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Junio - 2008


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La Iglesia en el país de las mil colinas

Javier Fariñas


Ruanda Catorce años después de la matanza étnica, Ruanda es un país pobre y mutilado, en el que una generación casi entera de varones ha desaparecido. La campaña de Ayuda a la Iglesia Necesitada.

Lo llaman el país de las mil colinas. Situado en el centro de África, con un clima y una vegetación envidiables, Ruanda es un pequeño país que permanece hoy desgarrado de arriba abajo desde aquellos fatídicos cien días de 1994. Cien días, sólo cien, bastaron para que más de ochocientos mil seres humanos fuesen masacrados en un conflicto étnico. Catorce años después, Ruanda es un país pobre, muy pobre y mutilado, en el que una generación casi entera de varones ha desaparecido. Las familias ruandesas se componen sobre todo de una madre joven y viuda rodeada de niños hambrientos. Las mil colinas ruandesas están salpicadas de pequeñas aldeas formadas por decenas de estas familias matriarcales, que malviven de lo poco que dé un terruño compartido entre unas y otras, mal organizado y bajo la constante amenaza de la llegada de un invasor. Cuando se sube a los montes, lo que se ve allí entre aquel esplendor natural es la pobreza material extrema y el miedo clavado en los ojos de esos jóvenes, que temen todo lo desconocido recordando el genocidio. Entre tanto dolor y sufrimiento, la presencia de organizaciones no gubernamentales es una constante en la capital. Pero eso es allí, en Kigali, desde donde se avistan a lo lejos aquellas colinas infranqueables, tentadoras sólo para los más valientes, en las que viven aisladas miles de personas. Son supervivientes, que roturan los campos retirando los huesos de tantos muertos que atascan el surco de sus arados, a flor de tierra. Y entre ellos, retirando huesos para poder sembrar, ha permanecido y permanece hoy la Iglesia Católica, única institución que no ha desaparecido de las montañas ni en los tiempos del genocidio ni en los posteriores. Lo dicen los propios habitantes de la capital: “A las colinas solo van ellos, el resto se queda aquí”. En aquellas montañas, manadas de gorilas se funden con la niebla formando un dibujo único para Ruanda, como el que pinta la Iglesia al fundirse el misionero con la gente de esos pueblos. Y es que en Ruanda, según cuentan, “la única institución que funciona es la Iglesia”. Cuando un misionero llega a un lugar y se encuentra un puñado de mujeres con sus hijos, no sólo evangeliza, sino que civiliza. Allí donde planta su bandera florece la vida, la comunidad se organiza, crece la población y aumenta la paz, gracias a una convivencia sana regada por la esperanza del Evangelio. Los misioneros llevan salud, educación e infraestructura donde otros no quieren ir. Es ahí, en la infraestructura, en la evangelización y en el consuelo, donde surge Ayuda a la Iglesia Necesitada, una asociación dependiente del Vaticano que canaliza, a través de los obispos y pastores locales, la ayuda que recaudan en sus oficinas occidentales. En la actualidad, el secretariado español de AIN desarrolla una importante campaña para ayudar a este país herido. La asociación apoya en su actual campaña para Ruanda cuatro proyectos diferentes, uno de los cuales se desarrolla en Busamana, una de las zonas más castigadas durante el genocidio. Allí, trece Hijas de la Resurrección permanecieron asistiendo sanitariamente a la población. Pero unos años mas tarde seis de ellas fueron pasadas a cuchillo. Sus asesinos no robaron nada. Las mataron y se fueron. Suponían una presencia molesta para los intereses invasores de un país vecino, y la casa se cerró. Pero se dice que allí donde muere un misionero acaban volviendo dos, y en 2005 se instalaron de nuevo en su convento, renovado por Ayuda a la Iglesia Necesitada. Una vez más, las hermanas están al servicio de los más necesitados. Para ellas no piden nada, pero han solicitado ayuda económica para una instalación de paneles solares que les proporcionen electricidad, y un equipo de canalones con un depósito de agua para poder beber la que cae de la lluvia. Así, dejando atrás las luces de las velas y las largas caminatas hacia un pozo, podrán seguir catequizando, consolando y curando donde lo hicieron sus hermanas mártires, perdidas entre las mil colinas de Ruanda. Mas información en: http://www.ain-es.org/


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