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Julio - 2009


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Deporte, persona y naturaleza

Lucas Florián


Respeto y amor por el entorno natural; zambullirse en él porque la salud del cuerpo, de la mente y del alma se benefician.

En cada época histórica, la humanidad ha tenido una relación propia con la naturaleza. La sociedad actual, por ejemplo, se caracteriza por la sensación de ser capaz de dominarla y subyugarla mediante la ciencia y la tecnología. Al mismo tiempo, vivimos en un entorno cada vez más artificial y perdemos el sentido de nuestra identidad. El deterioro de la relación entre el ser humano y la naturaleza se llama “crisis ambiental” y supone desarrollo no sostenible, injusticia social y deterioro creciente de la calidad de vida. Sin embargo, la persona es parte integrante de la naturaleza. En ese contexto, el deporte al aire libre puede favorecer la integración armónica con ella, pues permite el contacto con el sol, el viento, la lluvia, la tierra, las plantas, los animales… Cada vez hay más personas que pasan el día delante del ordenador y del televisor, y cada vez son menos los que realizan actividades físicas al aire libre. La “biofilia” (amor por las plantas y los animales) está perdiendo terreno ante la “videofilia” (apasionamiento por todo lo que aparece en una pantalla: películas, videojuegos, internet…), y eso conlleva consecuencia negativas para la salud física y psíquica de las personas, sobre todo de los niños (obesidad, problemas de sociabilidad y concentración, etc.). Por el contrario, correr al aire libre, por ejemplo, pone a todo el cuerpo en contacto con los elementos que lo rodean, ya sea cuando el sol te broncea la piel como cuando el granizo te martillea la cabeza. Y no es lo mismo correr escuchando música en el mp3 que dejar que el canto de los pájaros llene nuestros oídos… Hacer deporte contemplando la belleza de la naturaleza es sólo el primer paso. Hay que pasar del respeto al amor por el ambiente y moverse del plano estético al plano ético. Cuando corro por un parque, a menudo dejo que mi mente vague para que se vacíe de pensamientos y preocupaciones. Necesitamos espacios de silencio, encontrarnos con nosotros mismos para estar mejor dispuestos a encontrarnos con los demás. A menudo corro también maratones y cada vez que acabo una me digo que no la volveré a correr nunca más, porque los músculos y las articulaciones empiezan a dolerme cuando llevo veinte kilómetros. Pero me doy cuenta que el resultado de la carrera depende más de mi mente que de mi cuerpo, de mi capacidad de sufrir y de superar las crisis. En este sentido, la carrera es también una alegoría de la vida, nos ayuda a conocer nuestras limitaciones y nuestros puntos fuertes. Pero todavía hay más. Uno de los aspectos más agradables del partido de futbito de las tardes es reunirse con los viejos amigos. Y los que se dedican a practicar deportes individuales están deseando hablar de los resultados de sus competiciones. Al sumergirnos en la red de relaciones que se dan entre los elementos de la creación, el deporte al aire libre nos lleva a reconocer espontáneamente que la relación entre las personas culmina en la fraternidad. De hecho, sólo una comprensión profunda, una relación sincera y una colaboración eficaz llevan a un equipo a alcanzar su objetivo. En el campo del alpinismo, a menudo se asocian las cumbres invioladas al contacto con algo o con alguien que nos trasciende. Moisés recibe las tablas de la ley en el monte Sinaí. Jesús pronuncia el discurso de las bienaventuranzas en una montaña. Muchos alpinistas afirman que perciben la presencia de lo absoluto en sus escaladas, incluso los que no tienen una creencia religiosa precisa. Sin embargo, esta sensación no es exclusiva del alpinismo; otros experimentan sentimientos parecidos ante paisajes naturales. Al ayudarnos a ponernos en contacto con la creación, con nosotros mismos y con los demás, el medio ambiente natural nos abre las puertas del alma a la relación con lo absoluto. Clemente de Alejandría, un Padre de la Iglesia, se atrevía a afirmar que la actividad humana (y por consiguiente, también el deporte) proporciona placer estético a nuestro creador. Es bueno recordarlo cuando contemplemos la potencia de un corredor de los 100 metros, la coordinación de un esquiador, la agilidad de una gimnasta o simplemente cuando hagamos “footing” en el parque, demos un paseo por la montaña o juguemos a un partidillo de fútbol con nuestros amigos.


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