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Agosto - 2008


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Un carisma en la historia

Varios


Han escrito de Chiara Tras la muerte de Chiara Lubich, muchas revistas de matriz católica han publicado artículos sobre la fundadora de los Focolares. Recogemos aquí de manera fragmentaria dos de ellos.

Hermanas en el amor a Jesús en la cruz Card. Giovanni Coppa En nuestros días, una afinidad espiritual profunda une las figuras de dos grandes personalidades de la historia religiosa del siglo pasado (...). La Madre Teresa y Chiara Lubich hicieron una experiencia única de unión con Cristo crucificado; también ellas descendieron “a las aguas oscuras de la muerte” de Jesús, y en cierto modo vivieron esa “profundidad de la muerte”, compartiendo, de manera distinta pero complementaria, la soledad de Jesús abandonado en la cruz. Ambas experimentaron la noche oscura de la soledad interior y absoluta, que desde san Juan de la Cruz se conoce como la amarga porción reservada a quien se pone con resolución en el camino de la renuncia por Cristo, y especialmente a quien llega al desprendimiento total de la vía mística (...). Chiara Lubich tuvo al principio serias contrariedades con la Iglesia, y la experiencia de Jesús abandonado se tornó en un ansia constante de sufrir por él y por la Iglesia. En el primero de los cuatro volúmenes de Escritos espirituales recogió este pensamiento: “Quisiera dar testimonio ante el mundo de que Jesús abandonado ha colmado todo vacío, ha iluminado toda tiniebla, ha acompañado toda soledad, ha anulado todo dolor, ha cancelado todo pecado». A los veintitrés años hizo un descubrimiento deslumbrante: «Dios es amor», y esto la hizo adentrarse en la intimidad más profunda con Dios: «Porque es Amor, Dios es Trinidad», dijo a un grupo de obispos en 1989. Diez años antes, a otros obispos les había dicho: «Es una fulguración, Dios me ama inmensamente, Dios me ama inmensamente. Desde ese momento descubro a Dios presente por todas partes con su amor: a lo largo de mi jornada, en mis noches, en mis impulsos, en mis propósitos, en los acontecimientos gozosos y reconfortantes, en las situaciones tristes, escabrosas y difíciles» (...). Aquella iluminación se vio acompañada de una participación cada vez mayor de Chiara en el abandono de Jesús en la cruz, en su “grito” de moribundo no escuchado, en una experiencia cada vez más global, de la que dio testimonio en su libro titulado justamente El grito, Jesús crucificado y abandonado en la historia y en la vida del Movimiento de los Focolares desde su nacimiento, en 1943, hasta el alba del tercer milenio, donde escribió: «Como una flor completamente abierta, completamente desplegada, Jesús, después de haber dado su sangre, su muerte natural, también da... su muerte espiritual, su muerte divina, y da Dios. Se vacía también de Dios. »Y eso lo hace en el momento del abandono, cuando grita: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”» (...). La fundadora de los Focolares no se detiene en sus pruebas personales, sino que sólo las menciona con delicadeza, con palabras que dan a entender su sufrimiento: «Y llegó la noche. Terrible como sólo sabe quien la experimenta. Me quitó todo: Dios amor, como lo había conocido en aquellos años, la vida física y (la) espiritual. Me faltó la salud de la manera más cruda, y me faltó la paz... En esos días comprendí que la caridad lo era todo, que la vida era amor. Al faltarme el amor, me faltó la vida. Acepté como bien sabe Dios, entre dolores inenarrables, esta oscuridad en la que ya nada tenía valor...» (...). Pero en esa noche espantosa tenía que florecer una de las más hermosas páginas de Chiara Lubich: «Tengo un solo esposo en la tierra:?Jesús crucificado y abandonado; no tengo otro Dios fuera de él. En él está todo el Paraíso con la Trinidad y toda la tierra con la humanidad. Por eso lo suyo es mío y nada más. Y suyo es el dolor universal, y por tanto mío. Iré por el mundo buscándolo en cada instante de mi vida» (...). La Madre Teresa y Chiara Lubich entendieron en profundidad ese amor, y se dejaron devorar por él hasta la amargura incomprensible de la oscuridad, del abandono, del silencio, para lograr que Cristo fuese amado por el hombre, abatido después de Auschwitz ante el dolor del mundo (L’Osservatore Romano, 4 de abril de 2008). Chiara y el fuego de Jesús Mons. Massimo Camisasca Los santos no se mueven por una necesidad exterior, sino por una urgencia interior. No piensan en crear un orden nuevo. Incluso es anacrónico preguntarse qué es lo específico de la realidad que nace de ellos. Ellos quieren simple y totalmente seguir a Cristo. Es verdad que el revelarse la santidad en un hombre o una mujer es un hecho absolutamente gratuito, pero a través de los santos fundadores se rea- liza la renovación de la vida de la Iglesia. Su fe se vuelve forma de la existencia, y ellos con sus discípulos realizan una apertura a la totalidad que constituye una respuesta profunda a las necesidades que los hombres viven en ese tiempo. Así han nacido los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades. Aparecen después de la segunda guerra mundial, en un momento en que los cristianos se ven obligados a ir a la raíz de su vocación. Así surgieron los Focolares. Así apareció también Comunión y Liberación. Sus fundadores, casi coetáneos, han desaparecido a distancia de tres años, en este momento de paso de la Iglesia representado por el final del larguísimo pontificado de Juan Pablo II y el inicio del pontificado de Benedicto XVI. Este último escribió hace más de veinte años: «Viejas formas salen de la escena; lo nuevo se abre camino y crece en silencio. Nuestra tarea es mantenerles abiertas las puertas y prepararles un espacio». También ahora Chiara ha vuelto a ese Dios que la llamó con una persuasión tan profunda que hizo crecer a su alrededor un pueblo de cientos de miles de personas; y le han dado a su palabra y a su acción un eco que ha llegado hasta los ortodoxos, los luteranos, los musulmanes, los budistas (...). Por primera vez en Italia se reunió en torno a una mujer un grupo de personas que no quería construir algo en particular dentro de la Iglesia, sino sencillamente renovar por dentro su tejido. Por primera vez nació un movimiento, una asociación laica igual a otras que iban a marcar la historia sucesiva del siglo XX en la Iglesia Católica y fuera de ella. Alrededor de una personalidad carismática se fueron reuniendo decenas de miles de laicos, sacerdotes, jóvenes, ancianos, intelectuales, gente de la calle, artistas y profesionales de toda categoría. En ella reconocían el punto para redescubrir a Cristo vivo y presente. Chiara no ha sido idolatrada como otros gurús y profetas fuera de la Iglesia, sino que para un número enorme de personas ha sido el medio decisivo para cambiar radicalmente su existencia. ¿Cuál es el meollo de su descubrimiento? Yo pienso que se puede resumir en estas palabras: la humanidad de Jesús es la manifestación de un proyecto de unidad que sana las heridas de los hombres y, también más allá de los confines de la Iglesia Católica misma, llega a muchos hombres, cristianos y no cristanos. Surgido en medio de las laceraciones de la guerra, el Movimiento de los Focolares no podía ser sino ecuménico; un intento de devolver la unidad allí donde haya división en cualquier corazón humano, de recrear un focolar, justamente; un lugar en cuyo centro está el fuego, la humanidad de Jesús, Jesús en medio de nosotros, como decía Chiara. De ese fuego irradiaba la unidad entre las personas, sobre todo a partir de aquellos que dicen vivir por Jesús y deciden vivir juntos (...). Estuve varias veces con Chiara. Por ejemplo en Santiago de Compostela, con motivo del la Jornada Mundial de la Juventud de 1989. Pero sobre todo me gusta recordarla en un encuentro que tuve con ella para la preparación del sínodo de los obispos sobre el laicado, en 1986. Me impresionó esta frase suya: «El bautismo es lo que cuenta; cuenta el hombre nuevo que nace a partir de él, su dignidad. Mucho más que las diferencias dentro de la Iglesia, lo que cuenta es el bautismo». Y luego añadió más o menos esto: «Del bautismo sale un hombre distinto, una acción nueva, transformadora. Es la idea de movimiento» (Huellas, abril de 2008).


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