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Junio - 2014


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Fisiología de una relación

Javier Rubio


La polémica por la reforma de la ley del aborto, todavía por llevarse a cabo, continúa.

Vicente Villatoro Jiménez, medico de familia y profesor asociado de la Escuela Andaluza de Salud Publica, intervino en una mesa redonda llevada a cabo en Sevilla con el título «La vida, cuestión de todos». Sus planteamientos y su posición ante el debate sobre el aborto nos han suscitado algunas preguntas. –¿Qué entiende con la expresión «fisiología de una relación»? –La persona puede ser comprendida desde muchas perspectivas: antropológica, filosófica, psicológica, espiritual, etc. Para poder tener una visión más completa, hemos de integrarlas todas. Por otra parte, nuestra época se caracteriza por una gran pobreza relacional, pero el ser humano se relaciona desde su origen y es imposible comprenderlo sin la relación. Los sociólogos Horkkheimer y Adorno afirman que «la vida humana es esencialmente y no sólo casualmente convivencia»; y Donati añade: «Suspendan la relación con el otro y habrán suspendido la relación con el Yo». –«El ser humano se relaciona desde su origen». Demuéstremelo. –Nuestro origen está en la relación entre dos células, los gametos, que contienen sólo 23 cromosomas, a diferencia del resto de células, que contienen 23 pares de cromosomas. Cada gameto tiene una dotación genética única y cuando se relaciona con un gameto del otro sexo, resulta una nueva célula, el ovocito, con 23 cromosomas del hombre y 23 de la mujer. La carga genética de ese nuevo ser no es la de la mujer ni la del hombre, sino mitad y mitad, y tiene características únicas. Se puede decir que cada progenitor comparte su carga genética para trascender a una nueva vida, que no es la suma de las dos precedentes, sino otra distinta. –O sea, que estamos ante tres individualidades. –Sí. Ya en el estadio de una sola célula el genotipo caracteriza al nuevo organismo como ser humano. A partir de ahí actúa como una nueva entidad y se desarrolla según la información de su propio genoma. Desde la fecundación no sólo empieza la multiplicación celular, sino también la diferenciación de un organismo único e irrepetible que pugna por seguir viviendo. Por tanto, desde nuestro origen biológico somos relación: entre los progenitores, entre el espermatozoide y el óvulo, la propia fertilización, el intercambio y fusión del material genético entre los gametos, el vínculo entre el nuevo ser y el ambiente para determinar su fenotipo… –Y con la madre seguro que tiene una relación especial… –Claro. En este periodo surgen un conjunto de relaciones biogenéticas muy interesantes. Según los días trascurridos, la anatomo-fisiología de la madre va cambiando para responder a la demanda de crecimiento del hijo. Por ejemplo, ya en la fase de desarrollo de entre 2 y 8 células el feto produce sustancias para planificar su crecimiento y también para comunicarse con la madre, para que ésta prepare la placenta. –Pero cuando surgen los problemas… –Muchas situaciones que influyen y condicionan el desarrollo del embarazo se pueden controlar con una asistencia adecuada. Los progresos de la medicina y de la asistencia reducen cada vez más los riesgos sobre la vida y la salud de la madre y del hijo. De hecho, cada vez se realizan más intervenciones en el seno materno con el fin de preservar la salud fetal, porque el feto también es un paciente. Dice un artículo de nuestro código deontológico: «El ser humano es un fin en sí mismo en todas las fases del ciclo biológico, desde la concepción hasta la muerte. El médico está obligado en cualquiera de sus actuaciones a salvaguardar la dignidad e integridad de las personas bajo sus cuidados». Excepcionalmente puede haber casos de conflicto entre la vida de la madre y la del hijo. En tales casos creo necesaria una cultura de acogida y amor a la vida que dé preferencia a los débiles. –Con esto llegamos al tema del aborto desde un punto de vista sanitario. –Se entiende por aborto voluntario cualquier intervención orientada a suprimir la vida en el seno materno, o sea, la interrupción del embarazo antes de que el nuevo ser esté en grado de sobrevivir autónomamente fuera del órgano materno. Es un procedimiento traumático y muchas mujeres refieren síntomas de estrés postraumático después de abortar. La verdad es que hoy el médico de familia es un mero informador de los trámites para abortar, dejando a la mujer sola con su problema. –¿Por qué abortan? –En la mayoría de los casos por motivos y situaciones que las coaccionan. También creo que puede haber desconocimiento al pensar que sólo están eliminando unas células de ellas mismas, pero en realidad ya desde la 4ª o 5ª semana de gestación se puede detectar la actividad cardiaca del embrión. Pero el aborto no es sólo un tema sanitario… –¿Entramos en debate? –Para garantizar los derechos en determinadas situaciones, el actual anteproyecto de reforma de la ley del aborto lo ha incluido entre los servicios asistenciales básicos del Sistema Nacional de Salud. Sin embargo, no se contempla la objeción de conciencia del personal sanitario. En realidad, el debate nos lleva a tomar conciencia de que la vida es responsabilidad de todos. Se trata de difundir una cultura de la vida. Cuando la mujer embarazada tiene dificultades, más que tratar de solucionarlas, parece que la única salida es eliminar al nuevo ser. Con ello, ¿no estaremos buscando chivos expiatorios sin abordar realmente el problema? –Y entonces, ¿qué propone? –Teniendo en cuenta la dimensión relacional de la naturaleza humana, propongo estar a favor de las personas: la madre, el hijo, el padre... Y también de quien no piensa como yo. Respetar a los demás, sin embargo, no siempre es compartir lo que piensan, pero sí ayudar a la madre, porque ella es la mejor defensa del embrión. Esto requiere ponerse en su lugar, compartir información, establecer un dialogo, llegar a acuerdos y tomar decisiones si es posible. A nivel personal, cualquiera puede colaborar en programas de ayuda a madres que desean abortar, o de adopciones, o de niños nacidos con problemas, o en mejorar sus condiciones laborales y económicas… Hay muchos cauces para hacerlo. Todos tenemos vocación de cuidar y defender la vida humana, aliviar el dolor, consolar y acompañar.


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