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Agosto - 2008


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Agua limpia

Javier Rubio


Zaragoza 2008 La Expo de Zaragoza quiere dejarnos un legado, una brújula que nos guíe para aprovechar mejor los recursos hídricos.

En cierta ocasión, un amigo mío se ufanaba ante un nutrido grupo de personas de haber llegado a una sabia conclusión. El tema no viene ahora al caso, pero sí el método que lo llevó a tan importante meta: había necesitado llenar y vaciar tres bañeras. La mayor parte de los que escuchábamos aplaudió el logro, otros nos quedamos perplejos: ¡vaya desperdicio de agua! Y es que había una evidente desproporción entre el fin y los medios, y así se lo dije más tarde. Traigo a colación este recuerdo porque me lo ha refrescado el tema de esta nota: el agua. El agua, recurso básico, se ha convertido en un arma arrojadiza, más hiriente que las ancestrales lanzas y más controvertida que las ideo-logías del poder. Y no sólo en nuestro limitado entorno, sino a nivel mundial. En el fondo, nuestras diatribas sobre trasvases y planes hidrológicos no dejan de ser mera anécdota en el contexto de un problema de dimensiones globales. Claro que, si llegásemos a ponernos de acuerdo, seríamos un buen ejemplo para los demás: ¡mira qué bien se reparten el agua! Cuestión de educación, sin duda: gente que sabe comportarse en un ámbito determinado porque ha recibido formación al respecto. Y en lo que a agua se refiere tenemos una ocasión de oro con la Expo de Zaragoza: “Agua y desarrollo sostenible”. Vamos a ver qué somos capaces de aprender de todo este fenomenal evento. Sin duda quedaremos deslumbrados por el espectacular escenario que sirve de marco a esta exposición internacional. Seguramente habremos disfrutado del variadísimo programa de muestras, montajes, actuaciones y conferencias que pueblan su agenda diaria (un vistazo a http://www.expozaragoza2008.es). Y hasta resulta divertido, porque hay de todo y para todos los públicos. Pero no deja de ser el medio espectacular para llegar a un fin de proporciones gigantescas: aprender a usar bien el agua que tenemos. Uno de los aspectos más interesantes de la Expo de Zaragoza es que está siendo un foro de discusión cuyo objetivo es recopilar el conocimiento hoy existente con el fin de aportar algo que mejore los modelos y sistemas vigentes en materia de agua y desarrollo sostenible. Es decir, que gracias a la intervención de los más relevantes expertos en el tema a nivel internacional se quiere llegar a conclusiones útiles y realizables. De hecho, algunas ya se han puesto en práctica para la realización de la misma Expo. Y es que estamos casi a la mitad del decenio “El agua, fuente de vida” (2005-2015), instituido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2003 con el objeto de llegar a cumplir los compromisos adquiridos para este milenio, y entre ellos está el de reducir a la mitad el número de personas que carecen de agua potable. Y además, 2008 es el Año Internacional del Saneamiento, otra iniciativa de la ONU para que tomemos conciencia, sobre todo los gobiernos, de que hay que asignar más recursos al saneamiento de los sectores más pobres, que también es otro de los objetivos del milenio. El tema es tan importante que, hace cuatro años, el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan, decidió instituir la Junta Consultiva de Agua y Saneamiento para coordinar las acciones mundiales al respecto. La Expo 2008 quiere dejarnos un legado. Se va a llamar La Carta de Zaragoza y recogerá un conjunto de soluciones a los problemas más acuciantes del agua y el desarrollo sostenible. Será algo así como una síntesis de las aportaciones de más de 2.000 expertos de todas las áreas del conocimiento, estudiadas y valoradas por un comité científico compuesto por expertos en recursos hídricos. O sea, una brújula que nos guíe hacia el futuro. Habrá que esperar a que acabe el evento y se recopilen los materiales. Mientras tanto, ojalá se nos haya pegado en la conciencia algo de lo que hemos visto y oído. ¿Cuestión humanitaria? Uschi Eid (1949), diputada por el Partido Verde del parlamento alemán, se ha especializado en asuntos de cooperación y desarrollo. Su nombre figura en distintos organismos internacionales, y en particular, desde 2004, es vicepresidenta de la Junta Consultiva sobre Agua y Saneamiento del secretario general de las Naciones Unidas (UNSGAB). –Preocupación por el agua: ¿realmente es una situación de emergencia? –En la actualidad, mil cien millones de personas disponen de menos de cincuenta litros de agua potable al día. Casi una tercera parte de esta población carece de saneamiento, cada vez hay más gente que usa y contamina una cantidad creciente de agua y se riegan superficies agrícolas cada vez mayores. Además, el cambio climático está provocando irregularidad en las lluvias en diferentes zonas, causando sequías y aluviones frecuentes. En el Tercer Mundo, cuatro de cada cinco casos de enfermedad se deben a la contaminación del agua. Se estima que el poder económico de África aumentaría en un 5% si mejorara la calidad del agua. –¿Puede explicármelo? –Cuando uno está enfermo, falta al trabajo o no puede ir a la escuela, y esto frena el desarrollo económico. Si todos los africanos dispusieran de agua no contaminada, la repercusión económica sería superior al total de la ayuda humanitaria que recibe el continente. Cada euro invertido en mejorar el acceso al agua y su tratamiento rentaría entre 3 y 34 euros, depende de la tecnología que se utilice. –Si las cosas son tan claras, ¿por qué se hace tan poco en este tema? –Yo también me lo pregunto desde hace mucho tiempo. Algo ya se hace en cuanto al acceso al agua, pero es más difícil invertir en infraestructuras, pues quien pone el dinero prefiere construir una escuela en lugar de una depuradora. Kofi Annan previó que el asunto del agua se tornaría una cuestión central, por eso constituyó una comisión de veinte expertos, de la cual soy vicepresidenta, y estamos tratando de convencer a los políticos de que invertir en el sector hídrico y sanitario no es mera cuestión humanitaria, sino que conveniente desde el punto de vista económico. –Ante la ineficacia de algunos gobiernos en esta materia, hay quien prefiere las privatizaciones. –No creo que éste sea un debate prioritario. Mi preocupación es que todas las personas tengan regularmente agua limpia a un precio accesible, y para ello es necesario reforzar las redes locales. Es secundario si las realizan empresas privadas, o cooperativas, o entes estatales. La privatización no es ni buena ni mala. Hay casos en los que ha dado malos resultados, pero en otros ha funcionado, ya que el Estado no conseguía cumplir con ese servicio. Lo importante es que los contratos sean transparentes, y nuestra tarea es ayudar a esos gobiernos a ser conscientes de las decisiones que toman. –¿Cuáles son las necesidades de esos gobiernos? –Hay que ayudarlos a diseñar una estrategia nacional para el agua y las aguas residuales, y definir con precisión qué autoridad está a cargo de ello. Para eso habría que dedicar una partida del presupuesto a la infraestructura sanitaria básica: alrededor de un 1% del PIB. Luego hace falta una política de almacenamiento de agua y pautar una actuación en caso de lluvias, que a veces son muy intensas, para poder recoger esa agua. Hace falta personal capacitado para controlar la calidad de los recursos hídricos, y hacen falta con urgencia nuevas tecnologías para el riego agrícola. En los climas cálidos, el 75% del líquido se evapora antes de que las plantas se beneficien del riego. Hay que aprender a usar el agua de modo más eficaz y depurar las aguas residuales. Por ejemplo, si China no lo hace pronto, se transformará en una gran cloaca. –El agua también es motivo de conflicto entre países. –Sin embargo muchos expertos confirman que rara vez el agua ha sido la causa principal de los conflictos entre Estados. En Oriente Próximo hay una comisión que regula el agua entre Israel, Palestina y Jordania. Entre los diez países por los que pasa el Nilo hace décadas que no hay guerras. En África hay cincuenta y dos ríos que cruzan más de dos países. La comunidad internacional mantiene organismos que se ocupan de las aguas compartidas. –¿Cuánto tiempo se requerirá para resolver la crisis hídrica? ¿Treinta años? –Si Alemania necesita treinta años para abandonar la energía nuclear, y se trata de la decisión de un solo país, ¿cómo pretender que resuelvan un problema tan grande en menos tiempo unas naciones que disponen de muchos menos recursos económicos, de muchos menos especialistas, de menos tecnología, y a veces con problemas de corrupción? –¿Cree que se producirán situaciones catastróficas? –Creo que el ser humano es creativo. Cuando un peligro acecha a la vida, se impone la razón. Ernst Ulz (Neue Stadt) La naturaleza empobrecida El foro anual de Manos Unidas, que este año ha versado sobre “Agua, Pobreza y Desarrollo”, tuvo como escenario, como no podría de ser de otro modo, la Exposición Internacional de Zaragoza, y contó con la colaboración del Pabellón de la Santa Sede y del Arzobispado de Zaragoza. La situación de miseria de millones de hombres y mujeres en el mundo es inseparable del drama de los conflictos armados y de la destrucción del medio ambiente. En la actual situación de interdependencia global, los tres no son sino un único problema, y está en juego la dignidad, la supervivencia y el desarrollo de la humanidad en su conjunto, su destrucción o su realización. El planeta no es homogéneamente pobre o rico, conflictivo o pacífico, degradador o protector del medio ambiente. El mundo está en líneas generales bastante claramente polarizado. En el Norte opulento hay menos conflictos armados, por lo que se puede permitir el lujo de gastar miles de millones de dólares en eliminar la munición convencional excedente. También ha aprendido la lección ecológica y se ha enmendado en sus costumbres medioambientales, y por supuesto vivimos mucho mejor. En el Sur empobrecido las guerras aparecen como plagas y a la naturaleza se la hiere como a una oveja. Sólo la desertización, problema medioambiental de evidentes consecuencias para la pobreza, afecta a mil millones de personas. Pero no son dos mundos, sino sólo uno. Del mismo modo que no hay países enriquecidos sino a costa de los empobrecidos, tampoco hay países incontaminados sino a costa de los contaminados. Mientras más de mil millones de seres humanos carecen de acceso a un suministro sano de agua potable, los hogares de la parte occidental de Estados Unidos gastan al día veinte bañeras de agua. No hay países sensibles al medioambiente y países a los que les trae sin cuidado, sino países que consumen mucha más energía, materias primas y productos manufacturados que los demás, cuyas multinacionales transfieren a los países más pobres los costos medioambientales, y países que para sobrevivir les venden a los primeros sus bosques, sus montes y sus ríos. El mundo es como una mansión decimonónica: impecables comedores de lujo en la primera planta y cocinas inmundas e irrespirables en el sótano. La esperanza, sin caer en frívolos optimismos, sino partiendo precisamente del dramatismo de la situación, está en que el mundo del tercer milenio no aguanta la división: o la paz, el equilibrio medioambiental y la calidad de vida son para todos, o no lo serán para nadie. Manuel María Bru


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