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Julio - 2013


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Sociedad y democracia

Javier Rubio


¿Están los ciudadanos integrados en el actual sistema democrático? De ello nos habla Àngel Miret.

Hablamos de democracia y del desempeño de su trabajo desde la fraternidad con Ángel Miret, actual gerente del Área de Calidad de Vida, Igualdad y Deportes del Ayuntamiento de Barcelona. –¿Estamos realmente en un sistema democrático? –No me resulta fácil encajar la pregunta. Sociedad y democracia son dos conceptos con los que a veces jugamos de una forma ligera. También me podrías preguntar: ¿qué papel juega la sociedad en la democracia?, ¿es sólo una democracia formal la que tenemos? La democracia es un sistema de realización política, dicen que el menos malo. Es el gobierno del pueblo para el pueblo, pero ¿está gobernando el pueblo en este momento?, ¿son las personas quienes gobiernan nuestras ciudades? Creo que es difícil hoy en día defender este punto de vista. –¿Estás diciendo que nos hemos cargado la democracia? –La primera cuestión al hablar de sociedad y democracia es si el conjunto de ciudadanos está vinculado a través de un sistema político verdaderamente representativo. Creo que algunas cosas deben modificarse con urgencia para que podamos hablar verdaderamente de un sistema democrático. Al menos lo que quiero exigirme a mí mismo es un cambio de modelo. –Perdona, pero me ha sonado un poco ingenuo… –Como quieras, pero estamos sumergidos en un modelo donde el trabajo se ha convertido en un instrumento del poder, de manera que el puesto de trabajo de miles de personas, su dignidad y la vinculación con sus familias y con el resto de la sociedad depende de la especulación financiera. Éstas son las reglas en un sistema capitalista como el que tenemos, pero creo que debemos perseguir otro modelo. Puede parecer ingenuo, pero ha habido modelos mucho más consolidados que el que tenemos hoy y que afortunadamente pasaron a la historia, como el modelo esclavista del Imperio Romano, por ejemplo, una fórmula que duró más de mil años. –¿En qué criterios debería basarse ese modelo posible? –Un sistema en el que la persona sea el centro de la economía, el centro de la responsabilidad y tenga el espacio que le corresponde en su ciclo vital en esta tierra… Fíjate en la paradoja de los desahucios: los bancos expulsan a los que no pueden pagar la hipoteca y cierran sus casas, que no interesa vender porque tienen contabilizado su valor de tasación. Y como el mercado ha sufrido variaciones de hasta el 40% a la baja, si las vendieran, obtendrían cierta liquidez pero eso descuadraría sus balances. Y así tenemos entidades bancarias intervenidas por el FROB (instrumento del Banco de España para gestionar la crisis bancaria con dinero público) que echa a la gente de su vivienda. Y ahí está la paradoja: los contribuyentes expulsamos a la gente de su vivienda a través del FROB y de las Cajas intervenidas, y luego tenemos que ocuparnos de esa gente a través de los servicios sociales. –Bueno, además de paradójico me parece inmoral… –Más que inmoral, yo diría amoral. Se ha instaurado en una buena parte de la sociedad ese principio de la amoralidad del que hablaban Steiner y Nietzsche, pretendiendo excluir de la conducta humana cualquier consideración sobre el bien y el mal. Y esto es lo que estamos viendo hoy, desde el momento en que la economía vulnera los principios básicos de convivencia que deben existir en cualquier comunidad. De todas formas, no todo es culpa de los políticos. Hemos tenido una sociedad muy cómoda, satisfecha de pensar que cada día éramos más ricos, que nuestra vivienda valía cada vez más, que cambiábamos de coche cada dos años, que teníamos un apartamento en la costa y viajábamos a paraísos artificiales en lugar de ir al pueblo. Quiero decir que no sólo se requiere regenerar la política, sino también la sociedad con algo que podríamos denominar principio de corresponsabilidad: cada cual debe saber que es responsable de los cambios que conllevan sus actos. La responsabilidad constituye un instrumento fundamental. –Hablemos ahora de tu actividad concreta como gerente del Área de Calidad de Vida, Igualdad y Deportes. –Se trata en definitiva de la gestión de los servicios sociales del Ayuntamiento de Barcelona. Estamos hablando de unos 1.500 empleados públicos, además de los empleados concertados… Desde una perspectiva fraternal y de diálogo, para enfocar la política de forma distinta, cuando obtuvimos la alcaldía en mayo de 2011, optamos por no cesar a ningún funcionario, aunque podíamos hacerlo. Esto generó una enorme sorpresa, hasta el punto de que algunos periódicos siguen permanentemente nuestra área y destacan que mis colaboradores inmediatos son de otros partidos. He de reconocer que es más fácil llegar a entenderse cuando se detectan situaciones difíciles en la ciudad o cuando hablamos de que todas las personas necesitan una alimentación correcta y una vivienda que cuando se trata de estrategias policiales, estrategias con la prostitución o de ciertos temas de tipo cultural o lingüístico. Lo cierto es que nos hacen pocas críticas. –Háblame del Plan de Inclusión Social de Barcelona. –Bueno, Barcelona, como casi todas las ciudades, tiene gravísimos problemas, con una altísima tasa de paro y miles de familias sin ningún tipo de renta, de modo que ha aumentado mucho la demanda de los servicios sociales. Así que pusimos en marcha un debate con todo el tejido asociativo de la ciudad en el que han participado casi 500 entidades del tercer sector: partidos políticos, sindicatos, colegios profesionales… La finalidad era ver qué prioridades debería tener el Ayuntamiento para destinarles sus recursos. La novedad más significativa de este proceso, aparte del enorme trabajo previo, es que su desarrollo no corre a cargo sólo del Ayuntamiento, sino también de las entidades cívicas. Es un plan de la ciudad, no del Ayuntamiento. Nos hemos puesto todos a trabajar. –¿Con qué objetivo? –Definir un nuevo modelo contra la exclusión social basado en una estrategia compartida con la sociedad civil para reducir las desigualdades y activar la ciudadanía. Viene a ser una «hoja de ruta de ciudad, integral y transversal» con el fin de garantizar la calidad de vida de las personas en unos momentos especialmente difíciles. Detrás del plan hay un «Acuerdo ciudadano por una Barcelona inclusiva», en el que participan las distintas asociaciones, para poder establecer unos objetivos y unos programas que articulen los recursos públicos y de iniciativa social, y voluntarios para dar una respuesta más amplia y eficaz a las necesidades sociales de la ciudadanía. El plan se ha marcado 88 objetivos y 192 actuaciones, implicando a toda la administración municipal, a otras administraciones y al tejido asociativo de la ciudad. Para más información sobre el plan de inclusión de Barcelona: http://www.bcn.cat/barcelonainclusiva/es/inclusiosocial.html


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