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Agosto - 2008


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El misterio de la asunción de María

Clara Arahuetes


Arte y tradición

La Iglesia conmemora la Asunción de María desde los primeros siglos del cristianismo, pero fue en 1950 cuando Pío XII definió el dogma: «La Inmaculada Madre de Dios, cumplido el curso de su vida terrena, fue subida en cuerpo y alma a la gloria celestial». Esta fiesta se celebra el 15 de agosto y cuenta con una gran devoción en muchos pueblos y ciudades de España. La literatura y el arte nos han transmitido el misterio de la muerte y asunción de la Virgen, y aún hoy en varios lugares de nuestro país podemos asistir a su representación teatral. Además del conocido Misterio de Elche, el 14 y 15 de agosto se escenifica el Misteri de la Selva. Se trata del drama litúrgico más antiguo escrito en lengua catalana sobre este tema. El manuscrito de finales del siglo XIV se custodia en el archivo diocesano tarraconense. El argumento de estas representaciones se inspira en la Leyenda Dorada escrita por Jacobo de Vorágine en 1265. El texto explica la fiesta más antigua dedicada a María: su paso de la muerte a la vida y su ascensión al cielo. La Virgen, estando en oración, recibe la visita del arcángel Gabriel, quien le comunica que su muerte está próxima. El ángel le ofrece una palma traída del paraíso, indicándole que los discípulos de Jesús debían llevarla delante del ataúd. María le pide a Gabriel que los apóstoles se reúnan con ella, pues quiere despedirse de cada uno antes de morir. Varios textos apócrifos relatan que fueron llamados por el Espíritu Santo en los lugares donde estaban predicando y traídos a su presencia sobre nubes. No sólo la literatura; también las artes plásticas representan con imágenes estos mismos hechos que describe la Leyenda Dorada. De hecho, la figura más representada en el arte cristiano, después de Jesús, es la de la Virgen, por su trascendencia como Madre de Dios. El culto a María se remonta a los primeros momentos del cristianismo, y prueba de ello son las representaciones de su imagen en el arte. Aunque no existe en la Iglesia una tradición unánime sobre su muerte, a partir del siglo V los relatos apócrifos se multiplican en Oriente y Occidente, narrando este hecho natural en cualquier ser humano. Esta idea se refuerza con la instauración de la Fiesta de la Muerte o Dormición de la Santísima Virgen por la iglesia de Siria, y muy pronto se extenderá por toda la cristiandad. No se conoce con seguridad el lugar donde María pasó los últimos años de su vida, ni donde murió. Unos dicen que estuvo con Juan en Éfeso, otros dicen que fue en Jerusalén. En el siglo V el obispo de Jerusalén sitúa el sepulcro de la Virgen en esta ciudad, en Getsemaní, en el valle de Josafat, donde se levanta una iglesia dedicada a la Asunción. Ya en el siglo VII existían cuatro fiestas consagradas a la Madre de Dios, todas ellas de origen oriental: Purificación, Anunciación, Asunción y Natividad de María. Sin embargo, la verdadera edad de oro del culto mariano será entre los siglos XII al XVI. En la Edad Media se considera que María es corredentora con Jesús. Por esto, y por la ausencia de fuentes bíblicas, surge el deseo de relacionar sus últimos momentos con los de su Hijo. La Virgen muere confortada por Cristo, es enterrada en un sepulcro para ella sola y, debido al temor de una profanación, los apóstoles vigilan el sepulcro durante tres días, transcurridos los cuales encontraron la sepultura vacía, ya que su cuerpo había subido al cielo, donde sería coronado por Dios Padre. En la Iglesia Oriental no se habla de la muerte de la Virgen, sino de la “dormición”, como sinónimo de descansar en el Señor. En Occidente es más frecuente emplear la palabra “tránsito” para designar que su muerte no es real, sino el paso a la vida eterna. En Oriente, el arte bizantino crea la iconografía de la Dormición de la Virgen, que se representa junto con la Asunción al cielo. En los iconos se sigue al pie de la letra los textos apócrifos y las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, y aparecen de forma unitaria los pasajes que preceden a la muerte de la Virgen y su Asunción. En una misma escena pueden contemplarse la llegada de los apóstoles sobre nubes, la muerte de María, los funerales, con la celebración de las exequias por parte de San Pedro. Además, a pequeña escala se representa las imágenes del episodio del judío Jefonías, que intentó destruir el ataúd de la Virgen y, como castigo, el ángel le cortó las manos. Se completan estos episodios con la resurrección del cuerpo de María, transportado al cielo por Cristo. En representaciones posteriores al siglo XV puede aparecer rodeada de una mandorla. En la parte superior de la composición se representa la Asunción de la Virgen entregando su cinturón al apóstol Tomás, que no llegó a tiempo de la Dormición. El cinturón se convierte así en un símbolo de la protección de María sobre todos sus hijos, a los que no abandona. En Occidente se sigue el ejemplo bizantino, pero luego se modifica y se representa la Asunción como hecho independiente. El primer ejemplo que tenemos es del siglo IV y forma parte de la decoración de un sarcófago paleocristiano, en la iglesia de Santa Engracia, de Zaragoza, donde la mano de Dios desciende desde lo alto para hacer subir a María, que está rodeada de los discípulos. En el arte occidental se representan los sentimientos de los apóstoles, y destaca la figura de san Juan, quien se inclina sobre María de la misma manera que lo hizo en la Santa Cena sobre Cristo. San Pedro, por su parte, se sitúa siempre a la cabecera de la cama de la Virgen, mientras que san Pablo se encuentra a los pies. También podemos encontrar a María en su lecho de muerte, con los discípulos de su Hijo, mientras su alma en forma de niña es transportada al cielo por dos ángeles mediante un lienzo. Otras veces es el mismo Jesús quien lleva en brazos a una niña cubierta con una túnica. Ésta es una forma habitual de representar el alma en el mundo cristiano. Esta idea dará lugar a la representación independiente en la parte superior de las composiciones: la subida de María al cielo en cuerpo y alma ayudada por los ángeles, es decir, su gloriosa Asunción a los cielos. A partir del siglo XVI surge una nueva variante del tema, en la que los ángeles están presentes pero ya no forman parte activa de la representación, porque la Virgen sube por sí misma al cielo. Esta fórmula es la que utilizan Tiziano y Rubens. El Misteri de la Selva La “Representación de la Asunción de la Virgen María” es el primer drama asuncionista que se conserva íntegramente. Fue escrito en lengua catalana en el siglo XIV. El Misterio de Valencia y el de Elche son posteriores. El Misteri es un relato didáctico sobre la fiesta más antigua dedicada a María: el paso de la Virgen de la muerte a la vida y su subida al cielo. La mayor parte de la obra es cantada a capella, sin acompañamiento musical, siguiendo el repertorio gregoriano de los siglos XIII y XIV. En la representación del Misteri de la Selva participan más de doscientas personas de la población de Selva del Camp, en Tarragona. Representaciones: 14 de agosto a las 22:00 h y 15 de agosto a las 20:00 h, en la Iglesia Parroquial de la Selva del Camp.


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