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Palabra y vida
Noviembre - 2013


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Mirad cómo se aman…

Vicente Correa


Testimonio de dos sacerdotes, sucesivamente párrocos de la parroquia de la Virgen de las Angustias de Granada.

La granadina basílica de la Virgen de las Angustias tiene solera. Ha celebrado ya su cuarto centenario y en ella fueron bautizados personajes de la talla de Ángel Ganivet y san Juan de Alcober. Tiene historia, y la historia es el pedestal sobre el que se apoya el tiempo presente. Don Carlos Torres, que actualmente vive en una residencia de mayores, regentó esta parroquia durante veinticinco años y aún conserva el nombramiento de co-párroco. Natural de Pórtugos, en la comarca de La Alpujarra, fue ordenado en 1952, en aquel Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona en que se ordenaron más de 800 sacerdotes. Tras varios años recorriendo la Alpujarra, en 1972 recaló en Las Angustias. De aquel período recuerda: «Nos encontrábamos en la parroquia un grupo de sacerdotes que intentábamos vivir la Palabra de vida. La leíamos juntos, tratábamos de vivirla durante el mes y luego nos contábamos nuestras experiencias. Semanalmente teníamos encuentros con los seglares y tratábamos de ser aquella Palabra antes de leerla. Las personas eran sensibles al mensaje del Evangelio y lo intentaban vivir». En la conversación con don Carlos van aflorando recuerdos que muestran los frutos de aquella intensa vida. Rememora, por ejemplo, aquella casa de Calahonda «que hicimos para el colegio parroquial. Allí llevábamos a los chicos de colonias en verano. Siempre había gente voluntaria para ayudar. Mari Carmen Vilches lo coordinaba todo, y también me ayudó mucho a organizar las primeras comuniones. Trabajaba en el colegio parroquial y en clase ponía todos los días una Palabra de vida e invitaba a los niños a vivirla». A propósito del colegio parroquial, que también fue inaugurado en aquella época, «lo construimos encima de la antigua escuela unitaria, junto a la casa del maestro y otras dependencias de la parroquia. Son obras de las que muchas personas se han beneficiado». «Seguramente –añade– aquella intensidad de vida produjo lo que actualmente podemos apreciar». Y cómo no recordar la visita de Juan Pablo II, en 1982, que por supuesto rindió homenaje a la Virgen de las Angustias. Frutos de comunión y de compromiso es lo que el Papa deseó a todos, y bien se puede decir que en esta parroquia se ven. A don Carlos le sucedió en el cargo don Francisco Molina. Ya han pasado dieciséis años desde entonces. «Soy el párroco, sí, pero también es verdad que soy responsable de un equipo sacerdotal y juntos tratamos de llevar la parroquia adelante. Tratamos de trabajar siempre en unidad». La conversación con don Francisco se centra rápidamente en el presente, en el Año de la Fe que concluye este mes. ¿Cómo vencer la fragilidad de la fe? «Por la basílica pasa mucha gente, también de los pueblos de Granada y de fuera. Tratamos de que haya una buena acogida. Unos buscan sacramentos, otros celebraciones… Queremos que se sientan en casa de la Madre. Vienen también personas de paso que buscan un sacerdote para hablar, consultarse. En la vida parroquial hay muchos grupos y este año nos hemos propuesto vivir en profundidad el Año de la Fe con todos. Hemos intentado ser lo que decimos. Todo esto es fruto de la vida de la Palabra, como dice don Carlos, y se ha desarrollado tanto que muchas veces nos desborda». Comunicar la fe de manera eficaz hoy es un reto, si bien es cierto que siempre ha sido ésa la función de las parroquias. ¿Cómo lo hacen aquí? «Procuramos que realmente se cree un ambiente de profunda unidad en todos los grupos y entre ellos. Primero en el Consejo Parroquial, donde están representados todos los grupos parroquiales. Luego hacemos una convivencia de grupos una vez al año para profundizar en los diferentes aspectos de la fe». 2013 ha sido un año especial porque en septiembre se conmemoró el centenario de la coronación canónica de la Virgen de las Angustias, patrona de la diócesis. «En todos los grupos –dice don Francisco– hemos estudiado la encíclica Porta Fidei. Además, han pasado 80 peregrinaciones oficiales (parroquias, hermandades, colegios…) y de toda España. Nuestra gente atiende y acompaña a estos peregrinos de forma que sea para todos una experiencia de fe y experiencia mariana. Todas las conferencias que se han dado este año han sido en este sentido: no hacer turismo religioso, sino una verdadera experiencia mariana. Y todo gira en torno a la Palabra». Otro aspecto importante son los pobres. «La hermandad ha recogido alimentos tres veces en el año y se llega a 450 familias necesitadas con alimentos para quince días. Además colaboramos con Cáritas y con los Servicios Sociales del Ayuntamiento». También cuenta la parroquia con un programa de ayuda a las personas que necesitan una vivienda, y no falta una pastoral de la salud para acompañar a los enfermos. El testimonio es sin duda la apuesta fuerte de esta parroquia. El objetivo, se puede decir, es «construir la unidad dentro de cada grupo de manera que puedan decir de nosotros: “Mirad cómo se aman; los unos por los otros están dispuestos a dar la vida”. Si se consigue esto, hemos alcanzado nuestro objetivo: que nos conozcan no por las palabras, no por las actividades, sino porque somos un testimonio de unidad». Corazón que late Me acerqué a Las Angustias atraído por la vida que había, y enseguida me sentí como en casa, en familia. Las propuestas semanales (después supe que era la Palabra de vida) hacían fácil vivir el Evangelio en la vida concreta de la parroquia, participando de la liturgia, en la limpieza del templo, en las excursiones... Todo era una competición para ver quién amaba más, y lo mejor, también sentíamos que Dios nos amaba de manera concreta a través de tantos y tantos actos de amor hacia nosotros. Después de 35 años, todo lo experimentado junto a aquella bella familia sigue teniendo total vigencia. Aunque a lo largo de estos años se han presentados distintas situaciones, siempre han estado iluminadas por aquellas semillas que se plantaron, personas que me han marcado en la vida, y personas con las que seguir un camino de santidad. Quizás una de las realidades que más me han marcado y me siguen marcando es ver a todas las personas que me rodean como candidatas a la unidad, a la fraternidad universal, a sentirnos hermanos y hermanas, hijos de un mismo Padre. Hoy, aquella experiencia de parroquia hace que vea a la Iglesia como ese corazón que late y que da vida a los que a ella se acercan, como una madre que acoge a cada hijo, a cada realidad eclesial; que en ella, la diversidad es camino de unidad, y que lo que me distingue del otro me enriquece. Que es posible «que todos sean uno, para que el mundo crea». Francisco Huertas


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