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Julio - 2009


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Settecento veneziano, del barroco al neoclasicismo

Clara Arahuetes


Venecia, la ciudad de los canales, construida sobre más de cien pequeñas islas, sigue conservando la magia y la misteriosa belleza que atrajo durante siglos a viajeros, comerciantes, literatos y pintores.

Es una ciudad única en el mundo que surgió en el siglo V como refugio de la población costera ante las invasiones bárbaras. Con el paso del tiempo se convirtió en una poderosa y rica república marítima, gracias a su flota comercial y militar, al comercio con Oriente y a la política inteligente de los Dux, que establecieron alianzas con los estados vecinos para defenderse de los ataques de los turcos. A lo largo del siglo XVIII Venecia fue perdiendo el liderazgo político y económico que había ejercido en el ámbito mediterráneo desde la Baja Edad Media. La ocupación de la ciudad por las tropas napoleónicas, en 1797, marcó el final de su existencia como Estado independiente. Sin embargo, pese a su declive político, Venecia se convirtió en la época de la Ilustración en uno de los centros de irradiación artística más activos de Europa. Vivió un periodo de gran esplendor en el campo de las artes y las letras, llegando a ser el centro de difusión de pinturas, grabados y de todo tipo de obras de arte procedentes de los países más remotos. La pintura veneciana de "Settecento" ejerció una gran influencia en Europa, en parte por el propio carácter itinerante de los artistas y en parte porque el estilo y el color veneciano supo seducir a los grandes coleccionistas europeos, al igual que sucedió en el "Cinquecento" con Tiziano, Tintoretto y Veronés. A pesar de la decadencia política, la nobleza, la burguesía y el pueblo tenían en común la inclinación a las fiestas, los espectáculos teatrales y las diversiones que se sucedían durante buena parte del año: regatas, carnavales (que duraban seis meses), recepciones, visitas oficiales... El escenario de este gran teatro era la ciudad con sus calles y plazas, sobre todo la plaza de San Marcos y la Piazzetta. La exposición "Settecento Veneziano. Del Barroco al Neoclasicismo", es la muestra más completa de pintura veneciana realizada en España. En ella están representados los grandes artistas de ese siglo: Canaletto, Guardi, Bellotto, Tiepolo, Ricci, Zuccarelli, Pellegrini... La muestra está organizada por la Fundación Banco Santander Central Hispano y, después de pasar por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, se puede ver en el Museo de Bellas Artes de Sevilla hasta el 13 de septiembre. Se expone pintura figurativa, retratos, mitología, paisaje y las famosas "vedute" (vistas). En estas obras vemos la riqueza cromática veneciana, los contrastes lumínicos y la gracia dieciochesca de escenas mitológicas y galantes ambientadas en paisajes arcádicos. Lo podemos comprobar en “El triunfo de David” o “Entrada triunfal de Alejandro Magno en Babilonia” de Gaspare Diziani, "Betsabé" de Gian Antonio Pellegrini, "Diana y las ninfas en el baño" de Jacopo Amigoni, "Rinaldo y Armida" de Gian Battista Tiepolo, o en los paisajes "Invierno y Verano" de Marco Ricci, sin olvidar las "vedute" de Luca Carlevarijs, de Canaletto, como la "Veduta del Gran Canal con la basílica de Salute hacia el Molo", u otras maravillosas de Bellotto, Marieschi y Guardi, como la "Veduta de Venecia con el puente de Rialto". Los pintores venecianos Belluci, Sebastiano y Marco Ricci, Pellegrini, Tiepolo, Canaletto, viajaron a las cortes europeas y con sus obras se convirtieron en embajadores de la Serenísima. Carlos III llamó a Tiepolo para trabajar como pintor en la corte española, y entre otras obras pintó la "Sala del Trono del Palacio Real de Madrid". El artista fue nombrado profesor de anatomía de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, lugar al que vuelve ahora con sus pinturas. Giambattista Tiepolo creó un lenguaje pictórico que puede situarse estilísticamente entre el último barroco italiano y el rococó europeo, para ello partió de la herencia de los pintores de la generación precedente y de una reinterpretación personal de la gran tradición veneciana del siglo XVI. El siglo XVIII veneciano desarrolló el “vedutismo”, del que Canaletto, Carlevarijs, Bellotto, Marieschi y Guardi son algunos de sus representantes. En esta época hubo una demanda mayoritaria por parte de clientes extranjeros de las “vedute” (vistas urbanas), así podían llevarse a su país el recuerdo de la ciudad de los canales. Luca Carlevarijs fue el pionero de los vedutistas, sus obras son un documento fiel de la Venecia de la época. Para ello se valió de la perspectiva y de su conocimiento de la arquitectura, sirviéndose también de medios mecánicos como la cámara óptica. En “La entrada del embajador de Francia en el Palacio Ducal de Venecia”, la multitud bulliciosa de figuritas que se reflejan en el agua prueba el talento del artista. Sin duda Canaletto fue el maestro indiscutible de este género, realizó simultáneamente la veduta y el capricho o “vedute ideate”, como él las llamaba, es decir composiciones arquitectónicas imaginarias dentro de un paisaje. Con sus pinturas creó la imagen de Venecia y la hizo universalmente famosa. El artista no se limita a reproducir la realidad de forma exacta o topográfica, sino que “inventa” una ciudad distinta. Para lograr esto, realiza numeroso bocetos del natural y después en el estudio realiza la composición definitiva combinando diversos puntos de vista, creando una imagen que se acerca al espectador. Modifica lo que ve, acerca o aleja los edificios y consigue que sus vistas sean tan verosímiles que sus contemporáneos pensaban que copiaba literalmente la realidad. El artista se formó con su padre, Bernardo Canal, en la pintura de escenografías teatrales, y de esta etapa heredó una habilidad especial para la perspectiva, eligiendo un punto elevado para encuadrar la composición. En sus primeras obras dibuja con precisión los edificios y todos sus detalles ornamentales, predominando los contrastes cromáticos y los tonos marrones. Poco a poco sus obras se hicieron más claras y luminosas, seguramente porque en Venecia se difunden las teorías de Newton sobre el uso de los colores puros y la separación de estos mediante el prisma. La atmósfera transparente que envuelve a los edificios en una luz cristalina y las aguas azuladas de Venecia caracterizan sus obras de 1726 a 1730. Otras veces sus creaciones están bañadas por una luz difusa que quiere reproducir la calima que envuelve Venecia durante el verano. clara.arahuetes@telefonica.net


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