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Marzo - 2015


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Santa Teresa, siempre tan necesaria

José María Quintas


El 28 de marzo se cumple el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús. ¿Qué nos aporta esta gran mujer 500 después?

En esta época nuestra ha irrumpido algo nuevo: la realidad virtual; una realidad distinta de la física, pero realidad a fin de cuentas, que nos proporciona ilusiones, aventuras y relaciones, y por ella podemos viajar y hacer mil experiencias en busca de felicidad, aunque sea por un momento. Esto nos ayuda a entender cómo, de manera análoga, la realidad mística no por espiritual deja de ser real. Teresa de Ahumada, mujer castellana de familia de judíos conversos, carácter abierto, gran sentido común y fino humor, de enorme simpatía y defensora de la mujer de su tiempo, es conocida por sus éxtasis, sus raptos, sus levitaciones y por la transverberación de su corazón (fenómenos a los que ella daba poca importancia). Pero más importante, con su vida y sus escritos, Teresa puede decirnos cómo llegar a ser verdaderamente felices, cómo lograr una vida plena.

Una presencia amiga


Como buena humanista del Renacimiento, Teresa se fija en la identidad del ser humano y descubre que no es un ser aislado; tiene una gran dignidad porque está habitado por Dios. «No nos imaginemos huecas en lo interior», dice. Hay una presencia amiga en el hombre, que atrae y enamora. Con sus extraordinarias dotes de pedagoga, nos enseña a «procurar tener compañía».
Lo afirma porque durante casi 40 años no ha considerado al Amigo interior. «Bien entendía que tenía alma; mas lo que merecía esta alma y quién estaba dentro de ella, (…) no lo entendía (...) como ahora entiendo que en este palacio pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey», porque «como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama, hácese a nuestra medida.

La quietud que anhelamos


Esta presencia de un huésped en el «centro del alma» nos devuelve la libertad. «Sea el Señor alabado, que me libró de mí», podrá decir. Así halló Teresa la quietud que todos anhelamos. A fin de cuentas, el drama del hombre es su aislamiento. La soledad y la superficialidad en que vivía Teresa han sido colmadas por una relación espontánea, familiar, con el «Emperador del Cielo en mi casa».
Y es que de amistad con Dios se trata. Como dice san Juan de la Cruz, su amigo espiritual, Dios quiere deleitarse con nosotros, pero no se lo concedemos.
Entonces, Dios «en unas [almas] mora solo, y en otras no mora solo; en unas mora agradado, y en otras mora desagradado; en unas mora como en su casa, mandando y rigiéndolo todo, y en otras mora como extraño en casa ajena, donde no le dejan mandar nada ni hacer nada».
La audaz propuesta de estos santos es un trato de iguales entre el hombre y su Creador. Dios no es un ser que nos aplasta con su divinidad y su omnipotencia, sino un ser cercano, amante, que llama a nuestra puerta porque desea «cenar» con nosotros: «¡Oh Amor, que me amas más de lo que yo me puedo amar!».

Tratar de amistad


Nuestra doctora de la Iglesia no pretende decirnos quién es Dios sino enseñarnos a tratar con Él: «¿Qué más queremos de un tan buen amigo al lado, que no nos dejará en los trabajos y tribulaciones, como hacen los del mundo?». Nos invita a una relación con quien siempre está disponible. En eso consiste la oración: «Que no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama».
Cuando la santa abulense enseña a orar, está enseñando a amar a Dios hasta alcanzar la mayor intimidad imaginable, hasta llegar a lo que ella denominó «el matrimonio espiritual», que aunque sea para ella «grosera comparación», no halló otra mejor. Porque lo que más desea Dios es esta unión que nace del amor mutuo, donde el alma enamorada y su Dios se entregan el uno al otro. «Hirióme con una flecha enherbolada de amor, y mi alma quedó hecha una con su Criador. Ya yo no quiero otro amor, pues a mi Dios me he entregado, y mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado».

El gozo pleno


Este amor de esposos se vive amando al prójimo: «contemplar y tener oración mental y vocal y curar enfermos y servir en las cosas de casa y trabajar –sea en lo más bajo– todo es servir al Huésped que se viene con nosotras a estar y a comer y recrear». Y va creciendo en la medida en que se ama más al prójimo: «¡Oh Jesús mío! Cuán grande es el amor que tenéis a los hijos de los hombres, que el mayor servicio que se os puede hacer es dejaros a Vos por su amor y ganancia [del prójimo] y entonces sois poseído más enteramente».
Durante el último periodo de su vida procurará que el mayor número de personas conozca esta Vida, con mayúscula, pues «lastima la memoria de los muchos que hay que no quieren estos contentos». Por eso fundará «rinconcitos de Dios» en ciudades populosas para mostrar a todos el «gozo pleno» de vivir con Dios.

Un viaje fascinante


En un mundo descristianizado como el nuestro existe, sin embargo, un ansia de experiencia inmediata y sentida de Dios. Teresa nos desvela que existe otra realidad, además de la física y la virtual: la realidad mística, tan real como las otras dos, que nos procura la paz en medio de las adversidades, y es que «con tan buen amigo presente, con tan buen capitán que se puso en lo primero en el padecer, todo se puede sufrir: es ayuda y da esfuerzo; nunca falta».
La Santa, pues, nos invita hoy también a emprender un viaje místico, fascinante y misterioso, por los paisajes del alma, un viaje por el castillo interior «todo de un diamante o muy claro cristal», donde vas pasando por distintos aposentos, por lugares insospechados, un viaje a tu yo auténtico, recorriendo caminos siempre nuevos porque Dios es nuevo en cada momento e irá sanando tus heridas, haciendo «más libre tu corazón», haciendo de tu vida una historia de amor. Cristo producirá una metamorfosis en el alma increíble, solo comparable a la del «feo gusano», que se transforma en bella «mariposa blanca», donde ya «la misma alma no se conoce a sí».



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