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Julio - 2008


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Comunidad parroquial, camino de comunión

Isaac Martín


Movimiento parroquial Ser útiles en la renovación de la Iglesia moderna: así podría resumirse el congreso del Movimiento Parroquial realizado a finales de abril.

«Después de muchos años trabajando por la parroquia, he vuelto a ilusionarme». Por qué no reconocerlo: la íntima convicción de Mari Carmen, comprometida en el Movimiento Parroquial de Dos Hermanas (Sevilla), es la misma impresión que tenemos todos los participantes en el Congreso del Movimiento Parroquial celebrado en el Centro Mariápolis Luminosa. «Hay tantos momentos en los que me siento cansada, no veo los frutos, todo se convierte en un peso... y sin embargo, he vuelto a creer en Dios Amor». Precisamente vivimos momentos en los que la Iglesia reflexiona sobre el “cansancio” que experimentan las comunidades parroquiales. ¿Están en crisis las parroquias? ¿Qué podemos hacer nosotros por esta célula básica que representa la parroquia en el designio de Dios sobre su Iglesia? Adolfo Raggio, sacerdote responsable central del Movimiento Parroquial, nos lo recuerda con meridiana claridad: «Nuestra misión es llevar la unidad a nuestras comunidades. Amar, amar a cada uno, hacerse uno con todos; ésta es nuestra tarea». El nuestro, en síntesis, es un camino de comunión. Renovar la Iglesia con la unidad «Anoche tuve el primer contacto con la parroquia después del encuentro, teníamos consejo pastoral. No veía a Dios por ningún lado... hasta que me vino al pensamiento, como un susurro, aquella idea clave que nos ha dado Chiara: ver a Jesús en el otro. Mi perspectiva cambió 360 grados». Fran afronta una situación compleja en su comunidad parroquial, salpicada en este último periodo por desencuentros y tensiones: «He descubierto de nuevo que ésta es precisamente nuestra labor en la parroquia y en el mundo, llevar a Jesús en medio de nosotros a todas partes siendo otra María. Con esta actitud en el consejo, lo negro se convirtió en un arco iris inmenso». Y es que el congreso del Movimiento Parroquial ha sido un don del Espíritu, un salto adelante, un “sí” radical a la propuesta que nos hace Chiara de “renovar” la Iglesia local convirtiéndola en una familia de hijos de Dios. En efecto, la espiritualidad de la unidad es un carisma propicio para hacer de las parroquias un reflejo de las primeras comunidades cristianas, como nos sugiere Pablo VI: «La verdadera parroquia es aquella en la que todos se quieren». Y la presencia de casi 200 participantes procedentes de numerosas parroquias de toda España, confirma que también aquí el Movimiento Parroquial es ya una esperanza visible. El amor recíproco, el fundamento Para una religiosa de Acción Parroquial que participaba por primera vez en un foro como éste, el encuentro “cara a cara” con Chiara y con la vida que emana de Jesús en medio ha significado, de hecho, una “inyección de luz” para entender mejor su propio carisma. La unidad revitaliza, regenera, fortalece la parroquia. «Siento que es la comunión de bienes y de almas –dice– lo que nos ayuda a seguir adelante, incluso por encima de las dificultades y dolores que nos encontramos a diario». En su parroquia, por ejemplo, el correo electrónico se ha convertido en el vehículo más eficaz para permanecer unidos a diario y compartir las experiencias, los momentos del alma o simplemente la vida cotidiana de cada uno. Pero hay un “secreto” para encontrar la luz y la valentía de seguir siempre adelante: «La solución a las dificultades ha venido siempre de abrazar a Jesús abandonado y decirle sí en cada momento». Así lo vivió Cristina Martín, una joven de Madrid que decidió “adherirse” a lo que proponía su párroco aun sin estar de acuerdo con sus planteamientos: «Al día siguiente –añade– recibí un sms del sacerdote reconociendo que lo había pensado mejor y que cambiaba de opinión...». Es el espléndido resultado de estar siempre dispuesto a “perder” las ideas que uno tiene para que la unidad permanezca. «Vale la pena dar la vida por Dios, y por Él darla para renovar la parroquia, para convertirla en una verdadera familia que vive con Jesús en medio». Se notaba que Jesús estaba en medio Mi parroquia no sólo ha sido el lugar de preparación a los sacramentos, o donde voy a misa, sino que es mi casa. Allí me siento acogida y trabajo para que otros descubran que Dios los ama inmensamente. Es una alegría y al mismo tiempo una responsabilidad, porque sé que debo dar gratis el don que yo he recibido. Me dedico a la pastoral de jóvenes y desde hace tiempo estamos viviendo un periodo algo difícil por la falta de compromiso y por los valores que la sociedad trata de imponer. Así que no somos muchos y a veces las cosas no salen como nos gustaría. Para mí es una experiencia de humildad: ser nada para que Él lo sea todo y resplandezca por encima de nuestras limitaciones; y sobre todo es una prueba muy grande del amor de Dios. En reuniones con la gente de la comunidad, en los consejos pastorales o en la preparación de ciertos encuentros, el carisma de la unidad ha sido fundamental. Es necesario perder tu idea para acoger la del otro, aunque sea mucho mayor que tú o muy distinto a ti, porque Jesús es el que une. Los jóvenes al final de curso celebramos una eucaristía y hacemos una barbacoa. La última vez, el párroco propuso hacerla con el resto de la comunidad. Al principio no se acogió muy bien su idea. Muchos jóvenes pensaron que habría que trabajar más y que estar con gente mayor sería menos divertido. También por parte de los mayores hubo cierto rechazo. A mí tampoco me entusiasmaba la idea, pero pensé que tenía que ser la primera en amar: al párroco, que había dado la idea, y a toda la gente que viniera. Y fui a ayudar en la preparación. Esa mañana pasé dos horas con cinco señoras pelando fruta para sangría. No se fiaban mucho, supongo que porque soy joven y por mi “arte” pelando fruta. Yo estaba pensando en acabar cuanto antes, pero Dios me decía que tenía que crear una relación con esas señoras de mi parroquia, tenía que hacerme uno con ellas, con lo que pensaban, con lo que les preocupaba... Así que empecé a preguntarles cosas sencillas y comenzó una conversación en la que ellas iban abriéndome su corazón. ¡Al final nos dio pena que se acabase la fruta! Desde entonces se ha creado un vínculo importante y siempre hay una sonrisa cuando me ven por la parroquia... y están siempre dispuestas a ayudar a los jóvenes. En otra ocasión, preparando la catequesis, tenía que elaborar un tema un poco difícil. Había que hablar de la alegría en el dolor, del sentido del sufrimiento. Había que buscar un santo que hubiera vivido así para que los jóvenes descubriesen que es posible vivirlo. Había muchos santos, pero el tema era complejo. De repente pensé en Clara Badano1. ¡Era perfecta para entender el sentido de la cruz! Mientras lo preparaba, le pedí a ella que les hiciese entender. Y fue precioso: algunos de los más “despistados” se sintieron especialmente “tocados”. Otra vez salí de una reunión sin estar de acuerdo con las decisiones tomadas, especialmente por parte del sacerdote, pero ya había dado mis argumentos y no podía hacer más. Podía no hacer caso y ya está, pero me acordé de Chiara cuando, aun convencida de que la Iglesia debía aprobar el Movimiento, pues estaban haciendo lo que Dios quería, esperaron la audiencia con el Papa pidiéndole a Jesús que le hiciera entender. Y mientras, perdía su idea. Así que me adherí a lo que decía mi párroco, mi pastor, fiándome de la Iglesia, y si Jesús creía que debía ser de otra manera, ya se encargaría él de cambiar las cosas. ¡Al día siguiente un sms del sacerdote diciéndome que lo había pensado mejor! Me daba la razón y también las gracias por mi comprensión. Hace poco estábamos preparando un encuentro de familias con ocasión de la Misión Joven y Familiar. Tengo la suerte de que en mi parroquia haya otras gen y con ellas preparo muchas cosas. Una tarde estábamos organizando distintas actividades y el trabajo nos superaba porque éramos pocos. Discutí con una de ellas y, aunque no tenía importancia, sentía que así no estábamos construyendo nada... Al llegar a casa, encontré el texto del testamento de Chiara: “Sed familia”. Me parecía tan apropiado... Me puse a leerlo y Dios no podía decírmelo más claro: «No antepongáis nunca ninguna actividad de ningún tipo, ni espiritual ni apostólica, al espíritu de familia con los hermanos con los que vivís». O sea, no podíamos estar preparando un encuentro de familias si no teníamos espíritu de familia, de hermanos. Al día siguiente hablé con esta gen para decirle que empezábamos de nuevo, y nos pusimos de acuerdo para pedir que las cosas saliesen como Él tenía pensado y no como queríamos nosotras. ¡¡Y fue genial!! Se notaba que Jesús estaba en medio de nosotros. Cristina Martín 1) Clara Badano, joven italiana fallecida a los 18 años, actualmente en proceso beatificación. Movimiento Parroquial: algo de su historia Años 60 - Numerosos sacerdotes en contacto con los Focolares constatan que su “espiritualidad comunitaria” incide en ellos, da pie a un modo nuevo de realizar actividades pastorales y renueva sus comunidades parroquiales. 1966 - En la audiencia del 13 de julio, Pablo VI anima a estos sacerdotes a llevar el espíritu de la unidad a sus diócesis y parroquias. Ese mismo año Chiara Lubich promueve el primer encuentro de comunidades parroquiales en el Centro Mariápolis de Rocca di Papa (Roma); se repetirá todos los años y abrirá el camino para la difusión de este estilo de vida en las comunidades parroquiales. Nace el Movimiento Parroquial. 1986 - 20 años después, en el Aula Pablo VI del Vaticano tiene lugar el primer gran Congreso Internacional del Movimiento Parroquial: 7.000 participantes de 40 países. Título: “Por una parroquia comunidad”. Juan Pablo II los anima a «asimilar la peculiar característica de vida espiritual del Movimiento, firmemente unidos a vuestros sacerdotes y a vuestros obispos». «Podréis ser una auténtica levadura en vuestras parroquias», añade, y propone una meta: «sed cemento de unidad entre todos los componentes de vuestras comunidades». Espontáneamente concluye: «La parroquia debe llegar a ser un focolar». Desde ese año, estos encuentros se celebran normalmente cada cinco años. 1991 - 2º Congreso internacional (8-10 de mayo): “Por una comunidad evangelizada y evangelizadora”. 1996 - 3º Congreso internacional (10-12 de mayo): “Espiritualidad de la unidad e Iglesia-comunión”. 2002 - 4º Congreso internacional (19-21 de abril): “Por una comunidad en diálogo”. Participan 2.500 animadores de todos los continentes. Chiara Lubich expone el tema: “Jesús abandonado, vía maestra para una comunidad en diálogo”, ofreciendo el modelo supremo para cualquier diálogo. 2005 - Congreso “Hacer visible al Resucitado” (2-5 de junio), dirigido a los miembros de los Focolares comprometidos de distintas maneras en las parroquias: catequistas, ministros de la Eucaristía, miembros de consejos pastorales, cursos para novios, acompañamiento de familias, Caritas, monitores... Son 1.500 participantes, y el 5 de junio, a la hora del Ángelus en San Pedro, Benedicto XVI los saluda calurosamente y les propone una meta: «Sed signo de Cristo Resucitado en vuestras comunidades y en todos los ambientes donde vivís».


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