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Mayo - 2008


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Sexualidad y venida del Reino

Pascual Foresi


Celibato y virginidad/6 Sigamos profundizando en el significado de la donación a Dios según el Nuevo Testamento. ¿Tiene san Pablo una preferencia a no optar por el matrimonio?

Seguimos en el capítulo 7 de la Primera Carta a los Corintios. Los versículos 25 al 28 dicen así: «Acerca de la virginidad, no tengo precepto del Señor. Doy, no obstante, un consejo, como quien, por la misericordia de Dios, es digno de crédito. Por tanto, pienso que es cosa buena, a causa de la angustia presente, quedarse el hombre así. ¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a una mujer? No la busques. Mas, si te casas, no pecas. Y, si la joven se casa, no peca. Pero todos ellos tendrán su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros». «Acerca de la virginidad» en griego está escrito: peri ton parthénon, y parece referirse a una consulta precisa de los corintios en la misiva que habían escrito al apóstol; o sea, una aclaración sobre las hijas solteras. Pero Pablo da una respuesta que no se detiene en las mujeres, pues dice: «pienso que es cosa buena (...) quedarse el hombre así». «No tengo precepto del Señor. Doy, no obstante, un consejo». Efectivamente, de los Evangelios no se desprende ningún mandato sobre el celibato o la virginidad. Mateo recoge un dicho que no es un mandato1, por eso el apóstol da su consejo. Y no es un consejo cualquiera2, sino el de alguien que tiene autoridad para enseñar de modo infalible la verdad. Está pidiendo que se acepte el verdadero contenido teológico de su parecer, o sea, que la virginidad es mejor que casarse. Siguen después unas palabras muy discutidas: «a causa de la angustia presente», en griego: dia tén enéstosan anàgken. La mayoría de los intérpretes protestantes piensan que se deben a que Pablo pensaba que el fin del mundo era inminente; y también algunos católicos piensan así: «Esta anàgken es presente porque tiene lugar en el siglo presente (o aion o eneston); pero para justificar la exhortación del apóstol no se puede pensar que el siglo presente dure mucho»3. Según G. Huby4, es una interpretación que se puede defender, siempre y cuando no se le atribuya a Pablo una enseñanza positiva sobre la inminencia de un acontecimiento del que nadie conoce ni el día ni la hora, sino sólo una opinión, un deseo o una esperanza, lo cual no implican certeza. Por su parte, Ph. Menoud afirma: «Si Pablo prefiere el celibato es por razones prácticas y no estrictamente teológicas. Reconoce que los célibes tienen una serie de ventajas con respecto a los casados. Antes que nada, el célibe está en una situación más favorable con respecto a lo que el apóstol denomina tén enéstosan anàgken, expresión que hay que entender como las dificultades actuales que tienen los fieles (poco numerosos en medio de una ciudad corrupta y sin duda expuestos, en cuanto seguidores de una religión nueva y por ende no lícita, a presiones judiciales), y no como los sufrimientos escatológicos»5. Abriendo más el abanico de interpretaciones, B. Proietti dice: «Considero, pues, que la “angustia presente” indica la situación de conflicto que vivía el cristiano en su carne, debida a la tensión dialéctica entre el “ya” de la salvación (cf. 2 Co 1, 22; 5, 15; Rm 8, 15; Ef 1, 14; 2, 6) y el “todavía no” de su realización definitiva (cf. Rm 8, 22-25), tensión que Pablo subraya en sus cartas, haciendo que los “indicativos” de la realidad cristiana iniciada con el bautismo sean seguidos por los “imperativos” de la vida moral, justamente para conservar y realizar en este mundo, aún irredento, lo que ya se es»6. Estas interpretaciones son ejemplos de un abanico de hipótesis que van desde un escatologismo absoluto a uno moderado, pasando por un semiescatologismo y su negación. Yo creo que Pablo sí tiene en cuenta el contexto escatológico. Basta fijarse en los capítulos 107 y 158. Pero, aun admitiendo la verdad del “ya” de la venida de Cristo y el “todavía no” de su segunda venida, conviene atenerse al sentido de las palabras griegas para que la exégesis sea correcta. Vemos, pues, que enéstosan (presente) aparece con significado de “inminencia” en pocos contextos, como por ejemplo en 2 Ts 2, 2; anàgken (angustia) tampoco lleva a pensar en una catástrofe universal, para ello se requeriría un contexto bien distinto, que no podemos presuponer, sino demostrar. Las palabras griegas, pues, no inducen a pensar en un una parusía inminente. Los teólogos que han querido verla han proyectado su juicio sobre san Pablo, aplicándolo a la interpretación de tales palabras y ampliando su sentido. La «angustia presente» serían las tribulaciones derivadas de la vida cristiana en una sociedad como la de Corinto. «¿Estás unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a una mujer? No la busques. Mas, si te casas, no pecas. Y, si la joven se casa, no peca». Aquí se repiten los conceptos de los versículos 1 al 7. No hay obligación de elegir el celibato, pero es aconsejable. Quien no tenga el carisma de la virginidad, tendrá el carisma del matrimonio. «Pero todos ellos tendrán su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros». Por carne, en griego sárx, se entiende la sensibilidad de la naturaleza humana. Las tribulaciones, en el Nuevo Testamento, tienen el significado de tribulaciones de los fieles y de los apóstoles (cf. Jn 16, 33: Hch 11, 19; 14, 22; 2 Co 1, 4; Flp 4, 14; 1 Ts 3, 3-7). Sin embargo en este caso se trata de tribulaciones debidas a la vida conyugal, y Pablo quiere que se las ahorren. Si se tratase de otras tribulaciones, como las de los últimos tiempos, nadie podría evitarlas, ni siquiera los célibes. El siguiente párrafo de la Carta dice: «Os digo, pues, hermanos:?el tiempo apremia. Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuvieran. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no lo disfrutasen. Porque la representación de este mundo pasa» (1 Co, 29-31). Estos versículos son de los más difíciles, sobre todo la primera frase: «Os digo, pues, hermanos:?El tiempo apremia». En las cartas de Pablo sólo volvemos a encontrar esta forma de hablar en primera persona en los capítulos 10, 15-19, y 15, 50. Todo el párrafo antes citado suele considerarse como una digresión o incluso un fragmento «tomado de la tradición de sus comunidades anterior a éste»9. O sea, que hay varias interpretaciones del texto, debido justamente a lo difícil que es. Está la interpretación escatológico-católica: «Esta frase sólo puede indicar la inminencia del fin del mundo»10, y por “frase” entiende todo el párrafo. Y estos exegetas se preguntan: ¿se puede mantener la validez del texto del apóstol cuando ya han pasado dos mil años y el fin del mundo no ha llegado? Su respuesta es sencilla: distinguen entre lo que pudo pensar el apóstol a título personal sobre la parusía, y lo que había de quedar escrito para la doctrina de la Iglesia, independientemente de la certeza del apóstol. Este criterio lo aplican al mismo Jesús y a toda la Biblia. Así que, aunque pronunciadas en un contexto dado y para un determinada actuación, las enseñanzas apostólicas podrían así conservar su valor para todos los tiempos y circunstancias. Ahora bien, esta opinión no me convence. Otra opinión es la de E. B. Allo. Dice que el tiempo de que dispone cada hombre y toda humanidad para colaborar con el Reino de Dios es corto, se ha contraído. Ya no podemos, como en el Antiguo Testamento, dejar que nuestra mirada vague por un horizonte indefinido de beneficios y pruebas temporales sin ver nada más allá. El lapso de tiempo que se nos concede para asegurar nuestra felicidad es como una vela recogida. La disposición exterior de este mundo, hecho de situaciones temporales, va a desaparecer. Ahora bien, dice Allo, los escatologistas han interpretado las palabras del versículo 31 en el sentido de que la “escena” de este mundo se va a acabar porque está próxima la parusía. Pero tal lectura no es oportuna, pues las penas y preocupaciones de que habla Pablo no son las que caracterizan el fin del universo. Por eso cree que se trata del curso normal de la historia humana, siempre agitado y penoso. Y se pregunta: si realmente se tratase del fin del cosmos, ¿no habría escrito Pablo más claramente, a fin de despertar toda la preocupación de los fieles? Sin duda, la interpretación de Allo y algunos otros, como por ejemplo Jacono12, no están lejos de la verdad. Hay que tener en cuenta que Pablo nunca apoya su enseñanza en la brevedad de la vida, mientras que sí apela mucho al momento en que Jesús volverá13. Por este motivo me parece más válida una interpretación que hoy está muy difundida. Considera que el significado de la palabra kairós no es cuantitativo, indicando la proximidad temporal del fin, sino cualitativo. Es decir, el tiempo ha cambiado con la venida de Cristo y se ha acortado; por eso el final, cualitativamente hablando, está más cerca. Después de Jesús, no hay otra realidad temporal que deba llegar. Cuantitativamente, tampoco hoy sabemos ni el día ni la hora. El hecho de que el tiempo haya cambiado de esa forma lo relativiza todo: «los que tienen mujer, vivan como si no la tuvieran». Pablo no afirma que los cónyuges tengan que separarse; al contrario, un poco más arriba había dicho lo contrario. Quiere decir que los cónyuges deben tener su corazón fijo en Dios; y es esto lo que relativiza su vida. Lo mismo vale para las demás circunstancias: llorar, estar alegre, comprar, disfrutar de este mundo. Mientras que con los tres primeros ejemplos (matrimonio, llanto y alegría) Pablo afirma valores que tienen un significado universal, los otros dos (comprar, disfrutar de este mundo) parecen especialmente dirigidos a los corintios, ciudad donde el comercio era floreciente, y por ende todas las estructuras humanas de aquel tiempo. «Porque la representación de este mundo pasa». Ya hemos visto que la frase no puede ser entendida en sentido escatológico puro, sino como un lenguaje tomado del ámbito teatral con el que Pablo indica lo relativo que es todo. Todo este párrafo, no obstante sus dificultades, es de las más hermosas páginas de Pablo. (Continuará) 1) «Dícele el joven: “Todo eso lo he guardado; ¿qué más me falta?”. Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes (...) luego sígueme» (Mt 19, 20). 2) «...también yo creo tener el Espíritu de Dios» (1Co 7, 40). 3) F. Prat en Un Maître de l’exégèse contemporaine, le Père Ferdinand Prat, de J. Cales, apéndice 2º, París 1942, p. 164, nota 1. 4) G. Huby, op. cit., p. 140. 5) Ph Menoud, Mariage et Célibat selon Saint Paul, “Rev. Th. Ph.”, Losana, I (1951), p. 24. 6) B. Proietti, “La scelta celibataria alla luce della Sacra Scrittura”, en AA.VV., Il celibato per il Regno, Milán 1977, p. 59. 7) «Todo esto les acontecía en figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos» (1 Co 10, 11). 8) «¡Mirad! Os revelo un miserio:?No moriremos todos, mas todos seremos transformados. en un instante, en un pestañear de ojos, al toque de a trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertosresucitarán icorruptibles y nosotros seremos transformados. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad» (1 Co 15, 51-53). 9) B. Proietti, op. cit., p. 61. 10) Cf. E. Walter, op. cit., p. 135; F. Prat, op. cit., p. 165. 11) E. B. Allo, op. cit., p. 180. 12) Cf. Jacono, op. cit., p. 319. 13) Cf. Rm 13, 11-12; 1 Co 1, 8; 2 Co 5, 10; Col 3. 24; 2 Ts 2, 11.


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