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Julio - 2009


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Socialidad cognoscitiva

Pascual Foresi


Pensamiento de la unidad/10: Entre escepticismo y expresiones artísticas desconcertantes, la humanidad se busca a sí misma a través de nuevas formas de vida y de cultura.

Observando el desarrollo de la humanidad en las últimas décadas, lo que resulta más evidente son los grandes cambios a nivel social, cultural, político, tecnológico y científico que han sacudido completamente a algunos países, aunque en cierta medida y cada vez más, a todos los habitantes del planeta. Estas revoluciones o innovaciones han producido una crisis profunda no sólo a nivel social, sino también a nivel del pensamiento. Es una crisis que podríamos denominar de escepticismo. Ya no se cree en las posibilidades del pensamiento para afirmar verdades racionales; es decir, se desconfía del valor de la razón. Esto se aprecia en todos los campos. En el campo del pensamiento filosófico, hoy en día nadie puede afirmar que posee “la” filosofía que hay que seguir. A menudo, en vez de hacer filosofía, nos limitamos a exponer la historia de las ideas filosóficas. No se encuentran personalidades capaces de hacer innovaciones profundas en el pensamiento. En el ámbito católico en particular, ya no satisface la manera de entender la realidad en sentido realista medieval y se buscan otros caminos. En el campo de la teología existe toda una serie de opiniones, a cual más disparatada, que aparecen y desaparecen, y que se contradicen entre sí. Esto no es más que un síntoma de una crisis no tanto de fe ni de la presencia de lo divino, sino del modo de presentar, expresar y entender la fe. Se trata de uno de esos fenómenos históricos que no se pueden detener. La humanidad ya no está satisfecha con la manera en que hasta ahora se ha pensado y se ha abordado la realidad, al igual que sucedía, por ejemplo, en la época de los presocráticos y los sofistas. Éstos no negaban ni la vida ni la capacidad de pensar, sino que expresaban el malestar de la gente de entonces ante un modo de concebir la realidad que ya no se adecuaba al desarrollo humano de aquellos pueblos ni de aquella cultura. Se necesitaba una nueva fase que ellos estaban preparando sin saberlo. De hecho, luego vinieron Sócrates, Platón y Aristóteles con filosofías grandiosas que respondían a las necesidades de su tiempo y que siguen ofreciéndonos aspectos sugerentes incluso hoy. Sin embargo, estos filósofos fueron el producto de aquella crisis, de aquella descomposición de la vida que permitió que se desarrollaran nuevos conceptos. Cada nuevo giro de la humanidad requiere cierta crisis de sofismo y de escepticismo, cuyo aspecto positivo es justamente que indica la necesidad de nuevas profundidades y nuevos horizontes en la vida y en el pensamiento. Vida, trabajo, pensamiento, música, arte son todas ellas expresiones distintas del ser humano, pero que están relacionadas. El arte, una de las intuiciones más altas del ser, también está atravesando una crisis que puede ser muy indicativa. Actualmente se producen innovaciones radicales en el campo del arte. El pueblo llano, la gente sencilla queda desconcertada; no entiende estas manifestaciones artísticas de hoy. Y desde cierto punto de vista esto es grave, porque en las épocas más felices del pensamiento y de la historia del arte había participación de la gente, del pueblo, de las masas. En la región italiana de Toscana, por ejemplo, hasta la generación anterior a la mía había campesinos que sabían de memoria “La divina comedia” de Dante, precisamente porque era una expresión artística que respondía a las necesidades de la vida de ese mundo, de esa cultura. Algo parecido ocurría con las grandes tragedias griegas o con los debates que los filósofos llevaban a cabo en las plazas en tiempos de los romanos; o también con las disputas teológicas que tenían lugar más tarde en las iglesias ante el pueblo. El pueblo entendía estas expresiones porque la cultura, el pensamiento, el arte de esas épocas estaba profundamente integrado en la vida de las personas. Si es así, podríamos preguntarnos si es verdadero arte esa producción que hoy deja perplejos o que no entiende la mayor parte de la gente. Personalmente veo aspectos positivos en las expresiones artísticas actuales, porque esas nuevas formas revelan que la humanidad está buscándose a sí misma. Ya no está satisfecha con las formas viejas y, por consiguiente, intenta nuevos caminos sin llegar a alcanzar una nueva síntesis, sin encontrar formas que la satisfagan, es decir, que expresen su ser en sus necesidades actuales más profundas. Si hoy en día todo está en crisis y muchas cosas ya no satisfacen es precisamente porque en nuestro tiempo estamos asistiendo al paso de la humanidad de una fase histórico-cultural a otra. ¿Qué aspecto fundamental está cambiando en la sociedad de hoy? Hasta ahora el hombre occidental ha visto y vivido las cosas sobre todo desde un punto de vista individual, mientras que la fase nueva en la que estamos entrando es la de una vida colectiva o, si no se quiere usar esta palabra que puede tener también un sentido técnico muy concreto, comunitaria. Esto acontece tanto a un nivel superficial, por así decirlo (noticias incluso insignificantes que llegan a todas partes, rapidez de la información, facilidad de desplazamiento y de contacto con otros pueblos y culturas, etc.) como a un nivel más profundo. Antiguamente cada uno pensaba a solas y luego se lo comunicaba a los demás. Si se escribía una carta, la respuesta podía llegar al cabo de meses; mientras tanto se podía seguir meditando sobre el tema por cuenta propia. Cuando se recibía la respuesta, se podía reconsiderar el tema en cuestión con toda tranquilidad y se volvía a escribir una carta que de nuevo tardaba meses en llegar. Como ejemplo tenemos a san Jerónimo; a veces sus cartas están fechadas con tres o cuatro años de diferencia debido al tiempo que tardaba en llegar una carta y su respuesta de Europa a África. Y lo que decimos de la lentitud en las comunicaciones se puede afirmar de muchas otras cosas. Por ejemplo, el hecho de que no existiera la imprenta hacía que en toda Europa hubiera sólo algunas decenas de copias de las grandes obras, incluso de las que han marcado la historia, como las sumas teológicas. Eran manuscritos que sólo se podían consultar en algunas universidades o grandes bibliotecas, mientras que lo que circulaba no eran más que apuntes tomados por los mismos alumnos, ya que una obra de ese tipo tenía un precio comercial elevadísimo. Éstos son sólo ejemplos para ilustrar el hecho de que los contactos humanos, los problemas y el desarrollo cognoscitivo eran distintos a los de hoy. El hombre pensaba a solas. No existía una “socialidad cognoscitiva” tan acentuada como existe hoy. En la actualidad todas las formas de relación están cambiando. Nuestro ritmo de vida y los contactos ininterrumpidos que mantenemos con otras personas nos propinan golpes constantemente; estamos bombardeados continuamente por imágenes, publicaciones, noticias; nos encontramos en una tensión continua entre el flujo constante de información de todo tipo que nos desborda y la necesidad de ahondar en los problemas, entre especializarnos y permanecer como “aficionados” con conocimientos superficiales en todos los campos. Jacques Maritain dice que santo Tomás había leído toda la producción literaria habida hasta el momento (griega, latina, patrística y medieval) y que empezó a escribir sólo cuando hubo alcanzado un grado de competencia aceptable no sólo en filosofía y teología, sino también en ciencia, arte y medicina. Quería decir algo nuevo, por eso se sentía en la obligación de leer todo lo que se había dicho anteriormente. Hoy en día, los especialistas son conscientes de que es imposible hacer algo parecido, pero al mismo tiempo saben que si no tienen en cuenta las otras ciencias, corren el riesgo de cometer graves errores, de perder el tiempo, de enfrentarse a falsos problemas, de hacer “mitología” o de hablar demasiado teóricamente. De aquí deriva la necesidad actual de trabajar en equipo, de la enseñanza interdisciplinar, del diálogo, de la comunión. Y esto no sólo se hace por motivos prácticos, porque al haber más personas se puede abordar una cuestión desde más puntos de vista para llegar más fácilmente a una solución, sino porque el ser social del hombre se está desarrollando de manera nueva también a nivel cognoscitivo. El paso de la humanidad, las circunstancias históricas ponen al hombre en la tesitura de desarrollar su fundamental dimensión social en un modo como no se había dado nunca antes en la historia.


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