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Enero - 2014


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Un arco iris de esperanza

Javier Sánchez, desde Manila


«A pesar de las malas noticias, todos los días hay una razón para recuperar la esperanza». Crónica de nuestro enviado especial tras la devastación causada por el tifón Haiyan a su paso por Filipinas.

El 8 de noviembre de 2013 quedará grabado a fuego para los filipinos. Ese día sufrieron el peor tifón de su historia. Las provincias más afectadas, en donde viven unos 2,3 millones de personas, han quedado devastadas. Unos vientos de entre 270 y 312 km por hora dejaron más de 6.000 muertos, casi 2.000 desaparecidos y más de 27.000 damnificados, según fuentes oficiales. Las cifras hablan por sí solas sobre la magnitud de la catástrofe. Actualmente hay 381 centros de evacuados que acogen a 20.949 familias. El gobierno filipino movilizó a más de 35.000 personas en las tareas de rescate, además de 1.351 vehículos, 118 barcos y 163 aviones para atender las necesidades y organizar la ayuda que sigue llegando. El dinero invertido en estas tareas asciende ya a 520 millones de dólares, de los que alrededor de 82 millones han llegado de fuera. Se ha creado una página web que refleja una gestión transparente de la ayuda internacional: www.gov.ph/faith Los medios de comunicación, incluidas la BBC y la CNN, criticaron mucho al presidente Aquino por la inicial desorganización en las operaciones de rescate. Puede que esto fuera necesario para que reaccionase y organizase su gabinete tras varios días de incertidumbre. Ciertamente el papel de los medios de comunicación, tanto a nivel nacional como internacional, ha sido crucial para saber qué estaba sucediendo en las zonas afectadas. Con todo, el presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas, Mons. Sócrates B. Villegas, tuvo que hacer un llamamiento al sentido común para que unos y otros dejasen de señalarse con el dedo: «Ahora es el momento de la caridad, una caridad urgente. Es el momento de juntar nuestras pequeñas velas para poder luchar contra la oscuridad. Es el momento de difundir inspiración, de trabajar más y tener esperanza». Parece que su mensaje fue escuchado, pues los comentarios contra el gobierno en las redes sociales comenzaron a moderarse. El gobierno filipino y la comunidad internacional hacen lo posible para ayudar a los damnificados. El ejército y la policía filipinos trabajan en la región y el rápido despliegue de vehículos de emergencia está funcionando y permite llegar a los puntos más distantes y aislados. Naciones Unidas, Estados Unidos, Europa, Australia, Oriente Medio y también China han enviado personal para ayudar en tareas humanitarias. Pero existen también pequeñas historias que merecen la pena ser contadas cuyos héroes son los supervivientes mismos de la catástrofe. Tal es el caso de Greg Suárez, un médico que escribió lo siguiente: «A pesar de las malas noticias, todos los días hay una razón para recuperar la esperanza». Todo un mensaje de normalidad para la gente, que poco a poco va recuperando su vida. O si no, el caso de Ángel, un estudiante que propuso a sus maestros y compañeros que renunciaran a algo en favor de las víctimas del tifón y en un solo día recogió abundante material y unos 20.000 pesos (alrededor de 400 euros), cantidad muy considerable en Filipinas, donde el salario mínimo anual es poco más de 1.500 euros. Edward recuerda con precisión los minutos previos al paso del tifón, cuando estaba viendo la televisión con su familia. De repente se fue la luz y entró una fuerte ráfaga de viento. Salieron a la calle, sin apenas visibilidad porque se había formado neblina, y notaron que subía el nivel del agua; así que decidieron irse de la ciudad. Horas más tarde la ciudad quedó arrasada. Edward se ha quedado sin casa y sin la pequeña imprenta que montó hace dos años con unos socios. Ahora su futuro pasa por encontrar trabajo en cualquier lugar de Filipinas para mantener a su familia. Incluso se plantea marcharse al extranjero. A pesar de todo, Edward es capaz de sonreír mientras recuerda lo sucedido. Está convencido de que hay que vivir por los demás incluso en las peores circunstancias, como cuando los vecinos iban a pedirle agua, pues los depósitos de su casa se habían salvado: «Cuando das agua –dice–, también das tu tiempo para estar con ellos y te sientas a escucharles. Además de las cosas materiales, la gente también necesita que la escuchen». Pequeños gestos de donación que se producen in situ, pero que llegan también desde lejos, como es el caso de Xavier Lukas, un diseñador gráfico de Yogyakarta (Indonesia), donde en 2006 hubo un terremoto en el que fallecieron unas tres mil personas. Xavier cuenta que al ver que sus amigos lo pedían por Facebook, cada noche rezaba por las víctimas, pero quería hacer algo más, y se le ocurrió un original diseño del arco iris para estampar en camisetas que al principio vendió a sus amigos y luego al público en general. Lo recaudado, lo envió a Filipinas. No obstante la catastrófica destrucción, un arco iris está saliendo en el cielo de Filipinas. Al menos eso parece significar el optimismo del alcalde de Tacloban, Alfred Romualdez, cuando dijo en una entrevista en la televisión nacional: «Lo peor ha pasado. Hemos sobrevivido al tifón más poderoso que haya golpeado al mundo. Tenemos que salir de este estado y seguir adelante». Gestos simples de solidaridad Acciones o simples gestos de solidaridad con los afectados por el tifón de Filipinas se han multiplicado por toda España desde el momento mismo en que se difundió la noticia. Aquí recogemos algunos, que no son los más relevantes, pero sí los protagonizados los lectores de Ciudad Nueva. Tal es el caso de ¡Un chocolate por Filipinas! «Al escuchar las noticias del devastador tifón de Filipinas y de sus catastróficas consecuencias –cuenta Enrique Pacheco, uno de los promotores de la acción–, nos preguntábamos qué podíamos hacer para ayudar. Entre nosotros hay varias familias numerosas con un volumen de gastos que, sin salirse de lo normal, es bastante intenso. Ayudar económicamente sería un grano de arena y organizar cualquier “extra” supondría un tiempo que no tenemos..., pero ¡juntos podemos!». Y así surgió la idea de ofrecer una taza de chocolate a la salida de misa pidiendo a cambio “la voluntad”. La iniciativa, que originalmente se llevó a cabo en Torrelodones (Madrid), emigró a otras parroquias de la ciudad y de Asturias. José Paris, el sacerdote que se llevó la idea del chocolate a Asturias, cuenta que «del ambiente que se iba creando después de las misas me llevo el convencimiento de que la generosidad abre el corazón a la Gracia de Dios. Con estas acciones se consigue ayudar al necesitado y evangelizar o crear comunión entre los donantes». Manuel Toribio García es cordobés, autor del libro Antonio Jaén Morente: el límite imposible, sobre un político e historiador cordobés que ejerció varios cargos en Sudamérica y Filipinas durante la República. Pues bien, Manuel, y así lo cuenta en su blog*, quiere destinar los beneficios de la venta de su libro a los damnificados por el tifón a través de la Fundación Igino Giordani (FIG). Grupos de amigos de San Sebastián y Bilbao organizaron degustaciones de dulces y lo recaudado lo han canalizado también a través de la FIG. Se están organizando mercadillos solidarios en varias partes de España también con este fin. Cierto que los gestos muchas veces son anónimos y pasan desapercibidos, como los de aquellas personas que calladamente han decidido renunciar a su regalo de reyes o a sus vacaciones para donarlo. La ONGD Acciones de Familias Nuevas y la Fundación Igino Giordani nos comunican que hasta el momento de cerrar estas páginas habían recibido 11.139,18 y 22.621 euros respectivamente, fruto de donaciones espontáneas o de acciones realizadas por grupos de familias. Javier Rubio *http://gyrobagus.blogspot.com.es/2013/11/philippines.html Puede enviar su ayuda a través de: Fundación Igino Giordani (info@fundaciongiordani.org): Caixabank – 2100 5615 79 0200056937 Acciones de Familias Nuevas (secretaria@familiasnuevas.org) ING – 1465 0100 92 1900034148 Caixabank – 2100 1748 94 0200131988 Bankia – 2038 2293 79 6000349954 (o donativos ONG) Indicar en el concepto: Emergencia Filipinas Donaciones deducibles en la declaración de la renta, o de sociedades. Solicite el correspondiente certificado a los correos electrónicos indicados.


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