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Noviembre - 2008


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Entre sexo y sentimientos

Julio Márquez


Masculino y femenino ¿Qué ocurre en la relación íntima de la pareja? Por encima de crisis y liberaciones varias, aún se sigue buscando la felicidad.

Hasta hace cuarenta años el estilo de vida de un hombre o una mujer se forjaba en la familia, en el grupo de amigos, en la escuela, en la parroquia... Hoy ya no es así. El mundo se ha ensanchado desmesuradamente y ahora son los medios de comunicación los que más influyen en nuestro modus vivendi, es decir, cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos relacionamos con nuestros semejantes. Sólo que la mayor parte de los modelos que nos proponen los medios aparecen en una sola dimensión, deformados, chatos, demasiado brillantes o exasperantes hasta lo patológico. Por tanto, no ayudan a madurar equilibradamente la vida afectiva y de relación. Por ejemplo, las chicas que describen las revistas parecen dispuestas a lo que sea con tal de acabar en el escaparate de la web. Disfrazadas de estilos de vida inducidos por la publicidad, ya a los doce años “tienen que” ser delgadas a toda costa, y sin renunciar a unos buenos senos, y practicar sexo de consumo. Poco importa la idea que tengan de sí mismas o de lo que es una historia de amor. Y los chicos que aparecen en la tele, por su parte, parecen obsesionados por su imagen. Para superar el trauma de “prestación”, recurren a la Viagra, que no les sirve para nada, y se enfrentan al mundo apiñados en bandas callejeras más o menos violentas. ¿Qué pensarán de sí mismos?, ¿y de las chicas, objetos disponibles y provocadores en cualquier publicidad? Al lado de estos jóvenes, los adultos tampoco quedan muy bien. Las únicas alternativas parecen ser las parejas melosas, demasiado perfectas para ser reales, o irremediablemente desinhibidas, dentro y fuera de la cama. Especialmente cuando abordan la afectividad o la intimidad, los medios sólo son capaces de trivializarlo todo, consiguiendo que las relaciones pierdan encanto y veracidad. Con tanto estupro impune y tanta serie de señoras insatisfechas, las mujeres se lamentan de la falta de respeto por parte del hombre cavernícola, que no evoluciona y sólo ve a la mujer como compañera de relaciones sexuales. Los hombres les rebaten que necesitan dulzura y feminidad, y no mujeres complicadas y autosuficientes. Por otra parte, los titulares de los periódicos nos agreden con cosas así: “El sexo desaparece de la vida de pareja”, o bien: “La infidelidad avanza”. Y en los grandes almacenes los juguetes eróticos ya están al alcance de todos. O sea, que estamos ante un amor entendido como espacio de realización personal, con muchas sensaciones y poco compromiso, porque si no funciona, se cambia de pareja y ya está. Y por encima de todo esto ya aletea la esperada píldora del placer, que pronto sustituirá a la Viagra y será también para ellas, y se prevén ganancias astronómicas. O sea, todo un negocio, si medimos el valor de hombres y mujeres por la cantidad de amores consumidos. Hasta aquí los medios. Ahora vamos al mundo real. Investigaciones y testimonios serios y competentes demuestran que cada vez hay más soledad, y mucha gente busca con desesperación un poco de amor y serenidad, sin saber bien cómo hacerlo. Cada vez hay más cirugía estética, en hombres y mujeres, y muchos jóvenes prefieren la sexualidad virtual (vía sms) por miedo a ser rechazados en un encuentro físico directo. Entre los adultos no es raro que se apague el deseo a causa del estrés de tener que hacer demasiadas cosas al cabo del día, o por la frustración de no responder a los modelos (inexistentes) que proponen la tele y las revistas. Y entonces aparece el tedio, consecuencia también de la abundante pornografía (hay quien quiere considerarla como símbolo de progreso y libertad) y de la sexualidad propuestas por los medios, siempre en busca de nuevas transgresiones para llamar la atención. Sin embargo, en medio de esta situación, muchos jóvenes y menos jóvenes consiguen –uno no sabe cómo– mantener el equilibrio, el sentido común, la generosidad y la esperanza. Buscan amor “para siempre” y una sana sexualidad en el momento justo. También las estadísticas están manifestando un cambio de tendencia respecto a la generación anterior: el sexo vuelve a ir de la mano del amor y de la fidelidad, en lugar de la desenfrenada libertad sexual. ¿Por qué? A lo mejor es que la gente real es distinta de la que aparece en la tele. Quizás la raza humana tenga una característica que los operadores de los medios y los intelectuales no llegan a descubrir. Pero bueno, los que consideramos que la fidelidad, el amor y la felicidad van de la mano de la sexualidad proponemos nuestro “manual de instrucciones”. Por supuesto, respetando el parecer e los lectores. MANUAL DE INSTRUCCIONES Al contrario de lo que se esperaba, la liberación sexual no ha logrado todos sus objetivos: la gente no es ahora más libre y más feliz. Es más, se da un sentimiento generalizado de insatisfacción y parecería que el sexo se ha vuelto una especie de obsesión social que en ocasiones llega a crear verdadera dependencia. Además han aparecido patologías imprevistas, como por ejemplo la disminución del deseo sexual y el aumento de las enfermedades infeccionas ligadas al sexo. Esta forma de vida, en la que los medios influyen mucho, se refleja en la pareja, y a menudo, como no logran vivir la relación sexual como posibilidad de consolidarse y crecer en comunión, acaban en una frustración cada vez mayor. De manera que el cuerpo es (o se percibe) como una especie de depósito de necesidades (en especial sexuales) que hay que consumir a toda costa y de forma desligada de otros aspectos fundamentales del ser humano, como son las relaciones sinceras y profundas, el amor gratuito, la estima, el respeto, la ternura... Menos mal que no faltan aspectos positivos. Hoy se habla con mucha mayor desenvoltura que antes sobre el sexo y muchos tabúes han desaparecido. La relación sexual no es sólo un medio para la fecundación, sino que tiene una función relacional importante para construir la unidad en la pareja. Y, en definitiva, el ser humano es considerado en su unidad de alma y cuerpo, no ya contrapuestos. Para orientarse en este delicado mundo de la sexualidad humana y vivirla como fuente de alegría, pueden ser de utilidad algunas palabras clave: Don. El significado más profundo de la relación sexual es el del don. Nace del deseo de un “algo más” de amor por una persona en particular, y debería conducir a un amor cada vez mayor, que te lleva a pasar del yo al nosotros, del individualismo a una plenitud de unidad que genera la vida. Y esa vida se hace fecunda en el plano físico, psicológico y espiritual. Comunicación. La relación sexual es un tipo de comunicación especial mediante el cual el hombre y la mujer tratan de decirse uno a otro, con su cuerpo: Yo me doy totalmente a ti y te acojo en mi vida para siempre. Ternura. Generalmente, cuanto mayor es el amor entre los dos, mayor será la gratificación sexual. De hecho, la relación sexual es como un test que expresa el grado de donación en la pareja. Si los dos no se aman concretamente durante todo el día, creciendo en respeto recíproco, en ternura y en gratuidad, es muy difícil que puedan inventarse el amor en la cama. Dificultades. Está demostrado que muchas disfunciones sexuales en la pareja están unidas a las dificultades en la relación. Con frecuencia, si se pone en su sitio esa relación, mejora también la vida sexual. Diversidad. El hombre por lo general presenta una sexualidad más instintiva, su excitación es más inmediata y localizada, por eso puede desligar con más facilidad el sexo del amor. Después de una pelea, suele buscar la reconciliación precisamente mediante el sexo. La mujer, en cambio, presenta una sexualidad que viene de más lejos y se siente estimulada sobre todo por el afecto y el amor de su hombre. Por esa razón ella va antes que nada en busca de una relación rica en matices y atenciones. Monotonía. Con el paso del tiempo, el sexo puede volverse monótono y perder significado. Entonces muchos buscan nuevas experiencias con la vana esperanza de volver a encontrar la gratificación que han perdido. Lo que salva a la sexualidad de la monotonía es la ternura, que no son sólo caricias y carantoñas, sino especialmente una atención constante por el otro y el sincero deseo de hacerlo feliz. Placer. El placer sexual, si es fruto de un amor vivo, ayuda a la pareja a crecer en unidad. Pero no hay que hacer un mito de él, si no, se corre el riesgo de querer cada vez más, lo cual produce efectos contrarios a los deseados. Prestaciones. En ciertos casos, paragonarse con los modelos de la tele puede producir ansia de prestación. Es importante no dejarse influir por esos modelos de sexualidad, porque cada pareja tiene su intimidad, su lenguaje sexual particular, y es ése el único que va bien para esa pareja. Autocontrol. Hay periodos de la vida en los que no se puede tener relaciones sexuales (enfermedades, estar lejos de casa, cansancio, desinterés por parte de uno...). En esos casos, sólo si uno está acostumbrado a controlar sus impulsos sexuales podrá evitar frustraciones. Es esencial poseer una serena educación en el autocontrol. Hablar. No tener vergüenza de hablar sobre la afectividad y la sexualidad. En caso de que haya problemas, buscar juntos la forma de recomenzar y mejorar, quizás con ayuda externa o buscando alternativas para el afecto. No desanimarse. El objetivo es la felicidad de la pareja. Cuando él o ella se marchita. Antes o después aparecerán las primera arrugas y la eficacia sexual disminuirá. Pero en una pareja donde hay amor y acogida profundos, las dificultades y las limitaciones del otro son también mías. No hay que perder nunca la capacidad de sorprenderse con quien vive a mi lado. A veces tenemos la impresión de saberlo todo del otro; pues bien, el verse siempre nuevos, plenos de esperanza y optimismo, permite mantener el calor del afecto incluso cuando la capacidad sexual disminuye o el aspecto físico no sea el de antes y aparezcan signos de decadencia, que por otra parte son preludio de algo nuevo: una mayor vida interior. Seguir siendo atractivos. A veces, con el paso de los años, uno ya no está tan atento a cuidar su aspecto externo, nos volvemos deprimidos, encerrados en nosotros mismos, y esto influye mucho en la relación de pareja. En ciertos casos puede servir, con asesoramiento médico, algún medicamento para mejorar la prestación sexual, pero hay que poner atención en tomar la decisión juntos, con sentido común y sólo por amor. Amar. En el fondo, lo que cuenta para cada ser humano es amar y ser amado, y esto es posible siempre, incluso aunque la vida sexual se debilite o desaparezca. TÉCNICAS DE SEDUCCIÓN Hace doce años que estamos casados. De vez en cuando nos decimos que casarnos fue realmente una buena idea. Si tuviera que decir cuáles son las instrucciones para que un matrimonio vaya bien y mantenga una relación sexual que funcione, no sabría hacerlo. Los métodos de sedución o las técnicas especiales no son cosa mía. Cuando estaba en secundaria, un compañero de clase que conocía mis convicciones cristianas me preguntó un día: “Y si, cuando estés casada, tu marido te pidiese prestaciones especiales, ¿qué harías?”. No entendí lo que quería decirme, seguramente porque no tenía mucha idea en este campo, pero también porque algo por dentro me decía que podía tener más. Ahora puedo decir que ha sido así. El método de seducción que conozco es amar a mi marido en cada momento del día concretamente, en las pequeñas cosas: escucharlo, preparar una buena comida, levantarme antes que él cuando los niños lloran. Él también procura amarme del mismo modo. Y cuanto más nos amamos de esta forma, más nos enamoramos. La “técnica” que puedo aconsejar es muy sencilla: después de vivir así durante todo el día, llegar a una relación que esté suscitada sólo por amor, y no por una búsqueda de satisfacción personal. Si procuras vivir así, viviendo cada momento con la intención de ser acogedor y ser sólo amor, entonces será una experiencia hermosa en la que no existen niveles de prestación ni dificultades, porque el amor “construido” cubre y vuelve maravillosos todos los momentos. ¿Dificultades? Sí, las hemos tenido, pero no logramos recordar en qué momento las hemos superado, pues lo que más nos interesaba era amarnos donándonos recíprocamente, cada cual con su bagaje de alegrías, dolores, certezas, limitaciones y todo lo que hizo que nos enamorásemos y eligiésemos para toda la vida. Tatiana (y Pablo) F.


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