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Junio - 2009


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Pensamiento de la unidad/9: Conocimiento y comunión

Pascual Foresi


La verdad del ser: el conocimiento intersubjetivo. Una nueva fase en la historia del reflexionar humano.

Cuando decimos «cuanto más unido espiritualmente a los demás se está, tanto más se conoce», hacemos explícita una verdad implícita en la constitución misma de nuestro ser y de nuestro conocimiento. La verdad del ser se encuentra precisamente en la relación entre el ser-en-existencia-con-los-demás y el autoconocerse de ser-en-existencia-con-los-demás. Si el conocimiento en comunidad puede llegar a ser, y lo es, un verdadero conocimiento de lo real y no un conocimiento abstracto, es precisamente porque estamos inseparablemente unidos, aunque no seamos conscientes de ello. Éste es nuestro ser, nuestra existencia. Por eso cuanto más existencia-con-los-demás, don-a-los-demás sea mi existencia, tanto más conozco. Cuanto más unido esté existencialmente a los demás, cuanto más “humanidad” soy, tanto más conozco. Aunque el conocimiento intersubjetivo es un acto innato, también hay que conquistarlo. Cuanto más “explícitamente” se base nuestro conocimiento en la comunión, tanto más llegará a ser conocimiento verdadero, porque nos ponemos en las mejores condiciones para alcanzar la realidad y conocerla tal como es. No podríamos conocer sólo por nosotros mismos ni aunque nos lo propusiéramos. Y cuando pretendemos hacerlo, nos limitamos a un pseudo-conocimiento, porque nos estamos quedando fuera de la realidad, de la verdad, del ser. Conocemos mejor y expresamos mejor nuestro conocimiento cuanto más verdadero es el diálogo, la comunión, la relación de amor con otras personas. Y cuando esto se da, alcanzamos un conocimiento que nos llena, que nos regocija, precisamente porque ponemos dinámicamente nuestro ser en una actitud que se corresponde con la del ser real, si es que es verdad que estamos unidos y a la vez somos distintos en virtud de nuestro ser mismo. La angustia procede, en cambio, del “tormento” que nos produce estar unidos por naturaleza a los demás y encontrarnos aislados o aislarnos de los demás con nuestra vida y nuestro conocimiento. La angustia es la percepción profunda de no ser lo que de hecho somos, mientras que la alegría serena es cuando nos correspondemos con lo que somos realmente. En mi opinión, desde el punto de vista del conocimiento la historia de la humanidad se podría dividir en tres grandes periodos. El primer estadio es el del conocimiento mítico. Tras los mitos está lo real, porque esas formas ya son expresión de una percepción del ser, expresan muchas verdades; pero el pensamiento mítico estaba todavía completamente disuelto en la imagen. Con el nacimiento de la filosofía en Grecia se pasa al estadio del conocimiento que “se asoma” a lo racional. Pero esta racionalidad tuvo en sus comienzos una connotación fundamentalmente individualista que ha mantenido en su desarrollo, aunque nunca se ha perdido la conciencia de la comunión como dilatación del pensar. Esto lo ha puesto de relieve sobre todo el pensamiento “cristiano”, el pensar-en-la-fe. De hecho, el acto del pensar quedaba siempre, fundamentalmente, como un acto “mío”, donde la alteridad venía de fuera, no era constitutiva del acto mismo. Estos dos elementos –el individual y el de la comunión– no resueltos, marcan el camino del pensar en el Occidente europeo en sus formas varias. A mi juicio, hoy estamos yendo hacia una tercera fase, empezando por Occidente. Esta fase consiste en el profundizar a todos los niveles en el conocimiento colectivo. Se entra en un nuevo tipo de historia del pensamiento, el del conocimiento plena y conscientemente intersubjetivo. Sin embargo, este descubrimiento de lo “colectivo” no debe llevarnos a engaño, porque a la vez significa un descubrimiento más extenso de lo personal en su individualidad. Me parece que ésta es la actualidad. A la vez que existe una conciencia nueva del conocimiento intersubjetivo, vamos ahondando en el conocimiento mismo del individuo, de la introspección subjetiva, precisamente porque es ley humana: cuanta más conciencia tomamos de nuestro ser-colectivo, tanto más nos personalizamos. De hecho, ahora se descubre en su profundidad metafísica que el aspecto intersubjetivo, que ha atravesado la historia del pensamiento bajo distintas formas, coincide con el ser mismo.


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