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Diciembre - 2008


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Una aportación al sínodo

Fabio Ciardi


Dos textos de Chiara Lubich para la reflexión de los padres sinodales. María Voce, auditora del sínodo, nos cuenta sus impresiones.

En un sínodo de obispos sólo participan 250 personas, pero está destinado a tener una gran repercusión. Cada cuatro años, el sínodo traza un camino para toda la Iglesia. Esta vez el tema de “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia” ha despertado especial interés, pues hay una clara conciencia de que la vida de la Iglesia depende de cuánto se viva el Evangelio. Viene a la mente el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando relata de una forma muy original que la Palabra de Dios crecía, se multiplicaba, se reforzaba. También Pablo anota en sus cartas que la Palabra camina, corre y no es encadenada. Ahí la Palabra está personificada e identificada con la Iglesia misma; y es que son dos realidades estrechamente unidas. «Cuando florece la Palabra –escribió Lutero– todo florece en la Iglesia». El documento preparatorio de este último sínodo reconoce la aportación de los movimientos eclesiales al nuevo florecimiento de la Palabra y, por consiguiente, de la vida de la Iglesia: «Aun siendo muy distintos entre sí por sus métodos y sus campos de acción, tienen en común la característica de redescubrir la Palabra de Dios y colocarla de modo privilegiado en su proyecto espiritual y pedagógico para suscitar y nutrir la vida espiritual. Disponen de itinerarios formativos eficaces, centrados en la asimilación existencial de la Palabra de Dios». Aquí se sitúa también la aportación del Movimiento de los Focolares. Chiara Lubich y sus compañeras tenían un sueño: volver a escribir el Evangelio con sus vidas. Deseaban vivirlo de tal manera que, si por una hipótesis absurda todos los evangelios de la tierra fueran eliminados, pudieran ver en ellas a Jesús y así volver a escribir el Evangelio. También Chiara, con sus comentarios a muchas frases, conocidos como “Palabra de vida”, ha acercado el Evangelio a la gente. Es significativo el título de un libro de Michel Vandeleene y Giovanni D’Alessandro recientemente publicado, que recoge escritos de Chiara: Vivere. La Parola che rinnova (la edición en castellano está en preparación). Recoge cinco conversaciones inéditas de la fundadora sobre su experiencia personal y la de muchos otros que han hecho suya la espiritualidad de la unidad. Con anterioridad, el mismo día del funeral de Chiara, había salido otro libro, Ser Palabra viva, que recoge breves pensamientos, intuiciones profundas y aforismos ordenados por temas. Ambos libros fueron concebidos como aportación a la reflexión sobre la Palabra de Dios con motivo de este sínodo, como queriendo demostrar el deseo de Chiara, que ahora ha heredado su movimiento, de caminar al unísono con la Iglesia. En ellos se percibe ese redescubrimiento del Evangelio: palabras eternas y actuales; palabras para meditar y para poner en práctica; palabras que, si se viven, son capaces de revolucionar la vida personal y la sociedad que nos rodea. PALABRAS EN COMUNIÓN Entrevista a María Voce –¿Tu impresión tras haber participado en el sínodo sobre la Palabra? –Una gran esperanza, apertura recíproca, escucha, acogerse sin reservas... También igualdad, porque todos tenían que respetar el tiempo que se les asignaba. Se notaba que estábamos en la misma dimensión de esperanza. Estoy muy agradecida por haber tenido la posibilidad de participar de esta experiencia. Estoy convencida de que, nada más ser elegida, Dios ha querido llevarme a una dimensión más amplia que la del Movimiento, la dimensión universal de la Iglesia. Yo habría podido pensar en hacer algo especial por el Movimiento, en cambio Dios me ha hecho experimentar que éste tiene que perderse en algo más grande y que nuestro Movimiento no es más que una parte, aunque importante, precisamente porque es parte de algo universal. –¿Los padres sinodales te veían como María Voce o como la que ha tomado el lugar de Chiara Lubich? –Tengo la impresión de que veían en mí a las dos, porque me hacían heredera de todo el bien, la simpatía, los frutos espirituales que Chiara ha sembrado. Muchos superiores de congregaciones religiosas, obispos, cardenales me daban las gracias por lo que Chiara había hecho por ellos. Al mismo tiempo, sentía su aprecio por mí, y muchos manifestaban estar convencidos de que estaré a la altura de mi nueva responsabilidad. –¿Qué te ha sugerido el contacto y la cercanía con tantos pastores? –Los obispos y cardenales eran portadores de muchos sufrimientos, de los dolores del mundo que vive la Iglesia: pobreza, guerras, incomprensión, exclusión, dificultades... Estaba en sus relaciones, pero sus palabras tenían un tono pesimista. Trataban de poner en común las dificultades para buscar juntos soluciones plausibles en el mundo globalizado. –Y ¿qué idea han transmitido los padres sinodales de la globalización? –En vez de favorecer el encuentro, a menudo la globalización provoca el enfrentamiento. Sin embargo, los problemas pueden ser una fuente de recursos; por ejemplo, la migración de pueblos enteros es una oportunidad para evangelizar, porque también hay muchos cristianos que migran, y si dan testimonio del Evangelio, son una riqueza enorme. –O sea, ha sido un sínodo creativo... –Sí. Se notaba una clara apertura a quienquiera que sugiriese ideas y métodos para evangelizar, que significa ayudar a los hombres a encontrarse con Jesús y ver la manera de que se enamoren de él. Éste es el reto que los pastores lanzan a todo el pueblo de Dios. –¿Se ha visto la Palabra como “vínculo ecuménico”? –En la primera redacción del mensaje y de las propuestas finales, el diálogo ecuménico y la referencia al patriarca Bartolomé I se veía desde el punto de vista de la misión de la Iglesia, mientras que en la redacción final se ha incluido en el capítulo dedicado a la comunión dentro de la Iglesia. Esto me ha parecido un gesto muy significativo, porque da al concepto de Iglesia una visión más amplia, ecuménica. Significa que se ha reconocido cierta unidad real, aunque incompleta. –Según los padres sinodales, la Palabra puesta en práctica puede ser un puente en el diálogo con las grandes religiones y las grandes tradiciones filosóficas de la humanidad... –Por lo que respecta al diálogo interreligioso, se ha puesto de relieve, no tanto los problemas relacionados con las religiones, sino con los hechos históricos, políticos, económicos que subyacen. Teniendo presente la unidad de la Sagrada Escritura, se ha subrayado la necesidad de descubrir la esencia de amor de toda la Palabra de Dios y cada una de sus expresiones. Sólo se puede establecer un diálogo con otras religiones desde esta visión. El cristianismo no está a la defensiva, sino “al ataque en el amor”. Los demás no tienen por qué esperarse esta actitud de diálogo, sino que debe partir de la Iglesia Católica, justo porque en ella está la apertura al amor. Ha habido, por supuesto, numerosos llamamientos a la paz y al fin de las persecuciones. Por otra parte, se ha destacado la necesidad de tener en cuenta el martirio: seguir a Cristo puede traer esa consecuencia. El cardenal Ouellet ha visto todo el dolor y el mal en el mundo desde la perspectiva del abandono de Jesús en la cruz. En el grito de Jesús, que no deja de ser Hijo de Dios aun cuando se anula completamente, es posible redimir el sufrimiento, no cerrando los ojos, sino viviendo el sufrimiento en la Palabra, viviéndolo en Jesús muerto y resucitado. –El cardenal Ouellet ha mencionado la espiritualidad de la unidad… –Cuando mencionó a Chiara y el diálogo ecuménico que llevan a cabo los Focolares, me pareció casi lógico que destacase la espiritualidad de la unidad, porque es algo ya reconocido. Al mismo tiempo, me parece que tiene que emerger con más fuerza el hecho de que el Evangelio hay que vivirlo juntos. Vivir la Palabra de forma comunitaria, comunicarse con sencillez las experiencias que se hacen al poner en práctica el Evangelio, puede favorecer una nueva evangelización. Aurelio Molé


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