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Junio - 2008


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Y ¿después de Chiara?

Pablo Lóriga


Fidelidad y futuro La tumba de la fundadora de los Focolares recibe visitas sin interrupción. En julio será elegida en asamblea la nueva presidenta.

Aprensión, interés, curiosidad... El estado de ánimo podía variar pero siempre suscitaba una misma pregunta: “¿Y ahora?”. Periodistas, exponentes del mundo eclesial y gente que sencillamente la conocía, nada más saber que había fallecido la fundadora de los Focolares, inmediatamente sentían la necesidad de entender cómo se iba a recoger la extraordinaria herencia de Chiara Lubich y cómo iba a seguir adelante el movimiento sin su carismática fundadora. La pregunta es más que legítima si pensamos en el patrimonio de doctrina, espiritualidad, pensamiento y obras que ha dejado. Y cuanto más rica es la personalidad del fundador, más ardua y compleja resulta la tarea de sus inmediatos sucesores una vez privados de un guía seguro. Durante los tres años y medio de esa enfermedad que precedió a su partida para el Cielo, el hecho de verla disminuida en sus fuerzas físicas favoreció que los consejeros generales del Movimiento asumieran sus funciones con mayor conciencia, y lo mismo ocurrió con los responsables de las distintas ramas que lo componen. Pero todos se sentían más seguros porque podían someter al parecer de la Lubich las decisiones que habían tomado. ¿Y hora? O si lo prefieren, ¿cómo va a ser el “sin Chiara”? Está todo por descubrir, pero no se va hacer esperar, porque el “después” ya empezó “durante”. Durante, por ejemplo, la visita a la capilla ardiente de Chiara, instalada en el centro internacional del Movimiento, en Rocca di Papa (Roma). Más de cinco mil personas al día, en su mayoría del Movimiento, claro está, pero también gente que la veía por primera vez, llegaron espontáneamente cuando se enteraron de su muerte con la sola intención de “verla”. Auténticas conversiones han podido oír los sacerdotes que fueron llamados para atender la solicitud de coloquios personales e incluso confesiones, que tenían lugar en confesionarios improvisados o, si no, en medio del jardín, a la sombra de los pinos. También en el funeral se pudo entrever el “después”. Después de ver la transmisión en directo de las exequias a través de numerosos canales de televisión de todo el mundo, muchas personas han llamado por teléfono a los centros de los Focolares en su país para tener más noticias sobre Chiara y su obra, o para preguntar la dirección del focolar más cercano. Entre éstas había muchas que habían participado en alguna actividad del Movimiento cuando eran jóvenes o niños. El sobrio féretro de roble claro fue depositado a media tarde del 18 de marzo en la pequeña capilla del centro de los Focolares, justo encima de Igino Giordani, cofundador del movimiento, que fue trasladado allí en octubre de 2004. En la lápida de mármol blanco, dos inscripciones. Sus datos: Chiara Lubich, 22-1-1920, 14-3-2008; y su programa:?“Que todos sean uno”, sacado del Evangelio de Juan. Enfrente está el altar y el sagrario, sobre el fondo de un mosaico cuyo autor es Paolo Scirpa, en el que se dibujan el perfil de la cúpula de la basílica de San Pedro, los obispos reunidos en el concilio Vaticano II y la figura de María rodeada por las lenguas de fuego del Espíritu Santo, como expresión del “perfil mariano” de la Iglesia. Unos días después del funeral se dio a conocer un fragmento del diario de Chiara, escrito el 9 de noviembre de 1965: «Me gustaría que en mi tumba hubiese este símbolo: la cúpula de San Pedro. Para mí lo dice todo; habla de lo que más amo y quiero amar: la Iglesia, la criatura de Jesús, por cuya fundación murió». Bueno, esto confirma que ahí estaba su sitio. La pequeña capilla sigue siendo meta continua de muchas personas que llegan desde los puntos mas variados, atraídos por esta mujer quizás sólo por el hecho de que se han topado con su nombre en internet. Don Giussani, la Madre Teresa de Calcuta y otros fundadores dejaron indicaciones precisas sobre el nombre de su sucesor. Chiara no lo ha hecho. Y en el fondo, siendo plenamente coherente con la lógica que emana de la espiritualidad comunitaria a la que ella ha dado vida, ha dejado la elección a la unidad, lo cual demuestra su fe en la promesa de Jesús –«Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, yo estoy en medio de ellos»– y su confianza en las personas que han quedado. La primera de estas personas es Oreste Basso, un ingeniero que se hizo focolarino ya en los años cincuenta, luego fue ordenado sacerdote y actualmente es copresidente del Movimiento, de ahí que ahora le corresponda coordinar los organismos centrales del Movimiento hasta que sea elegida una nueva presidenta, pues siempre será una mujer y laica. Será elegida por una asamblea de más de 400 personas que tendrá lugar en el centro internacional entre los días 1 y 31 de julio. Estará compuesta por representantes de las 23 ramas que integran el Movimiento y por los delegados que están repartidos por todas las latitudes del planeta, señalados por el voto de unas asambleas locales. Al cabo de tres días de retiro espiritual, se realizará la elección de la presidenta, el copresidente y el consejo general. Permanecerán en el cargo durante seis años y podrán ser reelegidos una sola vez. Los nombres de la presidenta y el copresidente serán comunicados inmediatamente al Consejo Pontificio de Laicos para que los confirme, pues es el organismo de la Santa Sede del que depende el Movimiento. A continuación se realizarán las asambleas electivas de las distintas ramas. Todas las votaciones prevén una mayoría de dos tercios de los participantes en la asamblea con el fin de obtener el mayor consenso posible. Así es que sobre el “después”, todavía nada, si bien es verdad que algunos periódicos italianos han adelantado alguna hipótesis. En cambio sí hay muchas indicaciones para seguir siendo fieles al carisma de la unidad. Indicaciones dadas también por las circunstancias, como es por ejemplo el hecho de que Chiara se ha ido al Cielo justo en el mes en que todo el Movimiento tenía como lema esta palabra del evangelio: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra». Además, murió el viernes –el día de su Esposo crucificado y abandonado– anterior a la Semana Santa, casi como si quisiera indicar que la Resurrección siempre es cercana a todo “muerte” cotidiana. Por último, las exequias en la basílica de San Pablo Extramuros. “Extramuros”, o sea, más allá de cualquier valla, barrera, diferencia o incomprensión para tejer relaciones de fraternidad con todos, sin excluir a nadie, tal y como pudimos ver en las intervenciones que precedieron al funeral, con exponentes de distintas Iglesias y comunidades cristianas, así como representantes de distintas religiones, dirigiéndose a Chiara como si fuera su madre. Un programa para el “después de Chiara” es el programa de Chiara que sigue.


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