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Abril - 2014


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La Europa de la solidaridad

Javier Rubio


El próximo 25 de mayo se celebrarán elecciones al Parlamento Europeo.

Carlos María Bru Purón, notario, jurista y político. Militó en el colectivo democristiano Izquierda Democrática y desde 1979 está afiliado al PSOE. En 1982 fue diputado por Madrid en las Cortes. Su posterior trayectoria en el Parlamento Europeo (eurodiputado en dos legislaturas) le cualifican para hablar de la Unión Europea (UE). –En 2012 se le concedió el Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea. ¿Por qué a un organismo político? –Se le concedió «por la contribución durante más de seis décadas al progreso de la paz y la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa». Desde que se instauró en 1901, noventa y siete de los premiados han sido personas, y en veinte ocasiones lo han sido organizaciones. En cuanto a organismos con poder político, en 2001 fue reconocida la ONU. No me extrañaría que se lo dieran a Costa Rica por carecer de fuerzas armadas o a Bután porque ha sustituido el Producto Interior Bruto (PIB) por el «Producto Nacional de Felicidad». –La UE ya ha cumplido sesenta años. ¿Cabe hacer balance? –Podemos decir muy resumidamente que tras siglos de luchas fratricidas, revoluciones, represión y genocidio, a partir del Congreso de la Haya de 1948, fundador del Movimiento Europeo, empezó un camino que ha desembocado en una unión política de signo federal. La actual crisis económica pone al descubierto sus carencias, e incluso el riesgo si no de ruptura sí de inanidad. Ahora bien, el lema de la UE es «Unidad en la diversidad», y el deber de los europeos consiste en no desunirnos en la adversidad. –¿Y cómo lo hacemos? –Creo que reforzando los elementos federalistas: autonomía, participación y solidaridad. Autonomía significa que los Estados, y dentro de ellos las comunidades autónomas, conservan su identidad y regulan aquello para lo que son capaces y suficientes. La participación, que es la base de toda democracia, en la UE se da mediante la representatividad de los miembros del Consejo y los del Parlamento Europeo. Es muy probable que en el futuro el presidente de la Comisión y quizá el presidente del Eurogrupo lo sean por elección. Además, contamos con la Iniciativa Ciudadana Europea, según la cual con un millón de firmas es posible proponer medidas legislativas comunitarias no sólo para la UE sino para los compromisos de la misma con la justicia, la paz y la sostenibilidad planetarias. –Quizás la solidaridad sea en este momento el elemento más deficitario… –No creas. Entendida a lo D’Artagnan –«Uno para todos, y todos para uno»–, en la UE la solidaridad se manifiesta en los fondos estructurales, sobre todo los de cohesión, y en la cláusula explícita de solidaridad del artículo 122 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea para riesgos de ataque externo, catástrofe o también carencia de suministro de energía. A estos riesgos hay que añadir ahora el de la recesión económica, con sus secuelas de paro, recortes presupuestarios… –No obstante, a veces tiene uno la impresión de que la solidaridad se queda en bellas palabras… –Por eso ha de basarse en la racionalización y la legitimidad de su entramado económico, lo cual comporta dar personalidad jurídica a la Eurozona mediante la llamada Cooperación Reforzada. –O sea, que la Eurozona requeriría una política económica propia… –Eso digo. Una muestra de ello es el Fiscal Compact, un tratado entre los países de la Eurozona consistente en un compromiso de consolidación presupuestaria. Poco a poco, y no obstante resistencias, va ralentizando los ajustes para no llevarnos a más recesión. Es positivo el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) de ayudas puntuales. También están los créditos blandos para favorecer el empleo a cargo del Banco Europeo de Inversiones. Pero hay que llegar a una política similar a la que se ha llevado a cabo con éxito en Estados Unidos, a saber, que el Banco Central Europeo pueda emitir eurobonos o que sea garante de los bonos emitidos por los Estados miembros, racionalizar el sector bancario mediante la Tasa de Transacciones Financieras (firmada ya por once de los diecisiete países miembros), y llegar a la Unión Bancaria. También integrarían la política económica, si no queremos que se rompa, las armonizaciones social y fiscal, boicoteando los paraísos fiscales. –Estamos hablando de la Eurozona. ¿Y los demás miembros de la UE? ¿Y el resto del mundo? –Es cierto, hay que ser solidarios con todos. Dentro de Europa, habría que incentivar la entrada de los Estados restantes de la UE en la Eurozona, y crear un régimen diferenciado para los que no quieran formar parte. Con respecto al resto del mundo, entendimiento con los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) para llegar a un equilibrio proactivo hacia los países pobres. En los países ricos tenemos el doble de esperanza de vida; en el mundo hay millones de personas sin acceso al agua potable; diariamente mueren 40.000 personas por hambre… Y no hablemos de la desigualdad: 600 millones de habitantes acaparan el 83% de la riqueza, mientras que el 27% restante queda para 5.700 millones de personas. –Unos datos contundentes, desde luego. Entonces, ¿qué hace la UE al respecto? –En cuanto a la Ayuda al Desarrollo, la UE está todavía por delante, y con ventaja, respecto de otros países donantes; si bien es cierto que el famoso 0,7% del PIB se perdió, hay que recuperarlo y sobrepasarlo. En cuanto al esfuerzo de sostenibilidad, recordemos el compromiso de la UE por el «20 (años) - 20 (% en reducción de emisiones) - 20 (% en energías renovables)», con el propósito de que el segundo elemento pase a 30… –Por último, ¿qué puede hacer el ciudadano? –Bueno, iniciativas como el Movimiento Político por la Unidad ya son una respuesta, con su inquietud de nutrir de fraternidad el entramado político tanto a nivel local como global. Simplemente porque reconoce que todos y cada uno de los habitantes de este mundo tiene condición de dignidad. Esa condición consta explícitamente en el Preámbulo de la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, redactada por el Nobel por la Paz René Cassin. El expresidente brasileño Lula da Silva dijo que la UE es «patrimonio democrático de la humanidad», lo cual está muy bien, pero debería ser también para la humanidad.


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