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Agosto - 2009


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Mujeres, esperanza de futuro

Miguel Galván


Sonrisa, ojos profundos, fragilidad aparente, valentía y sobre todo paciencia. Genio femenino: serenidad y paz para el mundo de hoy.

Hojeo los periódicos. Por casualidad veo en una foto el rostro sonriente y mediterráneo de Saida. Ella no se dejó condicionar por los insultos y las amenazas, sino que aceptó con valentía el mandato electoral en el ayuntamiento de Kouba (Argelia). Sus paisanos la describen como una alcaldesa que está siempre a la escucha de los ciudadanos. Y ella está orgullosa de haber sido capaz de transformar el ayuntamiento de su ciudad en un modelo de gestión. Luego está Leïla, abogada y también argelina, comprometida en ayudar a los menos afortunados. Única diputada de su partido, se la conoce por la franqueza de sus discursos en un parlamento formado en su inmensa mayoría por hombres. Afirma: «La militancia corre por mis venas». Otra imagen salta desde los canales de televisión árabes a las páginas de los periódicos: cuatro rostros triunfales enmarcados por sendos pañuelos; cuatro dedos en forma de V para proclamar una victoria que se podría definir histórica, si el término no estuviera ya tan desgastado por el uso; cuatro mujeres elegidas al parlamento de Kuwait, un país en el que las mujeres tienen derecho a votar sólo desde el 2005: Al-Mubarak, primera mujer ministra en el gobierno; Rola, que se ocupa de los derechos de las mujeres; Salwa y Aseel, profesoras. Durante el período de la campaña electoral, los kuwaitíes confesaron que estaban hartos de las continuas disputas entre diputados y miembros del gobierno, que han llevado a celebrar tres elecciones y a formar cinco gobiernos distintos en tres años. Miran con esperanza los rostros de estas mujeres recién elegidas. Contra los fusiles, no violencia «Están abocados a la derrota, porque lo único sobre lo que se pueden apoyar los militares son las armas», palabras de Aung San Suu Kyi, la infatigable activista birmana defensora de los derechos humanos y de nuevo noticia por su enésima detención. Su rostro sonriente, su figura grácil, indómita, emanan la fuerza de un avión con motores a reacción al despegar. «Venceremos, porque nuestra causa es justa, porque nuestra causa está bien fundada. La historia está de nuestra parte. El tiempo está de nuestra parte». De los periódicos a los libros: Shulamith Hareven, escritora israelí fallecida hace unos años, vivió en su juventud en los kibutz, militó en la Haganá, sirvió como asistente médico en 1948 durante el asedio de Jerusalén. Después fue una de las primeras activistas del movimiento Peace Now (paz ahora) y se batió por una solución pacífica del intricado conflicto entre israelíes y palestinos. L’Express la destacó como una de las cien mujeres «que mueven el mundo». Los rostros célebres de mujeres comprometidas en construir el futuro ya son muchos: la iraní Shirin Ebadi, primera mujer musulmana que obtiene el premio Nobel de la Paz; las indias Sonia Gandhi y Kumari Mayawati, la “reina de los dalit”, los intocables; Rania, reina de Jordania, comprometida en el proceso de paz y en la protección de los niños de todo tipo de violencia; la africana Wangari Muta Maathai, también galardonada con el Nobel de la Paz, fundadora del movimiento “Green Belt” para sensibilizar sobre los problemas ambientales; e Ingrid Betancourt, de ojos profundos como lagos, que después de su largo período de reclusión declaró: «Hoy creo más firmemente que podemos cambiar el mundo, porque yo misma he cambiado». Pero no es sólo cuestión de política o de visibilidad mediática. Llama la atención la mirada dulce de Victoria Gillick y algunos fragmentos de su maravilloso libro Relato de una madre. Madre de diez hijos, se ha prodigado en transmitir, sobre todo a las chicas jóvenes, la belleza de una afectividad que se realiza plenamente si está integrada en un proyecto humano y espiritual, el valor de una maternidad acogedora. Partiendo del ejemplo de su vida, quiere animar a muchas mujeres que hoy tratan de alcanzar nuevos equilibrios que les permitan ser esposas y madres felices a la vez que estar comprometidas en la vida pública y civil. Otros rostros en campos hasta ayer prerrogativa de los hombres: Samantha Cristoforetti, piloto de aeronáutica militar, primera astronauta europea. «Desde hoy soy una astronauta de la Agencia Espacial Europea. El hecho de que soy mujer es un aspecto personal». Palabras claras, voluntad de hierro. Y en otro campo, Ruth Padel, primera mujer encargada de ocupar la prestigiosa cátedra de poesía de la universidad de Oxford. Su programa: «Exploraré departamento por departamento lo que la poesía puede aportar a los estudiantes tanto de letras como de ciencias». ¿Y cuántas otras mujeres menos famosas se merecerían con todo el derecho que se les dedicara algunas páginas de la historia? Retrocediendo en el tiempo con el pensamiento, se nos vienen a la mente las bíblicas Ester, Judit y Débora, que salvaron a su pueblo cuando los hombres ya no sabían qué hacer. Las tres reunían características típicamente femeninas: valentía, fe y belleza. En el trágico momento del Gólgota, casi todos los hombres habían huido, mientras que las mujeres se quedaron. ¿El milenio de la mujeres? Juan Pablo II ha hablado mucho de “genio femenino”. La filósofa rusa Julia Kristeva afirma que este genio «surge de una individualidad que se supera constantemente a sí misma, pero que sigue siendo capaz de compartir su experiencia con los demás». Tal vez ésta podría ser la clave del futuro: la capacidad de superarse para donarse a los demás, un ingrediente indispensable para construir la sociedad de mañana. Gracias en parte a las nuevas tecnologías que ponen en contacto a todo el mundo, por primera vez la humanidad está llegando a ser una única familia a escala mundial, aunque de momento sólo a nivel de conexión. ¿Y quién, aparte de las mujeres, tiene una experiencia de más de cien mil años en “formar familia”? ¿Quiere decir esto que las mujeres han alcanzado la perfección y pueden prescindir de los hombres e instaurar un matriarcado? No; es sólo que algunas capacidades femeninas, como la de superarse para donarse, hoy son indispensables a gran escala para que la familia humana progrese. «Actualmente hay mujeres conscientes de su identidad –subrayaba Chiara Lubich– que (…) pretenden dar toda su aportación original e insustituible para el futuro de nuestro planeta, y no sólo en solidaridad entre ellas, sino también con los hombres». Y seguía diciendo: «Da la impresión de que actualmente está empezando a surgir, por así decirlo, un nuevo tipo de mujer. Como fuentes de agua pura en un mundo árido por el secularismo y el materialismo, sacian la sed de muchas personas y les ofrecen paz, serenidad, solución a sus problemas y angustias. Tienen amor y luz para derramar sobre muchos». En fin, igual que cuando por la mañana vemos que va a hacer un buen día, las señales indican que el tercer milenio estará marcado por las mujeres. Que los hombres tomen nota. TODO A LA VEZ Lucia Fronza Crepaz es corresponsable del Movimiento Humanidad Nueva y trabaja en el proyecto Cityfest. –¿Qué significa ser mujer hoy? –Significa no perder ningún aspecto de esta vida ajetreada, incluido el separar los residuos, elegir un trabajo de acuerdo con la familia, anteponer las relaciones humanas, leer libros, estar en Facebook… Tal vez porque la mujer está entrando de lleno en la vida “pública”, trata de compaginar todos los aspectos de la vida. Antes las mujeres estaban obligadas a elegir: o dentro o fuera de la casa. Actualmente la mujer intenta compaginar familia, relaciones, trabajo… Si lo consigue es porque tiene una gran capacidad de vivir el momento presente. Su día es más o menos así: por la mañana con sus hijos (completamente dedicada a ellos en ese momento), más tarde en el trabajo (completamente concentrada en eso), etc. Últimamente, con todo lo que tengo que hacer, he retomado el bordado y me he dado cuenta de que somos muchas las que hemos vuelto a hacer labores. –¿Qué papel tendrá el hombre en el futuro? –Queremos colaborar. Nuestras bisabuelas, abuelas y madres nos han contado lo malo que era que predominara un sexo, el masculino. Y han sabido contárselo a sus hijos varones. A veces, asustados por la novedad, los hombres desaparecen como padres y como compañeros o reaccionan de mala manera; pero ¡cuidado con una sociedad demasiado femenina! Tenemos que huir de la ley del péndulo, es decir, de un período de predominio femenino, e ir directamente a la tercera fase: juntos. Nos esperan un mundo y un espíritu de mayor colaboración, porque el hombre también ha cambiado mucho y ambos sexos estamos listos para colaborar. G. M. MUJER Y PERIODISTA Anna Politkovskaya, periodista rusa, fue asesinada en el ascensor de su casa en octubre del 2006. Aunque era consciente de que se había convertido en un personaje incómodo para el poder, siguió contando los horrores de la guerra en Chechenia. «Es tan tonta que ni siquiera conoce el valor del dinero», decían de ella los que querían corromperla para que no siguiera hablando. Ella misma decía: «Soy una paria. Éste es el resultado principal de mi trabajo como periodista en Chechenia. ¿Qué crimen he cometido para que se diga “está contra nosotros”? Me he limitado a contar los hechos de los que he sido testigo. He escrito y, menos a menudo, he hablado. Mi vida es difícil, sin duda, pero sobre todo es humillante. A mis 47 años ya no tengo edad para enfrentarme a la hostilidad y para llevar la etiqueta de paria escrita en la frente. Es horrible vivir así. Quisiera que se me comprendiera un poco más. Pero lo más importante es seguir haciendo mi trabajo, contar lo que veo, recibir todos los días en la redacción a personas que no sabrían dónde ir si no». Anna buscó la verdad y trató de mostrarla. Creía en la fuerza ínsita en comunicar las cosas a quienes no pueden verlas para que éstas cambien. Su vida en aquellas situaciones era el primer antídoto contra el mal que contaban sus palabras. María Rosa Logozzo


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