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Julio - 2009


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Héroes infantiles

Gabi Ballweg (Neue Stadt)


Niños y adolescentes necesitan modelos para su vida cotidiana, pero los adultos no entienden a sus héroes estridentes. Entrevista a la pedagoga alemana Maya Götz*.

Los héroes forman parte de la vida diaria de niños y adolescentes, aunque a los adultos no les resulte fácil tratar con estas figuras a veces estridentes y complejas. La pedagoga Maya Götz, especialista en medios de comunicación, nos explica las características de los héroes y por qué los adultos no los ven de la misma manera. –Los niños y los adolescentes necesitan modelos y los buscan en la televisión, en las películas… ¿Qué tipo de héroes eligen? –Varía de un individuo a otro y depende de la edad y el sexo. Básicamente, los más pequeños buscan héroes con los que compartir determinadas situaciones y junto a los cuales puedan crecer. Niñas y niños se identifican con personajes del tipo Vickie el Vikingo, un niño que se mueve en el mundo de los mayores. Los mayores efectivamente tienen más poder, pero a veces llegan al límite y no saben bien qué hacer. Y Vickie, aunque sea un pequeñajo, sabe lo que hay que hacer. Esto refleja la sensibilidad del niño: soy pequeño, puede que no tenga fuerza alguna, pero tengo buenas ideas. A las niñas, por otro lado, les resulta muy atractiva Kim Possible. Buscan heroínas fuertes, porque así se sienten ellas: con una buena socialización, elocuentes, con éxito. –¿Los héroes son siempre unos “ganadores”? –Las chicas aceptan que sus heroínas fracasen alguna vez. Si cometen un fallo, les están demostrando cómo se las tienen que ingeniar ellas en esa situación. Y esto no está exento de problemas, porque cuando lleguen a la adolescencia pueden pensar que, si ciertos problemas tienen una solución tan fácil, problemas más graves como el alcohol y las drogas también se resolverán rápidamente. A los niños, en cambio, les resulta muy complicado aceptar que un héroe se equivoque, pues quieren ver cómo el personaje afronta los retos. En este sentido se pueden distinguir dos tipos de héroes: el “superdotado”, que siempre tiene una salida para cada situación, y el que se lo toma con humor. Un ejemplo de este último sería Bart Simpson, un héroe que comete muchos errores y que se equivoca a propósito. –¿Y cómo viven esto los adolescentes? –La tendencia es muy similar. Las chicas buscan heroínas que sepan bien lo que hacen. Eligen principalmente los culebrones porque los problemas se contemplan de manera cada vez distinta: en uno se dice una cosa, en otro algo diferente, y en el tercero otra cosa. Las jóvenes siguen atentamente estas distintas perspectivas y aportan su opinión al respecto. Cuanto más cuestionado esté todo lo que ven, más les encantan este tipo de emisiones. Ellos, por su parte, buscan soluciones más orientadas hacia la acción, héroes que planteen estrategias concretas. Están mucho más abiertos a la acción y a la violencia. Es cierto que durante mucho tiempo hemos exigido que se supriman los contenidos violentos en las películas, pero eso ignora la realidad. La acción cinematográfica se relaciona con la predisposición real a la acción, y esto es decisivo para los jóvenes. El problema es que en las series y las películas la tensión interna se transforma de manera sistemática en violencia. –¿Y qué se podría hacer al respecto? –Uno de los grandes problemas en la acción cinematográfica y de la violencia es que de pronto uno deja de verla; es decir, se considera obvio que el héroe pelee y use armas. Por eso hay que hablar con los chicos de la lucha y de la violencia, no dejarlas pasar, y creo que resulta más fácil hacerlo durante la educación primaria y no después. Las prohibiciones desde luego no funcionan. Los chicos lo tienen muy crudo. Por un lado, el material simbólico les dice que los hombres son mejores y siempre ganan, pero todos los días experimentan que ellas lo tienen más fácil, ya que el sistema escolar favorece a las chicas, cuando lo que hay que hacer es sentarse tranquilamente y resolver tareas. Cuando los chicos se fijan en héroes que siempre encuentran soluciones para todo, a menudo les surge como una necesidad de ternura: “¡Reconóceme! ¡Mírame! ¡Soy valioso!”. Notamos esa necesidad de reconocimiento en el momento en que queremos comprender por qué les interesan determinados dibujos animados y series, o por qué tienen ciertos gustos. En mi opinión, esto es una constante del mundo infantil y juvenil, de modo que podemos llegar a comprender las necesidades ocultas y entender, por ejemplo, cómo viven algunos sus fantasías y cómo van encontrando ese reconocimiento en su vida cotidiana. En la pubertad los chicos de hoy se manifiestan muy seguros de sí mismos, pero esto encubre la propia inseguridad, y se ve precisamente cuando se afrontan ciertos temas de conversación, por eso es necesario tratarlos en el seno de la familia buscando el momento adecuado. –¿Y fuera de la familia? –También, claro está. Cualquier ámbito donde se trabaje con los medios es bueno para este fin, y ofrece la posibilidad, incluso sin ser expertos, de expresarse como tales. Se dan muchas oportunidades en el colegio y en los grupos juveniles, cuando, por ejemplo, uno siente miedo y expresa que algo es horrible y le parece violento. Lo decisivo es enfrentarse a ello. Por otro lado, tenemos una cultura dominada por el mercado. A cada franja de edad se le ofrece algo específico, cada una tiene un mundo de medios audiovisuales propio, también los adultos. En estos mundos diversos nos perdemos unos con respecto a los otros, y sucede tan rápidamente que nos impide apoyar a los jóvenes justo donde los deberíamos de amparar más. –¿Los héroes varían con el paso del tiempo? –Las figuras heroicas cambian, pero el contenido heroico permanece. Siempre se trata del mismo motivo: experimentar armonía, experimentarse con responsabilidad social, experimentar la aventura. Esos motivos están en la literatura de todos los tiempos y la simbología los transforma. Hay autores que llegan a captar de una manera tan profunda los deseos y necesidades de los niños que sus héroes se mantienen durante mucho tiempo. Pero hay también héroes específicos de una época determinada. –También en los programas de “casting” nos encontramos con el tema de modelos de vida. –Ese tipo de programas no hubieran funcionado hace veinte años. Hoy obtienen un cincuenta por ciento de audiencia entre las chicas de doce a diecisiete años. Formatos como La mejor modelo son característicos de nuestra época. En el mundo juvenil la presión ha ido aumentando. Me refiero a esa orientación a conseguir logros y al miedo a no finalizar los estudios o a no tener una salida profesional. Justo ahí los programas de “casting” quieren demostrar que la gente joven puede alcanzar de manera brillante las metas que se les proponen. Y los jóvenes se fijan precisamente en eso: ¿lo consiguen los candidatos? Y lo juzgan en términos de “esto mola” o “¿cómo puede alguien ser tan ridículo?”, adquiriendo de manera natural pautas de comportamiento y valores. –¿Se podrían mejorar? –Sí, apostando por la calidad. El deseo de controlar los retos, de llegar a nuestros límites, de manejar renuncias y problemas está siempre ahí. Esto pertenece, más que nunca, a nuestra sociedad, y no lo debemos ignorar. Pero los programas de “casting” siguen siempre un mismo patrón y así se pierde diversidad y creatividad. Además, se podrían encontrar formas de captar mejor esa necesidad sin destrozar al ser humano. También deberíamos hablar más abiertamente de estos temas y tratarlos desde la óptica de nuestro trabajo pedagógico, y reflexionar sobre cómo poder fascinar a los niños y a los jóvenes. Pero, ante todo, mi deseo es que los adultos compartan más con los niños y con los jóvenes y traten de entender qué hay detrás de ciertos comportamientos. Sus fantasías son a menudo extrañas y sorprendentes, pero merecen la pena. Podemos descubrir muchas cosas interesantes. (Traducción de Nieves Vázquez) *) Maya Götz tiene 41 años y dirige desde 2003 el Instituto Central para la Televisión Juvenil y Educativa en la Radiotelevisión de Baviera (Alemania), donde comenzó su labor como redactora en 1999. Anteriormente se había licenciado en Pedagogía (Educación Primaria y Secundaria) en la Escuela Superior de Pedagogía de Kiel. Se doctoró en Kassel con la tesis “Televisión en la vida cotidiana de las jóvenes”. El tema principal de su labor pedagógica es la investigación en el campo de la televisión para niños y jóvenes. Está casada y es madre de dos niñas.


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