de uno mismo adquiere otro valor. *María Alonso Ovies es médico de familia. UN RECLAMO PARA LAS CONCIENCIAS «La inclusión del aborto entre los medios supuestamente necesarios para cuidar la salud es de por sí una grave falsedad. El acto médico se dirige a prevenir la enfermedad o a curarla. Pero el embarazo no será nunca de por sí una enfermedad, aunque pueda conllevar complicaciones de salud, ser inesperado o incluso fruto de la violencia. Por eso, abortar no es nunca curar, es siempre matar. Cosa distinta es que una determinada terapia necesaria lleve consigo un aborto como efecto indirecto no buscado. De ahí que incluir el aborto en la política sanitaria falsee siempre gravemente el acto médico, que queda desnaturalizado cuando es puesto al servicio de la muerte. La falsificación es más sangrante cuando el concepto de salud empleado –aunque sea el de la Organización Mundial de la Salud– se convierte en una excusa para encubrir el deseo particular de no tener un hijo, aun quitándole la vida. En efecto, si salud es «completo bienestar físico, mental y social», y tal bienestar se considera amenazado por el que va nacer, éste puede ser tratado como un obstáculo para la calidad de vida, cuya eliminación pasa entonces a ser tenida por lícita.» «Sorprendentemente, el anteproyecto no explica en ningún momento por qué fragmenta el tiempo de la gestación en tres periodos o plazos pretendidamente determinantes de diferentes tipos de trato del ser humano en gestación. ¿Por qué durante las catorce primeras semanas «prevalece el derecho de autodeterminación de las mujeres» y el aborto puede ser realizado por simple petición de la gestante? ¿Por qué se establece un segundo plazo, hasta la semana vigésimo segunda, durante el cual será preciso aducir indicaciones supuestamente médicas? ¿Y por qué las «anomalías fetales incompatibles con la vida» o «una enfermedad extremadamente grave e incurable» del feto (art. 15, c) permitirían el aborto en cualquier momento de la gestación? ¿Por qué no, entonces, en el momento mismo del nacimiento o un minuto después? En vano se buscará una respuesta a estas preguntas, todas ellas de gran calado moral.» Párrafos de la Declaración de la Conferencia Episcopal sobre el Anteproyecto de Ley del Aborto. Se puede acceder al texto completo por internet en la dirección: http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/Conferencia/AnteproyectoLeyAborto.pdf


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