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Diciembre - 2008


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Y Dios tenía un plan

Mario Ciabattini


El imán Warith Deen Mohammed fue líder espiritual de millones de musulmanes afro-americanos. Recordamos aquí su estrecha amistad con Chiara Lubich.

He tenido la gran fortuna de conocer personalmente tanto al imán W. D. Mohammed como a Chiara Lubich, y pude ayudar a que se estrechara la relación entre estas dos personalidades carismáticas. Ahora el imán también se ha ido, y parece más evidente que el sueño de sus vidas fue el mismo: la unidad de la familia humana. ¿Cuál fue la peculiaridad de esta relación? Chiara misma respondió a esta pregunta hace unos años: «Mi relación con el imán es igual que la que tengo con otros líderes religiosos, pero también es distinta. Con él me encuentro más a gusto, porque me parece que Dios lo ha puesto en nuestro camino, y viceversa, para que llevemos a cabo su plan de amor, que iremos entendiendo a medida que aumente la comunión y la colaboración entre nosotros». Por su parte, y a pesar de ser de raza, religión y sexo distintos, desde el principio W. D. Mohammed vio a Chiara como un don de Dios para sus seguidores, lo cual revela su apertura y su humildad. Decía: «Chiara tiene la capacidad de llegar al corazón de los míos de una manera que yo no puedo hacerlo». Y en otra ocasión afirmó: «Lo que proponen los Focolares es algo que nuestra alma conoce y quiere; nuestra alma está hambrienta de ello. Por eso me considero abierto a su influencia». Todo empezó un día soleado de agosto de 1996, cuando dos limusinas negras llegaron a la Mariápolis Luminosa, la ciudadela de los Focolares situada en Hyde Park, cerca de Nueva York. Ocho afro-americanos, altos y robustos, bajaron para decirnos que el imán Mohammed iba a llegar enseguida. Venían del congreso nacional de la Muslim American Society, la asociación que lideraba, que se estaba celebrando allí cerca. El verano anterior, el cardenal Keeler de Baltimore nos había instado a conocer a este imán, pues había tenido contacto con algunos miembros de los Focolares en Europa. En aquel breve encuentro, cordial y alegre, el imán nos explicó el motivo de su visita. Había leído la biografía de Chiara y había intuido que esta mujer estaba inspirada por Dios, por lo que quería conocer mejor su obra. Al marcharse, dijo: «Todavía no me he ido y ya os echo de menos». Al cabo de un mes, el cardenal Keeler hacía las presentaciones entre W. D. Mohammed y Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. El imán había pasado una semana en Roma y concluía ese viaje visitando el centro internacional de los Focolares. Al enterarse de que Chiara iba a ir a Nueva York en mayo del año siguiente, pues le otorgaban un doctorado honoris causa de la Sacred Heart University de Connecticut, el imán manifestó su deseo de que hablase a su gente en la famosa mezquita Malcom X de Harlem. Chiara aceptó la invitación. Se sucedieron meses de intensos preparativos que nos acercaron a la vida pintoresca y animada de Harlem. En poco tiempo brotó una relación sincera y fraterna. El 18 de mayo de 1997, una fecha que después se ha calificado de histórica, tres mil personas de distintas creencias, razas y nacionalidades abarrotaban los siete salones de la mezquita, conectados por vídeo, así como los alrededores del edificio. Los altavoces difundían desde los tejados lo que se decía dentro. El imán de esta mezquita, Izak-el Pasha, presentó a Chiara con amor y respeto, y a continuación el imán Mohammed comunicó a su gente lo mucho que le había llegado al corazón el mensaje de Chiara y que deseaba que ellos también lo escucharan directamente de Chiara. Es la diversidad, dijo, «lo que da piernas, ruedas y movimiento a la unidad para que pueda avanzar». Chiara habló de su experiencia cristiana y de la finalidad de los Focolares: trabajar por la unidad. Gritos de alegría y aprobación –«¡Dios es grande!»– coreaban las palabras de Chiara cuando citó dos pasajes del Corán que hablan del amor de Dios por los hombres. Ninguno de los presentes olvidará ese día en Harlem cuando aquella mujer, blanca y católica, consiguió conmover a personas tan distintas. Un periódico de tirada nacional supo expresar los sentimientos de todos: «Cuando Chiara Lubich, líder de uno de los grupos laicos católicos más difundidos en el mundo, tomó la palabra en la mezquita de Harlem el 18 de mayo, entró en la historia religiosa de Estados Unidos». Un episodio que sin duda estaba escrito en el Cielo ocurrió cuando, al acabar los discursos, Chiara estrechó un “pacto de amor recíproco” con el imán Mohammed «en nombre del único Dios, para trabajar sin descanso por la paz y la unidad». El imán respondió con alegría: «Éste es un pacto para siempre. Pongo a Dios por testigo de que tú eres mi hermana, yo soy tu amigo y te ayudaré siempre». Varios acontecimientos significativos se sucedieron a éste y han dado ocasión a los seguidores del imán Mohammed y a los miembros de los Focolares de entablar relaciones profundas en Estados Unidos, y no sólo allí. La noticia del encuentro entre Chiara y el imán tuvo una gran repercusión en las relaciones entre musulmanes y cristianos de Europa, Oriente Medio, África, Filipinas y Pakistán. Los encuentros que se han organizado en Roma para los musulmanes amigos de los Focolares se pueden considerar como los pilares del puente que se ha tendido entre las dos comunidades. Especialmente memorable fue el de octubre de 1999. Un grupo de noventa musulmanes estadounidenses del imán Mohammed pudo participar en un gran encuentro interreligioso en la plaza de San Pedro, convocado por Juan Pablo II y organizado por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. El imán Mohammed, en representación del mundo musulmán, fue designado para leer un mensaje ante el Papa. Nuestros amigos no salían de su asombro y no podían contener las lágrimas de la emoción. Y la alegría fue aún mayor cuando el imán saludó personalmente al Papa y le pidió que bendijera su diálogo con Chiara. El Papa asiente calurosamente. Antes de partir de Roma, el imán invitó a Chiara a viajar de nuevo a los Estados Unidos: «El mundo entero tiene que ver nuestra unidad». Este deseo se concretó el 2 de noviembre del 2000 en Washington. Los participantes en el encuentro “Faith Communities Together” (Comunidades de fe unidas), que se celebró en el palacio de congresos de Washington, fueron unos seis mil. El cardenal Keeler leyó el mensaje del Papa, que afirmaba: «El diálogo derriba barreras y prejuicios. Nos descubrimos miembros de la única familia humana con sus riquezas de cultura e historia». Aquel mensaje también invita a ser creativos y encontrar maneras nuevas de actuar el diálogo. Luego Chiara concluyó su intervención con palabras proféticas: «Que nuestro amor sirva para unir a las personas, como podéis ver hoy entre nosotros, musulmanes y cristianos, y para que surja en todas partes un mundo nuevo, renovado por el amor, un mundo en el que todos se reconozcan hermanos e hijos del único Dios. Que Él nos envuelva con su amor. ¡Dios es grande!». La respuesta del imán Mohammed fue certera y firme: «Subscribo todo lo que ha dicho Chiara. La veo como un líder para todos nosotros, lo digo de verdad, la veo como un líder para todos nosotros». Un comentario al respecto del imán Daud, de Maryland, es muy significativo: «Es el principio de la curación de las muchas divisiones que existen en los Estados Unidos». Aquel día Chiara recibió muchas cartas, sobre todo de musulmanes que le preguntaban cómo seguir avanzando. De común acuerdo con el imán, trazaron un plan para los “Encuentros en el espíritu de la fraternidad universal”. ¿Con qué finalidad? Conocerse recíprocamente para amarse más y ser una familia. Sugerían que estos encuentros se realizaran alternativamente en una mezquita y en una sede de los Focolares, y que cada vez se presentara desde los puntos de vista cristiano y musulmán un aspecto de la espiritualidad de la unidad, que el imán también veía como un don de Dios para toda la humanidad, seguido de experiencias de vida, momentos lúdicos y una comida juntos. Ya han pasado ocho años desde entonces y sobre estos encuentros se podría escribir una historia increíble. Cuando a finales de febrero de este año vi al imán en Chicago, no sabía que iba a ser la última vez. Los momentos que pasé con él fueron siempre alegres. Lo sentía como un amigo y un hermano. Ahora mi deseo, que creo comparten todos los que han formado parte de esta historia, es que en adelante los “Encuentros en el espíritu de la fraternidad universal” den testimonio de que Chiara y el imán Mohammed están vivos. CRISTIANOS Y MUSULMANES BAJO EL SIGNO DE LA FRATERNINDAD Más de 200 personas, unas musulmanas y otras cristianas, y procedentes de Pakistán, Indonesia, Nigeria, Estados Unidos, Argelia, Túnez, Marruecos, Líbano, Jordania, España y otros países de Europa, han podido dar testimonio de que la fraternidad y el diálogo son posibles entre cristianos y musulmanes. Se trata del VI Congreso Internacional de Diálogo Islamo-cristiano, promovido por los Focolares, y que se celebró en Castelgandolfo (Italia) del 9 al 12 de octubre. El congreso, cuyo tema fue “Amor y misericordia en el Corán y en la Biblia”, puso de manifiesto, mediante conferencias y numerosos testimonios, hasta qué punto ambos conceptos son básicos para cristianos y musulmanes, pues se hallan en el corazón de la Biblia y del Corán. Bajo el signo de la fraternidad se desarrolló este encuentro entre cristianos y musulmanes, y a medida que crecía el conocimiento recíproco también se iba a fondo en el diálogo, de manera que el rostro auténtico del Islam y la fuerza pacificadora del diálogo se iban abriendo camino, comprometiendo a los participantes a redescubrir el amor y la misericordia en la vida cotidiana, tal y como resultó de los testimonios presentados, a la luz del carisma de la unidad. En el mensaje firmado por el Secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, Benedicto XVI expresó su deseo de que “el congreso suscite renovados propósitos de cordial fraternidad y de compromiso sincero para favorecer el diálogo recíproco en el respeto de la dignidad de cada persona humana”. E invoca a “Dios altísimo y misericordioso para que siga guiando siempre el camino de la humanidad por la vía de la justicia y de la paz”. En la mañana dedicada al conmovedor recuerdo del líder afroamericano W. D. Mohammed, fue impactante escuchar el testimonio de los frutos de fraternidad que han madurado durante esta última década, como son los abundantes encuentros entre cristianos y musulmanes para intercambiarse experiencias suscitadas por el Evangelio y el Corán. Es un camino de fraternidad que se ha revelado particularmente importante después de la caída de las Torres Gemelas. Es de destacar la intervención del cardenal Tauran, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. El purpurado reconoció el mérito de los musulmanes por haber “devuelto la religión a la escena pública”. “Pero paradójicamente –añadió– hoy la religión da miedo, en lugar de dar paz, debido a que la violencia ha desnaturalizado el mensaje del Islam”. Según Tauran, “debemos trabajar para que el verdadero Islam tenga prioridad”. El objetivo, citando palabras de Benedicto XVI, “es escrutar juntos el misterio de Dios para discernir los valores adecuados e iluminar a los pueblos de la tierra”, valores como “el carácter sagrado de la vida y de la paz”. Loli García


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