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Marzo - 2009


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En memoria de Chiara: Fontem, una danza por la vida

Paolo Lòriga


El pueblo bangwa, en medio de la selva de Camerún, ha celebrado el final del luto por la desaparición de la fundadora de los Focolares. Los nuevos responsables, María Voce y Giancarlo Faletti, reciben el título de “guardianes del trono”.

Encapuchados con la misma ruda tela de saco de sus sayos, entran veinte hombres misteriosos. Avanzan al ritmo de los tam-tam, de los tambores y demás instrumentos tradicionales. Unas cuatro mil personas dispuestas en un gran círculo en el anfiteatro natural ante el palacio del fon (rey) de Fontem, en Azi, aplauden con ganas. Estamos en Camerún, África. Así empezó el cry die, o sea, el final del luto, como llaman aquí a esta solemne ceremonia, que tuvo lugar el pasado 10 de enero y que obedece a la tradición cultural y religiosa de este pueblo. Esta vez el rito es por la reina-enviada-por-el-cielo, o bien mafua ndem, apelativo que el rey le atribuyó a Chiara en el año 2000, la última vez que vino aquí. Los encapuchados siguen danzando incitados por la gente. Luego, con el largo bastón que empuñan, remueven la hierba baja que pisan sus pies desnudos. Son los hombres de la sociedad sagrada, desconocidos incluso para el rey, y son los encargados de custodiar la tradición y hacer que la respeten el rey y el pueblo. No dejan de escudriñar. Están buscando a la persona desaparecida, que para los bangwas no ha muerto, sino que ha emprendido un largo viaje. Lentamente se ponen en círculo. El fon deja la tribuna real y entra en el círculo de los hombres de la sociedad sagrada. Le dan un gallo vivo que él agarra por las patas con la mano derecha, y con el brazo ejecuta un gesto parecido a una bendición hacia los encapuchados. Es un rito propiciatorio, necesario para espantar a los espíritus malignos. El dolor de la pérdida El fon inicia una danza a la que se suma la mafua (reina). La gente hace silencio. El grupo emite sonidos guturales y canta con voz ronca. Es el dolor por la pérdida de la persona querida. Un escalofrío recorre la multitud y los rostros se tornan serios por la conmoción. Incluso los niños, que son muchos, se quedan quietos y silenciosos. No estamos ante una manifestación folclórica, ni un espectáculo étnico, ni la exhumación de un ritual. No es ficción. Es un dolor auténtico expresado públicamente y de manera colectiva. Ahora entiendo mejor las palabras del alcalde de Fontem, que para esta ocasión va vestido con especial magnificencia: «Nunca volverá a haber una persona como la mafua ndem Chiara. Su nombre ha entrado en nuestro vocabulario cotidiano». Y también las del presidente de la asociación cultural de los bangwas: «Chiara ha sido capaz de hacer suyos nuestros problemas y resolver muchos de ellos. Sobre todo ha conseguido que seamos una familia». Una dulce voz femenina entona el augurio para que la mafua ndem tenga buen viaje. Algunas danzantes muestran grandes fotos de Chiara. Aquí la vida y la muerte caminan (danzan) juntas. Una lleva a la otra, pero para exaltar la vida y dar gracias al Creador por este don cotidiano. En efecto, el cry die es una formidable celebración de la vida. Por eso, cuando acaba el llanto, estalla la alegría, porque la vida continúa. Y la vida es danza, canto y destreza. Se alternan grupos de danzantes con ropas llamativas, coros de chicas, coreografías rituales, gigantescas máscaras de madera y equilibristas. Ritmo, frenesí, vitalidad. Hasta el momento culminante: la danza real. Y ahí está el fon de nuevo en escena, explosivo y atlético a sus 48 años, cubierto de rojo aterciopelado, con dos pequeños tigres de trapo en los hombros, empuñando una espada reluciente y con una extraordinaria velocidad en las piernas. Lo acompaña la reina: pasos cortos, rapidísimos, al ritmo frenético de los instrumentos. El fon y una mujer En junio de 1966 en ese mismo escenario, el padre del actual rey, el fon Defang recibió a Chiara con profunda gratitud, porque los focolarinos, médicos y enfermeras, habían empezado a combatir la elevadísima mortandad infantil que diezmaba al pueblo. Con anterioridad, el rey no había tenido éxito con los ritos tradicionales y había ido a ver al obispo católico de Buea, mons. Julius Peeters, un holandés, para rogarle que le rezara al Dios de los cristianos. El prelado había conocido a Chiara Lubich en el Concilio y le remitió la súplica. En 1963 llegaron a Camerún los primeros focolarinos y en el 66 se establecieron entre las pocas cabañas de Fontem. El actual fon, Lukas Njifua, rememora aquellos tiempos en una intervención suya que abre la jornada, y termina evocando la desaparición de aquella mujer enviada por el cielo. «Los zapatos de Chiara eran tan grandes que cualquiera habría tenido miedo de calzárselos», dice dirigiéndose a María Voce y a Giancarlo Faletti. Y prosigue: «Estamos seguros de que habéis aceptado vuestro encargo con temor, pero sabemos que Jesús ha dicho: “Vosotros no me habéis elegido a mí, sino yo a vosotros”». Y después añade: «El pacto que hizo mi padre con la mafua ndem Chiara seguirá entre el pueblo bangwa y el Movimiento de los Focolares». Y la gente lo aprueba a coro con sus gritos. Guardianes del trono Se le entrega al fon una gran antorcha encendida. Simboliza la luz que trajo Chiara, que une a todos e ilumina la selva. Su majestad se acerca a María Voce y le ofrece la antorcha. Ella la empuña con ambas manos y la dirige a la multitud. Y de un símbolo a otro: el fon ofrece a la presidenta y al copresidente el traje real tradicional y los honra elevándolos al título de “guardianes del trono”, es decir, custodios de la herencia de Chiara. Los dos forman parte ahora del pueblo bangwa. «Estoy muy agradecida a Dios –dice María Voce–, porque ha guiado mis pasos para que mi primer viaje fuera justo al continente africano. Estoy aquí para admirar los frutos que el corazón de Chiara ha generado». Y rememora la aventura de Fontem como para confirmar las proféticas palabras de la fundadora sobre esta tierra bendita. «Hoy recordamos a Chiara –dice la presidenta–, y celebramos su ideal de solidaridad, de compartir y de amor que, según habéis escrito en la invitación oficial, no puede morir». La noche anterior había llovido copiosamente, si bien en la estación seca no cae ni una gota. Pero los bangwas no se asombran, era una señal del Cielo: «Mamá Chiara ha regado todo lo que había sembrado para que crezca». Además vino muy bien: la lluvia evita el polvo, que hubiese sido muy molesto durante la ceremonia. Misa solemne El día de antes se había celebrado en la gran iglesia de Santa Clara de Fontem una misa solemne en honor a Chiara presidida por el arzobispo emérito de Bamenda, mons. Paul Verdzekov, y concelebrada por Giancarlo Faletti, el vicario del card. Tumi, arzobispo de Douala, y otros veinte sacerdotes. El Evangelio del día es la página de San Juan sobre el testamento de Jesús. La homilía del arzobispo es como un coloquio con Chiara y evoca la gesta que tuvo lugar en este valle. La conoce muy bien, pues él era entonces el secretario de mons. Peeters. Al cabo de tres horas y cuarto, la bendición final, pero el tiempo ha pasado veloz pues la alabanza envolvía a todos en cuerpo y alma. A la salida, una nueva demostración de afecto. Delante del hospital, en el que hoy trabajan focolarinos y gente del lugar, se descubre una estatua que representa a Chiara con tres niños (tres generaciones de bangwas) caminando hacia Dios. Ahí mismo se presenta la Fundación Chiara Lubich, una iniciativa local (casi todos son ex alumnos del colegio de Fontem) para difundir la fraternidad universal, desarrollar el diálogo ecuménico e interreligioso y poner de relieve lo que puede llegar a producir el amor recíproco. RECUADRO Admiración por su religiosidad María Voce traza un primer resumen de su viaje. –Celebración del final del luto por Chiara Lubich: ¿sorpresa, admiración, emoción…? –Admiración por todo ese aspecto festivo y solemne, tan peculiar de estos pueblos. Muy hermosas las ceremonias y las danzas. Las autoridades y el pueblo participaron de forma animada, pues era para ellos una necesidad del corazón el responder al mensaje de Chiara. Verlos llegar después de haber caminado durante horas para recibirnos como continuadores de la vida de “mamá Chiara”, como ellos la llaman, fue conmovedor. Yo misma me conmoví varias veces, porque me querían demostrar lo mucho que Chiara los había querido. –En el año 2000 Chiara logró que dos fons hiciesen un pacto de amor recíproco entre ellos. Ahora son unos veinte. ¿Qué se está cuajando allí? –¡Es una experiencia única! Están a la cabeza de sus pueblos y desean guiarlos según una visión evangélica iluminada por el carisma de Chiara. Han adoptado esta visión porque podía transformarlos a ellos y a sus pueblos. Y al darse cuenta de este cambio, han decidido promoverlo presentándoselo a otros fons. Organizan encuentros, con frecuencia en el palacio real, y comunican en público los cambios que se producen en su vida. Por otra parte, sienten que esta acción nace del carisma de Chiara, por eso acuden al Movimiento y quieren ser reconocidos como miembros. Por eso han querido recibirme: querían que les dijera que el Movimiento los considera como una expresión suya en esta acción que llevan a cabo. Y yo, viendo los frutos, los he reconocido como tales. –¿Cómo ve la Iglesia esta novedad? –Es una presencia importante para la Iglesia local, como me han dicho algunos obispos, que se dan cuenta de cuánto puede penetrar el mensaje evangélico vivido por estas autoridades tradicionales. Dada la estructura de la sociedad africana, son la vía obligatoria para llegar al pueblo. Y ahí está la genialidad de Chiara: haber comprendido que tenía que dirigirse a ellos e involucrarlos en primera persona. –Los fons son la autoridad religiosa tradicional y aun así promueve la evangelización. ¿Confusión religiosa, riesgo de sincretismo? –No creo que haya peligro. He visto que tienen muy clara la diferencia entre lo que transmite el carisma y lo que les señala su religiosidad. Por ejemplo, la mayor parte de ellos son polígamos, y a ninguno se le ocurre ir a tomar la comunión. Pero al mismo tiempo saben que pueden promover el amor recíproco. Además, mantienen sus ritos tradicionales, que no están en contradicción con el Evangelio, y tratan de tomar del mensaje de Jesús todo lo que pueden vivir. Pienso que poco a poco irán cayendo los aspectos contrastantes y la Buena Noticia arraigará en su religión. No se trata de que renuncien a sus valores, sino de adquirir un valor más grande. Y sin forzar las cosas, por desarrollo interno. –El papa Benedicto estará en Camerún en marzo para reunirse con los obispos de África. ¿Qué le desea? –Espero que se dé un encuentro profundo entre el papa, en cuanto mensajero de Dios, y la profunda religiosidad del pueblo africano. Podría ser para la Iglesia el momento para tomar en consideración los valores que tiene África. Entre otras cosas, nos ayudaría a los occidentales a liberarnos del sentido de superioridad que inconscientemente tenemos, y que sólo se rompe cuando nos sumergimos con ellos en su continente.


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