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Marzo - 2008


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Los picassos de Picasso

Clara Arahuetes


Exposición Una vez más Picasso protagoniza la vida cultural española, en esta ocasión con una gran exposición que reúne más de cuatrocientas obras en el Museo Reina Sofía hasta el 5 de mayo.

Las obras proceden del Museo Picasso de París y formaron parte de la colección personal del artista; el pintor nunca quiso desprenderse de ellas. Pinturas, esculturas, cerámicas, dibujos, grabados, cuadernos de apuntes y fotografías se exhiben en cuatro grandes salas siguiendo un orden cronológico. En la primera vemos pinturas de 1895 a 1924: primeros retratos, el Protocubismo, el Cubismo y el Neoclasicismo. En la segunda, de 1924 a 1935: Surrealismo. En las salas de la Colección Permanente del Museo, de 1933 a 1951: creaciones relacionadas con el Guernica. Y el último espacio, de 1947 a 1972: su última época. El Museo Picasso de París fue inaugurado en 1985 y está situado en la antigua casa de Pierre Aubert, construida en 1656. La Ley Malraux, de 1968, permitía pagar los derechos de sucesión al Estado con obras de arte, de modo que, para pagar sus deudas fiscales, los herederos del pintor cedieron en 1979 un gran número de obras. El Estado eligió 3.500 pinturas y esculturas de las 70.000 que el artista conservaba en diferentes talleres. A ellas se añadió la colección personal de Picasso, con un centenar de obras de maestros antiguos y modernos, que muestran su admiración por los grandes artistas, así como sus relaciones de amistad y trabajo. En 1990, tras la muerte de Jacqueline Roque, su última mujer, se produce otra donación con trabajos de los años 60. Además en 1992 los herederos cedieron los archivos personales de Picasso, unos 200.000 documentos y fotografías. Hoy el Museo cuenta con cinco mil obras maestras del pintor. Picasso conservó estas obras que resumen su vida artística y muestran la evolución de su pensamiento a lo largo de distintos periodos. Se trata pues de un recorrido inédito por el proceso de creación del malagueño. Desde sus primeras pinturas de 1895, con tan solo catorce años, hasta unos meses antes de su muerte en el verano de 1972. Comprender la diversidad de la obra de Picasso no es fácil, pero siempre es sorprendente comprobar el resultado. “A los doce años dibujaba como Rafael”, según su padre; es decir, era un dibujante poco corriente, y así lo comprobamos en El hombre de la gorra, y La muchacha de los pies descalzos (1895). En los inicios del siglo XX, Picasso trabaja entre Barcelona y París. En esa época se suicida por amor su amigo Carlos Casagemas, y el hecho le provocó tal impacto que repercute en las creaciones de este periodo. Hizo varias composiciones sobre este suceso, como La muerte de Casagemas (1901), una obra clave que será determinante en las creaciones posteriores. Años más tarde Picasso declaró al crítico Pierre Daix que pensando en su amigo fue como empezó a “pintar en azul”, periodo que se prolonga hasta 1904. En Barcelona, contemplando las clases marginadas, su paleta se tiñe de azul, utiliza una gama cromática fría y las figuras abatidas se alargan a la manera de El Greco, recortándose sobre fondos neutros, resaltando así el dramatismo. En Autorretrato (1901) el color evoca un periodo austero y triste en el que Picasso se repliega sobre sí mismo. A partir de 1904 se abren nuevos caminos para el pintor, influido por la pintura de Ingres y por la escultura ibérica. La paleta se aclara poco a poco, sobre todo a partir del verano de 1906, y su estancia en Gosol le hace descubrir las imágenes del románico, la serenidad del paisaje y la particular arquitectura de Gosol: pequeñas viviendas de acusada geometría y casi sin ventanas que fueron decisivas para la iconografía cubista. De regreso a París se interesa por la escultura ibérica, el arte africano y todas las formas de arcaísmo, que lo conducen a la simplificación de la forma y a la monumentalidad. Como vemos en Autorretrato (1906), las formas parecen surgir del lienzo a golpe de cincel. Progresivamente el artista elabora un nuevo lenguaje que culminará en Las señoritas de Aviñón. Según Picasso, la fuente que inspiró esta obra no fue el arte negro africano, sino las tallas ibéricas del Louvre, que lo ayudaron a romper con los convencionalismos artísticos. Descubrimos la influencia de Cézanne en Bodegón con vaso y tela verde y en Paisaje con dos figuras, mientras que al contacto con Braque la paleta se reduce a los tonos grises, marrones y negros y el pintor se concentra en redefinir la realidad, fragmentándola en planos en el espacio. Así sucede en Vaso, manzana, libros y en Hombre con mandolina. El cubismo señala la autonomía del hecho pictórico: “El único objetivo del cubismo era la pintura por la pintura”, decía. La introducción de materiales en el cuadro (papeles, trozos de tela encerada, letras o palabras) le sirve para enlazar con la realidad, reforzando el carácter plástico de la obra, como sucede en Guitarra. Entre 1917 y 1924 el estilo del pintor fluctúa entre el cubismo y la figuración clásica, como sucede en Retrato de Olga en un sillón, de composición exquisita, en el que contrasta el fondo neutro con la minuciosa descripción del estampado de flores. Lo mismo ocurre en Paul vestido de Arlequín (1924). El pintor entra en una fase neoclásica con representaciones monumentales de mujeres de plasticidad escultórica, con posturas clásicas y gestos contenidos: Tres mujeres en la fuente, Bañista con balón, Figuras a orillas del mar. Durante la guerra permanece en París y, aunque sus pinturas no parecen reflejar esta situación, su paleta se vuelve más oscura y sus retratos y bodegones traslucen inquietud: La mujer que llora (1937). Ese mismo año realiza unos de los símbolos del siglo XX en contra de la guerra, El Guernica. podemos seguir paso a paso el proceso de creación a través de los dibujos y pinturas preparatorios. La admiración de Picasso por los grandes maestros y su deseo de medirse con ellos, lo lleva entre 1953 y 1973 a hacer una serie de variaciones sobre obras de Velázquez, Delacroix, Poussin y Manet. Con la serie de los talleres (El taller La Californie) inicia un diálogo con Matisse. Y también lo hace con Las Meninas de Velázquez, entre agosto y septiembre de 1957. Más tarde, en 1960, se confronta con Manet, con variaciones sobre Le déjeuner sur l’herbe. También podemos contemplar las esculturas y cerámicas de Picasso. El artista experimentó con todos los medios a su alcance: arcilla, yeso, madera, bronce, y también cartón, cordel, chapa, objetos de desecho..., al igual que con todas las técnicas: ensamblaje, molde o recorte, sucediéndose o alternándose con el modelado y la talla directa.


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