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Agosto - 2008


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Dar prioridad a las relaciones

Michele Zanzucchi y Paolo Lòriga.


Empieza el post Chiara Ésta es la prioridad indicada por María Voce, primera sucesora de Chiara Lubich. Giancarlo Faletti es el nuevo copresidente. Deseo de continuidad y exigencia de innovación en la asamblea de los Focolares.

¡Qué alegría en los rostros! Se respira clima de fiesta en el centro internacional de los Focolares. La mañana de 7 de julio es de las que habrá que recordar, enmarcar y narrar. Y también los días anteriores, mientras maduró la elección de la nueva presidenta de los Focolares, María Voce, llamada a recoger la rica herencia de Chiara Lubich, de la cual fue colaboradora muy cercana. La asamblea general, que estaba integrada por 496 participantes, además de algunos invitados, en representación de las comunidades del movimiento repartidas por 182 países, se reunía por primera vez tras la muerte de la fundadora. Los estatutos, cuyo texto actualizado fue aprobado el año pasado, sirvieron de guía; pero en realidad todo era nuevo, todo estaba por explorar, todo había que entenderlo juntos, ahora que ya no estaba la presencia iluminadora y la palabra segura de Chiara. «Empezamos con una gran comunión entre todos –explica la nueva presidenta en la primera entrevista que ha concedido– y hemos tratado de comprender el designio de Dios en este momento particularmente importante del post Chiara. Nos ha ayudado su testamento: el movimiento lo llevará adelante Jesús en medio de nosotros». Esa consigna es aún más válida si se trataba de elegir a la nueva presidenta. «Procuramos poner en práctica esa indicación de Chiara, poniendo especial atención en escucharnos recíprocamente, tanto en la plenaria como en los grupos. Y parecía que se había creado el clima adecuado, pero luego resultó insuficiente». ¿Qué ocurrió? «A la hora de votar, aun compartiendo el deseo de hacer nuestra la voluntad de Chiara, se manifestaron dos corrientes fundamentales». Por una parte, surgía «el deseo de no innovar demasiado para no correr el riesgo de transformar todo lo que Chiara había construido»; por otro lado, «la conciencia de que empezaba una era nueva y que se requería alguna novedad, manifestándolo también con un cambio de personas en los órganos centrales». En las tres votaciones del sábado 5 de julio «se verificó esta polarización. En sí misma podía ser una situación normal, de la que se podía salir mediante una serie de diálogos para llegar a un honorable compromiso». Mientras habla, la nueva presidenta se vuelve confidencial: «Pero justo nosotros, por el carisma de la unidad, nos dábamos cuenta de que no era suficiente llegar a un compromiso. Se nos pedía que alcanzásemos una unidad de alma entre todos los participantes de la asamblea, que luego se expresaría mediante la confluencia de votos hacia una u otra persona, no importaba quien fuera. Así que decidimos hacer una suspensión de un día, justo el domingo, para intensificar la comunión entre todos». El efecto fue que «experimentamos la potencia transformadora del carisma de la unidad». Y explica: «No nos hubiese servido ninguna otra metodología. Procuramos estar dispuestos, todos y cada uno, a hacer una amnistía completa de las faltas propias y ajenas, de los defectos que podía haber habido en la conducción de los trabajos hasta ese momento, dispuestos, por amor, a perdernos completamente uno en el otro sin ideas preconcebidas, para escuchar plenamente lo que el Espíritu quería sugerirnos». En ese delicado paso fue determinante el papel de Pasquale Foresi, cofundador con Chiara. «El apoyó esta convergencia –subraya con reconocimiento María Voce–, haciendo notar que el mandato para la primera generación era ahora el de pasar a otros las responsabilidades operativas que supone el patrimonio de vida, de luz y de sabiduría que Chiara les había dado, pero quedando como custodios para sostenernos y ayudarnos a todos». Y ¿cuál ha sido el efecto? «La asamblea estuvo en perfecto acuerdo». Ahora le brillan los ojos. Revive y vuelve a saborear esa unidad entre todos plenamente renovada. El nudo se había deshecho. «Hemos visto que las posiciones de continuidad e innovación no eran alternativas entre sí, sino una sola posición, pues con este paso teníamos la mayor continuidad y la mayor innovación, ya que era una novedad que nacía del corazón». En sustancia, «todos nos sentíamos continuadores de Chiara y todos, al mismo tiempo, renovados por el carisma y por esta intensa e inolvidable experiencia de unidad». ¿De qué manera va a estar presente Chiara en tu presidencia? «Rogándole a ella en cada momento, como he hecho especialmente en estos días, yendo a su lado, a su tumba. Estos días se decían muchas cosas: a Chiara le gustaría esto; Chiara diría tal cosa. Y sus frases eran interpretadas. Por eso le preguntaba: “¿Qué quieres ahora, Chiara? No me digas lo que querías hace seis meses o hace un año”. Y me parecía como si me respondiera: “Siempre te he presentado una sola realidad: Jesús abandonado. Quiero que también lo ames ahora”. En ese momento tan difícil mi respuesta no podía ser sino un “sí”. Y no me sentí sola, pues en una obra como la nuestra, animada por una espiritualidad colectiva, hemos amado juntos esa situación de sufrimiento, hemos salido juntos de ella y luego hemos gozado de ello». ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas a punto de ser revestida de una enorme responsabilidad? «Algo intuí ya en la primera votación, porque se dio una convergencia de votos en mi nombre, pero no pensé que pudiera ocurrir algo así. Pero cuando ya estaba claro que todos deseábamos construir la unidad más que elegir a una u otra candidata, entonces me convencí de que iba a ocurrirme algo grande». ¿Y tu estado de ánimo ahora, después de la elección? «Alegría. La llamada a esta tarea me viene de la voluntad unánime de la asamblea y por lo tanto significa para mí una expresión de la voluntad de Dios. He sentido que no me ha cambiado mucho, porque si ya había optado por dar la vida por la Obra, no me cambia tanto el darla como presidenta que con cualquier otro encargo». ¿Cuándo conociste a Chiara? «En la Mariápois de Fiera di Primiero del 59, a finales de agosto. La conocí porque alguien me pidió que llevara un magnetófono a su casa. Confieso que no recuerdo bien aquel encuentro. Yo había conocido hacía poco el Movimiento, en la universidad de Roma, y había producido un impacto fortísimo en mi alma. Así que conocer a Chiara fue un seguir experimentado la belleza de esta vida evangélica. Tuve la neta sensación de que había sido Jesús en medio de aquellas personas quien había fundado y guiado el movimiento; no era una obra concentrada en una persona. Me quedé fascinada justo por el hecho de que nadie me había fascinado, sino algo que estaba por encima de cualquier persona y de Chiara misma». Suceder a una fundadora del calibre de Chiara es una tarea ardua… «Seguramente. Es difícil sucederla e imposible sustituirla. Es imposible pensar que el puesto de Chiara lo ocupará otra que se le parezca. Nadie puede desempeñar ese papel. Pero no es imposible pensar que, con la ayuda de Dios, de Chiara y de toda la Obra, podamos salir adelante y seguir haciendo el bien para la Iglesia y para la humanidad». Chiara dijo que no le sucedería una sola persona sino un grupo, un cuerpo. Emmaus, el nombre que te dio Chiara, recuerda a los dos discípulos que caminaban con Jesús. ¿Es una indicación en ese sentido? «Creo que sí. En el testamento que nos ha dejado decía ella que dejaba la realidad de Jesús presente entre los suyos unidos en su nombre, y eso significa este nombre. Mi único deseo es construir relaciones de unidad profunda con todas las personas de la Obra en todos los niveles, o sea, también en el centro, en la dirección, justo para que no sea yo quien lleve a cabo la obra de Chiara, sino que sea el carisma que ella nos ha donado». La historia de la Iglesia enseña que cuanto más grande es el carisma, más problemas hay después de la muerte del fundador. ¿Tienes algún temor? «Espero que alguna vez la historia de la Iglesia admita excepciones (se ríe con ganas). Ciertamente puede entrar miedo cuando se repasa todo lo que ha acaecido a lo largo de los siglos, pero la novedad que ha traído Chiara es una espiritualidad colectiva, y estoy convencida de que nos ayudaremos en todos los pasos que demos. Una confirmación de esto son los días que han precedido a mi elección. Nos ayudaremos en los grupos, en los focolares, en las comunidades locales, en todos los puntos donde haya dos personas que quieran ser realmente fieles a Chiara. Ahí estará su carisma y desde ahí podrá empezar todo, aunque en otra parte la cosa sea vacilante». ¿Cuáles son los primeros pasos que piensas dar? «Aún no he tenido tiempo de reflexionar sobre ello. Con los consejeros centrales que elige la asamblea nos reuniremos para programar los compromisos futuros, la sustitución de algunos responsables, el nombramiento de los nuevos, y luego haremos un programa, yo diría que para un año, en el que haya espacio para un conocimiento recíproco y una comunión con las distintas ramas de la Obra, con las realidades nacionales y locales. Pero aún no tengo en mente nada organizado». ¿Le vas a dar un estilo propio a tu presidencia? «¿Un estilo propio? (pausa). Dar prioridad a las relaciones». En un momento en que se ve necesario subrayar la identidad católica, el movimiento es visto como un grupo abierto, dialogante. ¿Seguiremos en esa dirección? «Para llegar a la unidad no podemos renunciar al diálogo. Y como nuestra finalidad es realizar la unidad, la fraternidad universal, nunca podremos cerrarnos. Sería como renegar de la finalidad para la que Dios nos ha querido. Seguiremos adelante, quizás con dificultades, pero serán dificultades que habrá que superar con una gran caridad por todos». Los tres últimos años de Chiara estuvieron marcados por un calvario particular. ¿Qué aportación dará esto a la tarea que te espera? «Es significativo haber visto, haber participado y haber constatado la grandeza de una vida entregada hasta el final. Yo quedé muy impresionada por el momento de la partida de Chiara, cuando quiso hacernos partícipes, sin reservas, de sus últimos instantes. Me encontré ante una criatura que, porque Dios la había elegido para un carisma de este tipo, es capaz de donarse incluso en el momento de la muerte y morir en unidad con los demás. Es una enseñanza que confirma todo lo que Chiara hizo a lo largo de su vida, y que en ese momento adquiría una potencia increíble». GIANCARLO FALETTI Atento a una experiencia innovadora «Predomina una grandísima paz, y evidentemente percibo mi pequeñez y la grandeza de la tarea que la copresidencia comporta», dice Giancarlo Faletti, focolarino, sacerdote desde hace once años, sucesor de Oreste Basso en la tarea de acompañar a la presidenta. –Una presidenta laica y femenina y un copresidente focolarino y sacerdote. Prosigue la novedad que introdujo Chiara. ¿Como te preparas a vivirla? –Es una experiencia nueva en la Iglesia que viene de la novedad de una presidencia femenina, ligada al “perfil mariano” de la Iglesia. De esta peculiaridad nace la dimensión de unidad y trinidad en el gobierno. Por eso la Obra de María tienen una tarea única y fundamental en el camino de la Iglesia y de la humanidad. Mi tarea es vivir por la unidad con la presidenta y por todo lo que tenga en su corazón, ofreciendo todas las sugerencias y aportaciones que puedan serle útiles para goberanar el movimiento. –En tu experiencia de focolar tienes Génova, de donde han salido dos siervos de Dios (Alberto Michelotti e Carlo Grisolia) y una venerable (Chiara Luce Badano). ¿Cuál es la santidad específica que surge de la comunidad del focolar? –He vivido muy de cerca y personalmente la vida de estos tres jóvenes. Iban al encuentro de Dios con el alma de Chiara. Su vida es el fruto de una espiritualidad colectiva vivida en una camino personal inmerso en una experiencia de comunidad. –Una presidenta italiana y un copresidente de la misma nacionalidad. ¿Y la dimensión internacional? –La asamblea general ha elegido a dos italianos, es cierto. Pero la internacionalidad no falta entre los consejeros generales, que ayudarán a vivir el encuentro entre culturas y sensibilidades propias de las distintas áreas del planeta.


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